Sol, Luna y Sangre

Capítulo 11

El reloj de la torre dio las doce campanadas.

La Biblioteca Central de Aetheria ahora estaba sumida en un silencio absoluto.

Kiran y Miranda estaban escondidos detrás de la estatua de mármol de un archimago olvidado, en el tercer piso. Habían esperado casi dos horas a que el bibliotecario —un anciano severo de cuatro brazos— terminara su ronda y apagara las luces flotantes.

—¿Estás segura de esto? —susurró Kiran.

—Cien por ciento —respondió Miranda—. Hice los cálculos espaciales. El Ala Este mide sesenta metros por fuera, pero por dentro, este pasillo solo tiene cuarenta. Hay veinte metros de edificio que sencillamente no existen. La magia puede doblar el espacio, pero no borrarlo.

—De acuerdo, ingeniera mágica. ¿Y dónde está la entrada?

—Sígueme. Y no hagas ruido. Si nos atrapan aquí a esta hora, nos metemos en problemas.

Se movieron como sombras. Miranda guiaba el camino con una seguridad pasmosa, esquivando instintivamente las baldosas de madera que crujían, como si tuviera un mapa mental del piso.

Llegaron al final de la sección de Historia Antigua, un callejón sin salida donde solo había una pared de piedra y un tapiz que ilustraba la fundación de la academia.

Miranda levantó el pesado tapiz. Detrás no había nada. Solo piedra lisa y fría.

—Aquí es —afirmó ella.

—Es una pared, Miranda. Una pared muy bonita, pero pared al fin y al cabo.

—Es una membrana —corrigió ella—. Los magos de Sangre originales no usaban cerraduras convencionales. Usaban su propia esencia. La sangre llama a la sangre.

Miranda se concentró en la yema de su dedo índice. A través de los poros de su piel, una gruesa gota de su propia sangre fue extraída mediante pura voluntad mágica, condensándose en una esfera escarlata y brillante que flotó sobre su uña. Con ella, dibujó un trazo rápido en la piedra fría: un ojo abierto dentro de un triángulo invertido.

Aperio Sanguinis —susurró.

La piedra no se movió. Simplemente... dejó de ser sólida. La pared se volvió translúcida, transformándose en una cortina de energía roja y espesa. Un olor intenso a hierro, papel viejo y flores secas golpeó a Kiran en la cara.

—Cuidado —dijo Kiran, sintiendo que los vellos de la nuca se le erizaban. Su afinidad Solar reaccionaba con agresiva incomodidad ante esa magia; sentía como si estuviera a punto de entrar a un congelador—. El aire se siente pesado.

—Este era el santuario de los afines a la Sangre. Cuando el Consejo Supremo vetó nuestro elemento hace 30 años, parece que los Maestros de aquel tiempo no querían que destruyeran su conocimiento. Ocultaron esta sección detrás de un sello biológico antes de irse —explicó Miranda, cruzando el umbral—. Vamos.

Kiran respiró hondo y la siguió a través de la pared ilusoria.

Del otro lado no había oscuridad. La sala se iluminó instantáneamente con antorchas de fuego azul y espectral, que se encendieron solas al detectar presencia vital.

No era una biblioteca inmensa, pero era impresionante. Las estanterías estaban forjadas en madera negra, talladas con relieves que imitaban gruesas venas y arterias. Los libros no tenían los clásicos títulos dorados de la academia; muchos parecían encuadernados en un cuero de texturas extrañas... algunos demasiado parecidos a la piel humana.

—Increíble —murmuró Kiran, mirando a su alrededor con fascinación—. Esto ha estado escondido aquí todo el tiempo.

Miranda no perdió el tiempo admirando la decoración macabra. Fue directo a los estantes, pasando el dedo índice sobre los lomos de los libros.

Rituales de Transfusión, La Historia de los Linajes, Anatomía del Alma... —leía en voz baja, con un brillo de asombro en los ojos—. Aquí está todo lo que el Consejo borró del plan de estudios.

Kiran se quedó cerca de la entrada, vigilando. Se sentía como un intruso en un templo ajeno. —Apúrate, Miranda. Siento que las paredes nos están mirando.

—¡Lo encontré! —exclamó ella, sacando un tomo grueso con cubiertas de terciopelo granate—. De Vinculis et Spiritus. Este libro habla de cómo atar y desatar esencias vitales. Si hay una forma de sacar al parásito de Dorian sin matarlo, está aquí.

Miranda abrió el libro. Sus ojos brillaron al leer el índice. —Sí... "Separación de Entes Parasitarios". Kiran, esto es oro puro.

De repente, un sonido metálico resonó en el pasillo exterior. Alguien había dejado caer unas llaves. El bibliotecario. O guardia nocturno.

—¡Mierda! —siseó Kiran—. Alguien viene.

Miranda cerró el libro y lo metió en su mochila. —Tenemos que salir. Ahora.

Corrieron hacia la "pared" de agua roja. Cruzaron de regreso al pasillo normal justo cuando se veía la luz de una linterna mágica doblando la esquina al final del corredor.

—El sello —dijo Miranda, pasando la mano por la pared. La piedra volvió a solidificarse, ocultando la entrada secreta.

—¡Hey! ¿Quién anda ahí? —gritó una voz grave. Era uno de los Golems de Guardia.

—¡Corre! —susurró Kiran.



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En el texto hay: mundoparalelo, gemelos, magia acción

Editado: 21.06.2026

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