Sola en el Mundo

VEINTE: La entrevista y el drama.

 Josh y Sam se van hasta la motocicleta de ella, mientras que Danniel y yo nos subimos a su auto. Arranca el auto, conduciendo a toda prisa, incluso se salta varias luces rojas y letreros de alto. En poco tiempo ya estamos en casa. Danniel estaciona el auto en el garaje, y ambos bajamos del auto más calmados. Por suerte llegamos antes de que el sol comenzara a salir.

Entramos a la casa ―más en concreto a la cocina―, y, al entrar, veo a mamá sentada en uno de los taburetes, bebiendo una copa de vino. Nos mira, totalmente seria, y sé que esa seriedad es una máscara, realmente quiere gritarme mil cosas. Mierda. Mira a Danniel y le hace una seña de que se vaya, y así lo hace. Nos quedamos ella y yo solas, en silencio. Este no dura mucho, ella deja la copa en la encimera con suma fuerza, tanta que esta se rompe. Pego un brinco por el ruido y el movimiento repentino. Ya no se ve seria, se ve furiosa, iracunda.

―¿Se puede saber por qué mierda llegas a esta hora? ―pregunta, su voz denotando molestia.

Oh, mierda. Está diciendo palabrotas, esto es malo.

―Yo… no me fijé en que era tan tarde, no…

―¿¡Cómo puedes ser tan irresponsable, Cara!? ¿Tienes la menor idea de lo preocupados que estábamos Rick y yo? ¿¡Qué sucede contigo!?

―Lo siento, de verdad. Estaba distraída y no vi la hora, Harry y yo…

―Oh, por supuesto. ¿Acaso tu noviecito no es capaz de traerte a una hora en la que no mueras? ¡Son un par de irresponsables!

Vale, que me grite está bien, pero no tiene por qué meterlo a él en esto.

―¡No le llames así! ―suelto―. Si vas a culpar a alguien que sea a mí, yo soy quien debe cuidarse, no él.

―No, pero si te quisiera no te habría dejado estar hasta tan tarde por ahí. ¡SI el sol ya está saliendo, por el amor de Dios! ―grita, señalando la ventana.

Vuelvo mi cabeza hacia la ventana, y tiene razón, ya el sol se está comenzando a alzarse.

―¡Él no tiene la culpa!

―No, la tienes tú totalmente. Pero él pudo cuidarte también, si le importases estaría pendiente de que no corrieras peligro y…

―¡ÉL NI SIQUIERA SABE QUE ESTOY ENFERMA! ―vocifero, dejándola callada.

Me mira por varios minutos, incrédula. Se sienta de nuevo en el taburete, su mirada fija en el suelo, como si fuera incapaz de verme a la cara. Toma la botella de vino y le da un largo trago, efectuando una mueca luego de eso. Dura un largo rato así, bebiendo de la botella sin decirme nada. Ni siquiera me mira.

―¿Por qué? ―dice finalmente, rompiendo el silencio.

―Yo, eh… ―comienzo, pero realmente no sé qué decirle.

―¿Por qué no le dices toda la verdad a ese pobre muchacho? ―dice, alzando su cabeza para verme.

No se ve nada feliz.

Me quedo en silencio un momento, esta vez soy yo quien no es capaz de verla a la cara. Siento que el no decirle nada a él es absurdo, que debería saberlo. Pero… también siento que si le digo se irá, nadie querría estar con una chica enferma. Ya de por sí le arruiné la noche por mi absurdo miedo a las montañas rusas. No quiero dañar nada más, no quiero que él se aleje de mí por algo que yo no he escogido.

Mamá me sigue mirando, se ve sumamente molesta, y mi silencio no hace más que empeorar su enfado. Se levanta hasta donde estoy y me alza la cabeza para obligarme a verla. Sus ojos me inspeccionan, buscando no sé qué en mi rostro. Al final, no puedo y más, mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas, las cuales dejo salir sin mayor impedimento.

―Y-yo… no quiero que él me vea como una enfermedad, no quiero que se aleje de mí porque soy una chica enferma ―suelto, dejando a mi madre pasmada―. Todos mis tíos me ven así: la sobrina enferma, la chica que no puede salir al sol o morirá. Y… no quiero que con él sea igual, no quiero que deje de verme como la chica alegre y divertida que cree que soy.

―Cara, nadie te ve así…

―¡No mientas! ―espeto, me molesta que me mienta―. ¡Así me ven Heidi y sus padres! ¡Así me ve el padre de Sam! ¡Así me ve todo el mundo, joder! ―mamá no dice nada, solo me mira en silencio, sus ojos acuosos por las lágrimas que no deja caer―. No dejaré que Harry me vea igual, no… no quiero.

Mamá no dice nada, en su lugar me envuelve en un fuerte abrazo. Uno que no sabía que necesitaba tanto hasta ahora. Le devuelvo el abrazo y me dejo llevar. Lloro todo lo que necesitaba, dejo salir cada lágrima sin tapujos. Mi madre me acaricia el cabello con dulzura, diciendo palabras reconfortantes suavemente.

Al rato dejo de llorar, me separo de ella y me enjugo las lágrimas con la manga de la camisa. Mamá deposita un delicado beso en mi frente, casi como si temiera que me pudiera romper al mínimo contacto brusco. Sonrío ante su gesto, la verdad sí me siento un tanto frágil justo ahora. Me aprieta los cachetes con ambas manos, provocando que mueva la cabeza de lado a lado. Eso me hace reír, haciéndome recordar como ella solía hacerme esto cada vez que lloraba porque se me dañaba un juguete o porque Danniel se iba de paseo.

―Gracias mamá ―digo, aunque sale más distorsionado de lo que debería debido a que me sigue apretujando mis cachetes.

―No hay de qué ―dice, aún sin soltarme los cachetes.

―Eh… ―comienzo, señalando sus manos―. ¿Me… podrías soltar?

―Oh, sí, claro ―dice, liberando mis cachetes finalmente.

Me los sobo con las manos, sintiéndolos adoloridos. Ya no tengo tanta grasa ahí, así que duele más de lo normal.

―¿Mejor? ―pregunta y yo asiento―. Muy bien. No creas que olvidé que llegaste tan tarde. Estás castigada por una semana, nada de salidas.

―Rayos ―digo, haciendo una mueca de desagrado.

―Oh, no. Deja de hacer esas caras, tú te ganaste eso ―dice, para luego caminar hacia la puerta de la cocina, pero se frena antes de irse―. Ah, casi lo olvidaba. Dile la verdad a Harry, merece saber todo. Déjalo a él decidir si quiere quedarse… o irse.




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