Sola en el Mundo

DIECIOCHO: El festival.

C A R A.

¿Qué hace Danniel con Artemis?

Todos mirábamos la escena con curiosidad. Danniel tenía sujeta a Artemis de la cintura, y uno de los brazos de la pelirroja estaba por encima de los hombros de él. No parecía ser capaz de estar de pie por sí misma. Quien se veía más preocupado, obviamente, era Oliver, que miraba horrorizado el estado en el que estaba su hermana.

De pronto, todos parecimos reaccionar cuando Artemis comenzó a cantar la canción de Hakuna Matata, haciendo que todos saliéramos de nuestro shock. Oliver es el primero en levantarse, apresurándose a llegar junto a su hermana.

―¡Oliii! ―exclamó Artemis al ver a su hermano.

Pero este no le dijo nada, solo le dedicó una mirada severa, que solo logró que ella se riera con fuerza. Danniel y él comenzaron a hablar sobre qué hacer con ella. Finalmente, juntos la llevaron escaleras arriba. Y asumí que la estaba llevando a su habitación. No fue trabajo fácil, teniendo en cuenta sus balanceos repentinos y que de pronto se detenía y se dejaba caer hacia atrás ―que no ocurrió una desgracia, gracias a que esos dos tenían suficiente fuerza como para sostenerla―.

En cuanto ellos desaparecieron todos volvieron a centrarse en el bol con los nachos. La verdad es que no habíamos hecho mucho, solo comer y charlar. George estaba hablando sobre una conquista fallida en una fiesta a la que había ido, pero se detuvo cuando vio a Danniel ingresar de aquella forma con Artemis.

Ese par le encanta el escándalo.

Shayfer carraspeó, llamando la atención de todos. Se veía bastante incómoda, ¿y cómo culparla? Eso no es algo que esperas ver cuando visitas a una amiga.

<Con que amiga, ¿eh?>. ¿Dije eso? <Sip, dijiste que eras su amiga y venía a visitarte, no en ese orden precisamente>. Lo hice.

Aunque, ¿ella me considerará una amiga también? No lo sé, creo que no debería asumir nada tan pronto. Pero… no negaré que me hace mucha ilusión tener mi primera amiga. O sea, amo a Sam, pero ella me quiere porque es mi prima, le toca pasar tiempo conmigo. Shayfer sería la primera extraña que me querría solo porque le gusta estar conmigo y no porque se vea obligada a estar conmigo.

―Eh, creo que ya deberíamos irnos ―dice Shayfer, rompiendo el silencio.

―Está lloviendo mucho, ¿no crees? ―comentó Harry, viendo por la ventana el diluvio que caía afuera.

―Sí, pero… ―comienza, pero se corta a ella misma.

―Entiendo, estás incómoda ―digo, aceptando la realidad―. Veré si Rick puede llevarlos.

Me estoy por levantar, cuando Harry me toma del brazo. Se levanta conmigo y me jala hacia el comedor, alejándonos del resto. Lo miro con confusión, esperando que me diga algo.

―¿Estás bien? No te ves muy contenta con lo que dijo Shayfer ―soltó, sorprendiéndome por lo bien que me conoce.

―La verdad es que… me hacía un poco de ilusión que se quedaran ―confieso, haciéndolo abrir mucho los ojos―. Es que… nunca he tenido una pijamada ni nada parecido.

Él sonríe y se acerca más a mí, toma mi mano y entrelaza sus dedos con los míos. Ese simple gesto me hace sonreír un poco.

―¿Quieres que la convenza para quedarnos? Me debe un par de favores así que seguro accede ―ofrece, haciendo que sonría al oírlo.

Yo asiento con frenesí, sintiendo la emoción en mi pecho. Él me regresa el gesto y me acerca más a él, abrazándome en el acto. Le devuelvo el abrazo, totalmente contenta. No creí que se preocupara tanto por cumplirme un deseo.

―Vamos, que tengo que convencer a una cabeza dura de hacer una pijamada a los veintiuno ―dice, haciéndome reír.

Ambos regresamos a la sala, donde George y Shayfer están peleando por el último nacho con salsa del tazón. Justo en ese momento Oliver baja las escaleras, apareciendo en el momento perfecto. Se acerca a George y Shayfer, y, sin que se den cuenta, les roba el tan deseado nacho del tazón.

―¡Pelirrojo ladrón! ―exclama George molesto.

―¿Qué yo qué? ―pregunta con inocencia, comiéndose el nacho.

George se puso rojo de enfado, veía sus ganas de querer abalanzarse sobre su amigo, pero en ese momento Harry decidió hablar. Mejor, así evitábamos una matanza en mi sala.

―¡Muy bien, luchadores! ―dijo con tono de narrador de deportes, ganándose la atención de los tres―. Les tengo una propuesta.

―No pienso bailar la macarena para que me perdone ―protesta Oliver, mirando de mala manera a George.

―¡Pues deberías! ―reclama el castaño.

―¡Pues no voy…!

―¡Cállense los dos! ―ordena Harry, callándolos a ambos a la vez, aunque de mala gana―. La propuesta era quedarnos a dormir aquí debido al diluvio de afuera.

Todos giran hacia la ventana cuando Harry la señala, y, casi como por obra del destino, un rayo iluminó el cielo seguido de un trueno muy ruidoso, haciendo que de un respingo.

¿Les había dicho que le tengo pánico a los rayos y truenos? ¿No? Pues, enhorabuena, ya lo saben. Los detesto, cada vez que hay este tipo de lluvia tan fuerte Danniel tiene que ir a dormir conmigo para calmarme.

―No está mala la idea ―dice George, temeroso por el trueno―. ¿A tu madre y al señor gruñón no le molestará?

Asumí que con «señor gruñón» se refería a mi tío Thomas. La verdad es que de él no me preocupaba, le habíamos dejado en claro que él no tiene voz ni voto en esta casa.

―Nah, mi tío no hará nada ―respondí, haciendo un gesto con la mano para quitarle importancia.

Ahora, debía convencer a mamá oso para que me dejara. Si ella decía que sí, no habría nadie que le dijera lo contrario. Pero si decía que no… Bueno, mis sueños de una pijamada se irían al caño.

Así que, con mucho valor, me fui hasta el cuarto de escritura de mi madre ―donde siempre estaba―. Toqué la puerta, para luego oírla decir «Pase» al otro lado. Ingresé al cuarto con cuidado, ella estaba sumida en su escritura, frente a la única ventana que no estaba polarizada ―por eso siempre debía tocar antes de entrar, por si debía cubrirla―. Se veía muy entusiasmada con lo que estaba escribiendo.




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