August había decidido que ese día Julia trabajara part time y que al otro día no tendría que ir, ya que salir a mitad de semana con su hermana no era parte de su contrato.
Julia intentó disuadirlo pero la respuesta fue exactamente la misma por lo que resignada, al llegar la hora de irse, uno de los choferes de la empresa la llevó a la casa de los padres de August donde Eliza ya hacía horas, estaba esperándola nerviosa.
-Julia, ¿qué te parece este vestido?- gritó desde arriba de la escalera mostrándole un vestido en una percha.
-Es muy lindo, ya subo- dijo ella que llevaba su cambio de ropa en una bolsa.
-¿Qué te vas a poner tu?- preguntó curiosa.
-Este vestido negro- dijo Julia sacando de la bolsa un vestido negro largo, para nada revelador.
-¡Pero Julia!, eso es... como para ir a una cita en un geriátrico.
Julia se quedó boquiabierta sin saber qué decir, miró el vestido como intentando buscar una explicación. Era un vestido sobrio, elegante y… aburrido.
-¡Eso algo que se pondría mi bisabuela si estuviera viva! Tienes que usar uno de los míos- insistió Eliza sonriente.
Pronto Eliza la arrastró a su vestidor y comenzó a sacar vestidos al azar. El vestidor ocupaba casi el mismo espacio que el apartamento entero de Julia.
Una hilera interminable de vestidos colgaba ordenada por colores y temporadas, mientras estanterías iluminadas exhibían decenas de pares de zapatos perfectamente alineados. Carteras de diseñador descansaban dentro de vitrinas de cristal y, en el centro, una enorme isla de mármol estaba cubierta de perfumes, joyeros y cajas de terciopelo.
A pesar de aquel lujo descomunal, había algo profundamente triste en el lugar.
Muchas prendas conservaban aún sus etiquetas y otras seguían protegidas por fundas transparentes, como si llevaran años esperando una ocasión que nunca había llegado.
-¡Cielos un Valentino!- dijo admirando uno de los vestidos.
-¿Te gusta? Pruébatelo pero es de la colección 2024 y es muy formal, iremos a un karaoke.
-Tienes razón, además yo traje mi vestido y…
-No insistas en ponerte eso!
-Pero no traje otra cosa.
-Ya te dije que te pongas uno de los míos… este por ejemplo- dijo dándole un vestido corto que Julia se quedó mirando por unos segundos.
Julia no dijo nada pero su cara de duda lo decía todo, sin embargo, Eliza prácticamente la obligó a ponérselo llevándose el vestido de Julia.
-Date prisa que los estilistas vendrán en breve.
-¿Estilistas?
-Sí, maquilladores, peluqueros, asesores de imágen, ya sabes.
-Guau- exclamó Julia ajustándose el vestido.
Había terminado de acomodarse el vestido frente al espejo de cuerpo entero, y durante unos segundos apenas se reconoció.
Hacía años que no se arreglaba para salir con alguien que no fuera Peter, y verse nuevamente con un vestido revelador pero elegante, le produjo una extraña mezcla de nostalgia y culpa.
-Te queda divino, parece haber sido diseñado para ti.
-Yo no sé… es muy corto y…
-Aquí en Corea todas usamos vestido corto, además no es que vas a estar plantando arroz, vamos a ir a divertirnos… bueno al menos eso es lo que me digo para tratar de tranquilizarme.
-¡Claro que iremos a divertirnos! Solo concéntrate en la preparación, puedo tomarte unas fotos si quieres.
Apenas terminó de hablar, se escuchó un golpe en la puerta y minutos después, tres personas entraron al vestidor cargando maletines negros y percheros con fundas de tela.
Una maquilladora comenzó a preparar sus brochas sobre una mesa auxiliar mientras un estilista conectaba secadores y planchas de cabello.
Otro de los estilistas revisó rápidamente los vestidos, los zapatos y los accesorios con la naturalidad de quien llevaba años trabajando para la industria de la moda.
Luego de una intensa sesión de peluquería, maquillaje y fotos improvisadas, August entró al cuarto de su hermana solo para encontrarse con que la Julia del trabajo a quien creía conocer, parecía una persona completamente diferente.
-¡Jongin! ¿Dónde están tus modales? por qué no golpeas?- gritó Eliza arrojándole una almohada que lo golpeó de lleno.
Julia intentó no reír pero le resultó imposible al ver la cara de sorpresa de August que acababa de dejar caer las flores que llevaba. Pero antes de que pudiera decir algo, su hermana volvió a gritarle corriéndolo de la habitación.
-Mira trajo flores. Un ramo para ti y otro para mi- dijo Eliza señalando las flores que habían caído al suelo.
Julia recogió los ramos, y le dijo que la esperaría afuera, para que cuando llegara su cita , Eliza pudiera hacer su aparición triunfal.
Mientras bajaba las escaleras, vio que abajo estaba August que le hizo una reverencia y tomó su mano para ayudarla a bajar el último escalón.
-Buenas noches Julia- dijo él.
-Buenas noches.
-Luces diferente.
-Traje un vestido pero aparentemente no es adecuado para la vida nocturna de Corea.
-Mi hermana la experta en vida nocturna...- dijo él mirándola a los ojos.
-Y una decena de estilistas- dijo Julia sonriendo.
-Tengo que admitir que hicieron un buen trabajo, pareces una modelo con las que solía grabar videos musicales.
-Si algún día dejo el mundo corporativo... ya sé a qué puedo dedicarme.
-Si algún día dejas el mundo corporativo, espero que sea por haber encontrado algo que te haga verdaderamente feliz.
-¿Las modelos y cantantes no son felices?
August la miró durante unos segundos y comenzó a reír
-¿Te parezco un hombre feliz?
-No lo es, es un amargado, por eso te ruego que esta noche no permitas que espante al novio de Eliza.- dijo la madre de August saludando a Julia con un abrazo.
-¿Novio? A mi nadie me habló de novios- dijo él cruzándose de brazos.
-¿Ves? Insoportable.- dijo la madre de August.
-Haré lo mejor que pueda para que no lo espante, parece un buen muchacho- le susurró Julia a la señora Min.