Sol, Luna y Sangre

Capítulo 7

La campana de bronce de la torre principal resonó por todo el patio, marcando el inicio de la jornada.

Aetheria, bajo la luz de la mañana, parecía un lugar sacado de un cuento antiguo, pero para Kiran ya acostumbrado, era otra mañana completamente normal.

El aula de Historia Arcana era un anfiteatro de madera oscura y olor a tiza vieja. El profesor Johnson, un anciano delgado con voz rasposa y túnica gris, se paseaba frente al enorme pizarrón cubierto de fechas y diagramas económicos.

—Y así, tras la firma del Tratado de Comercio Arcano en el año 312 —explicaba Johnson, golpeando la pizarra con una vara de madera—, el Consejo estableció que el impuesto sobre la exportación de polvo de cuarzo elemental subiría un 3%. Una medida que, aunque impopular en los gremios mineros, estandarizó el precio de los cristales de canalización y la tinta rúnica en todo el continente...

Kiran, sentado en la tercera fila junto a Jorel y Kaida, intentaba con todas sus fuerzas mantener los ojos abiertos. Apoyaba la barbilla en la mano mientras dibujaba garabatos sin sentido en el margen de su pergamino.

—Profesor —levantó la mano una chica de la primera fila—. ¿Ese aumento a los impuestos afectó la producción de las túnicas aislantes para los afines al Fuego?

Johnson la miró por encima de sus gafas con una sonrisa de orgullo académico.

—Una excelente deducción, señorita Watson. Efectivamente, el costo de manufactura se elevó, lo que llevó a la gran huelga de sastres del año 315. Permítanme detallarles los 22 artículos de la resolución de esa huelga...

Kiran dejó caer la cabeza contra el pupitre con un golpe sordo. Kaida le dio un ligero codazo en las costillas para que se enderezara, aguantando la risa.

Fueron los 50 minutos más largos de su vida. Cuando la campana volvió a sonar, marcando el final de la clase, Kiran sintió que le habían devuelto el alma al cuerpo.

—Pueden retirarse —anunció Johnson—. Lean el capítulo 4, sobre las reformas de la agricultura mágica, para la siguiente clase.

Kiran guardó sus cosas rápidamente. Jorel se frotó los ojos y soltó un largo bostezo.

—¡Al fin! Pensé que el viejo Johnson iba a chupar mi vitalidad con su aburrimiento. Vamos, me muero de hambre.

El Comedor Estudiantil era un caos de voces, platos chocando y olores deliciosos. Ahí se extendían varias mesas largas de madera.

Kiran caminaba con su bandeja llena de carne asada y puré de papas, pero no podía ignorar lo que estaba pasando a su alrededor. Las conversaciones se apagaban a su paso. Estudiantes de grados superiores lo señalaban discretamente; otros simplemente se apartaban para dejarle el paso libre.

—Te lo juro, el suelo todavía parece cristal fundido —escuchó murmurar a un chico de afinidad de Agua mientras pasaba—. Pobre Valerius, casi lo vuelve polvo.

Kiran suspiró y se dejó caer en la mesa junto a Kaida, Grom y Jorel.

—Felicidades, amigo —dijo Kaida, sonriendo con diversión—. Eres oficialmente el bicho raro más popular de Aetheria.

—No quería ser popular —refunfuñó Kiran—. Solo quería que dejara de molestarme. Se estaba burlando de mí. Y ahora resulta que soy el "fenómeno destructivo" del campus.

—Oye, anímate —dijo Kaida—. A Altair le hacía falta una buena lección de humildad. Nos hiciste un favor a todos.

—Hablando del rey de Roma —susurró Jorel, señalando con la barbilla hacia la entrada.

Altair Valerius acababa de entrar al comedor, escoltado por sus habituales compañeros. Caminaba con la misma postura altiva de siempre, pero cuando su mirada se cruzó con la de Kiran desde el otro lado del salón, la atmósfera se tensó.

La mitad del comedor contuvo el aliento con curiosidad, esperando a ver qué iba a pasar.

Altair se detuvo. Sus secuaces lo imitaron. El chico de Aire miró a Kiran, luego bajó la vista hacia la bandeja de comida de su rival.

—Cuidado, Spencer —dijo Altair, proyectando la voz lo suficiente para que Kiran lo escuchara—. No vayas a derretir la mesa entera si descubres que tu sopa está fría.

Un par de risas resonaron en el comedor.

Kiran en lugar de ponerse a la defensiva, recordó la técnica de la Mente de Hielo que había practicado. Se obligó a relajar los hombros.

—Descuida, Valerius —respondió Kiran con voz calmada—. Para calentar mi sopa no necesito abrir cráteres.

Altair al ver que el "Chico Sol" no mordía el anzuelo, soltó un bufido despectivo y siguió caminando hacia la otra mesa del comedor.

Kaida soltó un silbido bajo. —Vaya. ¿Dónde quedó el Kiran que incendia cosas cuando se enoja?

—Sigue aquí —dijo Kiran, dando un mordisco a su carne—. Solo estoy aprendiendo a mantenerlo con correa. Además... no puedo pelear con él todos los días. Tengo que concentrarme en pasar los exámenes teóricos o el profesor Johnson me va a colgar.

Jorel se echó a reír, y por un momento, entre las bromas de sus amigos y la comida caliente, Kiran sintió que tal vez, no sería tan difícil sobrevivir su primer año en la academia.

***



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En el texto hay: mundoparalelo, gemelos, magia acción

Editado: 21.06.2026

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