El apartamento de Julia no era para nada similar a lo que August estaba acostumbrado, pero era tal y como lo imaginaba: Un lugar acogedor, lleno de flores frescas, ventanas con cortinas plantas y un sillón que parecía lo suficientemente cómodo como para dormir una siesta.
-Este lugar es…
-Como la casa de una abuela- dijo Julia sin dejarlo finalizar.
-Iba a decir agradable.
-Pensé que los palacetes mármol eran más de tu gusto, iré a preparar el té, ponte cómodo- dijo ella.
Tengo que mantener una cierta imágen, pero bien podría vivir en un lugar como este- exclamó August probando el sillón al que le había echado el ojo desde que habían entrado.
Cuando Julia regresó con las tazas de té, August se había acomodado tanto en el sillón, que había terminado por dormirse.
Julia sonrío, le trajo una manta, y luego de cubrirlo se fue a dormir también. Sólo se despertó cuando escuchó el celular de August sonar un par de horas después.
Al ir a ver, lo encontró fregándose los ojos desorientado, hasta que al verla, se puso de pie y le hizo una pequeña reverencia.
-Lo lamento mucho, yo..
-No se disculpe, usted me llevó a su casa cuando esas locas me atacaron , y no solo eso, me trató como a una reina.
-Tú- dijo él.
-¿Cómo?
-Que me trates de tu- dijo intentando no bostezar.
-De acuerdo, entonces, ¿te gustaría desayunar?
-Yo… de acuerdo- dijo él doblando cuidadosamente la manta que ella le había puesto.
Julia preparó un desayuno digno de un emperador, y esta vez August no pudo ocultar la sonrisa que acababa de formarse en su rostro.
Mientras ella cocinaba, él inspeccionaba silenciosamente el lugar. De día era luminoso y de alguna manera el pequeño apartamento parecía más grande de lo que realmente era.
August no sabía que era lo que estaba buscando, pero al no encontrar ninguna foto, supo que eso era exactamente lo que buscaba: a Peter, al hombre que ya no estaba vivo pero que de alguna manera, seguía compitiendo por el amor de Julia.
August dio un largo suspiro hasta que vio a Julia llegar con una bandeja de tostadas que puso sobre la mesa del comedor, y corrió a ayudarla.
Ella lo miró sorprendida al sentir el roce de sus manos con las suyas.
-No soy muy bueno cocinando pero puedo ayudar poniendo la mesa- dijo él acercándosele.
-G..gracias.
Él sonrío y luego de que habían empezado a desayunar y de hablar de la salida del día anterior, August encontró el coraje suficiente como para preguntarle por el anillo.
Sabía que desde que se lo había devuelto ella no había vuelto a usarlo, pero no sabiendo cómo preguntar, esperó como de costumbre, hasta que el momento fuera el adecuado.
-Espero no te tomes a mal lo que voy a preguntarte pero… ¿te quitaste el anillo por miedo a que nos encontrásemos con más sasaengs o… por algo más?
-Yo… dijo Julia llevándose la mano instintivamente al cuello sin saber qué responder.
-No debí preguntarte eso.
-No, está bien, es que yo… no pude volver a ponérmelo- dijo luego de una pausa.
-Ah, ¿por miedo a otro robo?
-No, yo…
-Esta bien, no tienes que explicármelo- dijo él sirviéndole más café.
- Es que ni yo lo sé.- dijo suspirando.
-¿Pero al menos te divertiste anoche?- preguntó él cambiando de tema.
-No todos los días se puede decir que una tiene la oportunidad de cantar junto a una celebridad del kpop.
-No todos los días uno tiene la oportunidad de cantar junto a una mujer tan bella e inteligente.
Ella bajó la vista intentando esconder el rubor, pero terminó sonriendo.
Luego suvemente levantó la cabeza. Sus ojos se encontraron y, por primera vez desde que se conocían, ninguno de los dos apartó la mirada.
El silencio dejó de resultar incómodo. Afuera la ciudad seguía despertando, pero dentro del pequeño apartamento solo importaban ellos.
August levantó una mano y apartó con delicadeza un mechón de cabello que había caído sobre su rostro.
-Julia yo...
Lentamente, él terminó de acortar la distancia y rozó sus labios con los de ella en un beso apenas perceptible, tan suave que parecía una pregunta más que una afirmación.
Cuando Julia respondió al beso, él la rodeó con los brazos y la atrajo con infinita delicadeza, besándola ahora con la seguridad de quien por fin ha encontrado aquello que llevaba demasiado tiempo buscando.
-Tu...¿volviste a besarme?- dijo Julia.
-Tú no te quedaste atrás- dijo él sonriendo.
Ella bajó la mirada, se pasó la mano por el cabello y comenzó a jugar con él.
-Yo creí que…
-¿Qué?
-Será mejor que vayamos a la empresa…
-Julia.. mírame.
Julia volvió a levantar la vista lentamente.
-Por favor dime qué es lo que sucede.
-Es que... cuando me besaste por primera vez yo… creí que lo habías hecho porque estabas tratando de consolarme.
-Te besé porque me gustas.
Julia contuvo la respiración.
-Me gustaste desde mucho antes de aquella noche en casa de mis padres.
-¿En serio?- preguntó un tanto incrédula.
August sonrió apenas.
-Sí. Creo que me empezaste a gustar ese día que creí que te habías arrojado dentro de mi auto.
-El día que me corriste creyendo que yo era una sasaeng.
-Una muy hermosa… pero después de lo que viví con mi hermana yo no quise arriesgarme.
-Ahora lo entiendo, pero en ese momento creí que eras un pedante.
August comenzó a reír.
-Me lo han dicho alguna que otra vez
-No me extraña.
Él volvió a acercarse despacio y sostuvo el rostro de Julia entre sus manos con una ternura que contrastaba por completo con la imagen fría que mostraba frente al resto del mundo.
¿Y ahora qué crees? -preguntó en voz baja.
Julia lo miró directamente a los ojos.
-Ahora creo que eres el hombre más difícil de entender que he conocido.
August negó con una sonrisa.
-No soy tan complicado.