Sol, Luna y Sangre

Capítulo 6

La lluvia golpeaba los ventanales de la sala común de la Torre Oeste. Era una noche perfecta para no hacer nada.

El Escuadrón Desastre se había adueñado de los sofás más cercanos a la enorme chimenea de piedra.

Grom tallaba un pedazo de madera con una navaja pequeña, Jorel intentaba armar una torre de naipes flotante, y Kaida estaba tirada en la alfombra, hipnotizada por el fuego.

Kiran, con el libro negro de Miranda bien escondido dentro de la mochila a sus pies, rompió el cómodo silencio.

—Oigan... Escuché que existen tres afinidades superiores. Una es la Solar, otra es la Lunar. ¿Cuál es la tercera? ¿Lo saben?

Kaida se incorporó sobre los codos, con la luz de las llamas reflejándose en sus pupilas.

—Afinidad de Sangre. A los profesores les da un infarto solo de escuchar esa palabra.

—¿Existe una afinidad de Sangre? Interesante. Pero ¿por qué dices que a los profesores les asusta tanto? —preguntó Kiran con genuina curiosidad—. Digo, sangre, agua... al final son líquidos, ¿no?

Grom dejó de tallar su madera. Jorel dejó caer sus naipes sobre la mesa.

—No es lo mismo, Kiran —dijo Jorel, bajando la voz por instinto—. El agua fluye. La sangre está viva. Controlar el agua es mover la corriente de un río. Controlar la sangre es... es meterte dentro del cuerpo de alguien y convertirlo en tu marioneta, o robarle la vida directamente. Es la violación más grande a la voluntad de una persona.

—Por eso está estrictamente prohibida —añadió Kaida, con un tono sombrío muy inusual en ella—. Hace treinta años no lo estaba. Pero luego aparecieron magos que no se conformaron con usarla para curar. Empezaron a utilizarla para drenar la vitalidad de otros y extender la suya. Para torturar. Para acumular poder.

—Vorath —gruñó Grom. Fue solo un nombre, pero sonó como una maldición.

Kiran sintió un escalofrío involuntario que no tenía nada que ver con la lluvia del exterior.

—¿Quién es Vorath?

Jorel suspiró y se acercó un poco más a la chimenea.

—Vorath el Sanguinario. Es la gran pesadilla, Kiran. Pero es muy real. Dicen que fue un estudiante brillante hace mucho tiempo, un afín a la Sangre. Pero perdió la razón buscando más poder.

—No perdió la razón —corrigió Kaida en voz baja—. Se corrompió. Las historias dicen que descubrió rituales para robar afinidades ajenas. Que puede secar a un hombre adulto en segundos, dejándolo como una pasa, solo con mirarlo. Dicen que no tiene sangre propia y por eso necesita robar la de los demás para mantenerse joven y fuerte. Es repugnante. Se rumora que tiene más de ochenta años, pero luce de treinta.

Kiran tragó saliva. La imagen mental era francamente perturbadora.

—¿De verdad la magia de Sangre puede hacer todo eso? Y... ¿ese tipo, Vorath, sigue vivo?

—Nadie lo sabe con seguridad —respondió Jorel—. Desapareció hace años, después de la Gran Purga. Algunos creen que murió, otros dicen que está escondido en las Tierras Sombrías, reuniendo fuerzas y esperando el momento exacto para volver. Por eso la Academia es una fortaleza. —Jorel señaló hacia los pasillos exteriores—. ¿Has visto la Sala de los Espejos en el Ala Norte?

—Sí, pasé por ahí ayer —respondió Kiran.

—Esos espejos son portales —explicó Jorel—. Podrías viajar de aquí a la otra punta del continente en un parpadeo. En teoría, Vorath o cualquier otro ser podría usar un espejo no regulado para meterse directo en nuestro comedor.

—¡¿Es en serio?! ¿Y nosotros estamos aquí sentados tan tranquilos?

—Tranquilo, Solecito —dijo Kaida, intentando aligerar la plática, aunque su sonrisa se notaba tensa—. Por eso están las Cadenas Rúnicas y los Wards, las barreras protectoras. Los espejos están bloqueados para cualquier entrada externa. Además, hay un escudo invisible alrededor de todo el campus. Nada entra ni sale sin pasar por la Puerta Principal, y ahí montan guardia los Gólems de piedra. Estamos a salvo. Aetheria es el lugar más seguro del mundo.

—Sí —concedió Grom, volviendo a raspar la madera con su navaja—. Mientras las barreras aguanten.

—Menos mal —dijo Kiran—. Porque no me gustaría toparme con ese tal Vorath en mi vida. Suena a que es un reverendo enfermo.

Kaida asintió.

—Lo es. Todos rezamos para que nunca regrese. Porque si Vorath vuelve... va a necesitar mucha sangre para recuperar el tiempo perdido.

El viento golpeó con fuerza los cristales, haciendo vibrar los marcos de madera. Kiran miró hacia la ventana; la oscuridad de la noche parecía profunda, viva y a la espera. Por primera vez desde que llegó a ese mundo, se alegró de estar rodeado de muros mágicos.

***

El Salón del Equinoccio estaba sumido en una penumbra artificial. Evelyn Thorne había manipulado los ventanales del techo abovedado para bloquear la luz del atardecer. La única iluminación provenía de tres esferas de cristal oscuro que flotaban alrededor de Kiran en un movimiento circular impredecible.

—El Sun Beam requiere precisión clínica —dijo Evelyn, caminando por la línea divisoria del mosaico en el suelo—. Pero en una emboscada, cuando tienes múltiples enemigos encima, la puntería es un lujo que no te puedes permitir. Necesitas espacio. Necesitas el . Solar Flare (Destello Solar).

Kiran no apartaba la vista de las esferas flotantes.

—¿Qué se supone que hace?

—Es disrupción táctica pura —explicó ella—. Liberas un estallido de luz blanca y omnidireccional. Ciega por completo a cualquier persona en un radio de diez metros durante varios segundos. Rompe formaciones, cancela ataques en curso y te da la ventana perfecta para escapar o contraatacar. Quiero que lo intentes. Expulsa la luz de tu centro hacia afuera, como una onda expansiva.

Kiran asintió. Se plantó firme, cerró los ojos e intentó forzar la energía hacia el exterior de su cuerpo. Apretó los puños, tensó todos los músculos de su abdomen y gruñó por el esfuerzo. Una luz dorada comenzó a brillar bajo su piel, pero apenas logró emitir un resplandor torpe que iluminó la sala por un segundo antes de apagarse.



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En el texto hay: mundoparalelo, gemelos, magia acción

Editado: 21.06.2026

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