Sola en el Mundo

VEINTIDOS: El comportamiento.

Han pasado días desde que Sam se fue a casa, no he sabido nada de ella, no me ha escrito siquiera. Es como si se la hubiese tragado la tierra. Mamá ha estado muy metida en su despacho, en su cuarto de escritura o en su habitación. Danniel, por otro lado, ha estado igual que antes, pero lo extraño es que se supone que mañana debía salir a Houston y no lo he visto empacando nada. Se lo ve extraño también. Todos están actuando muy extraño últimamente... Todos menos Rick. Él sigue igual que siempre, cocinando, limpiando, yendo de compras al pueblo... haciendo lo de siempre, básicamente. Las personas con quién he hablado más estos días han sido Harry y Gastón, ellos me distraen de todo el caos de esta casa.

Esa noche, luego de que Danniel y Artemis se fueran, Oliver, George, Harry, Shayfer y yo nos quedamos hasta tarde conversando. En algún punto George sacó varias latas de cervezas y nos las arrojó, creando un ambiente bastante relajado. Oliver no se despegaba de su celular, pero aun así lograba participar de la conversación. George siempre salía con alguna tontería que nos hacía reír, aunque a veces se apagaba brevemente, pero nunca duraba mucho tiempo así. Harry se ponía a discutir con George en broma, o molestaban juntos a Oliver por no despegarse del celular. Yo los observaba a todos, riéndome de todas sus idioteces, obviamente ellos me incluían en la conversación, no me dejaban por fuera en ningún momento.

Fue una noche maravillosa, sin duda alguna lo fue. Cada vez que paso tiempo con ellos es increíble, no hay palabras para explicarlo.

Me levanto perezosamente del sofá de la sala, estaba intentando ver una película, pero realmente no le estaba prestando atención. Ni siquiera entendía quién era el protagonista y quien era el malo, solo me desconecté. Camino hacia la cocina, siendo guiada por un exquisito olor proveniente de allí. Al llegar, veo a Rick cocinando mientras escucha a una banda de jazz de fondo. Cuando una canción de jazz suena de fondo, eso significa que Rick hará una obra maestra culinaria. Me acerco hasta la isla de la cocina y me siento sobre uno de los taburetes, mirándolo en silencio. Cuando se gira a verme, me sonríe y luego comienza a menearse lentamente al ritmo de la canción.

―Huele muy bien ―digo, estirando el cuello para intentar ver qué está cocinando.

―¿Sí? Qué bueno ―es lo único que dice, aun moviéndose al ritmo de la música.

―¿Qué cocinas? ―pregunto finalmente.

Gira la cabeza hacia mí y hace una seña con su mano para que me acerque. Bajo del taburete de un brinco y voy hasta él, quedando a su lado. En el sartén se ven varias tiras de carne, zanahoria y... ¿eso es papa? En fin, hay una salsa alrededor de todo eso, bañándolos y dejándolos un poco más oscuros, pero joder que huele muy bien. Inhalo con fuerza, y el olor hace que me haga agua la boca.

―¿Quieres probar un poco? ―asiento enérgicamente, entusiasmada―. Ve a buscar una cucharilla y te daré un poco.

No lo pienso ni dos veces y saco una cuchara del cajón, para luego volver con él velozmente. Toma la cuchara en sus manos y le llena de salsa y un pedazo de papa se cuela en el proceso, sopla unas cuantas veces más antes de dármela. En cuanto pruebo eso no puedo evitar soltar un gemido de placer.

―Joder, esto está exquisito ―digo con la boca llena de papa.

―Me alegra que te guste, porque será el almuerzo ―comunica, sonriendo orgulloso.

Sin previo aviso, me lanzo hacia Rick y lo envuelvo en un abrazo de oso. Por un momento pierde el equilibrio, pero logra estabilizarse rápido.

―Por favor, nunca te vayas. Ya no quiero comer comida que no sea la tuya.

Rick suelta una pequeña risa, para luego acariciarme la cabeza con una mano.

―Haré lo que pueda ―dice, depositando un besito en mi cabeza para luego separarse de mí―. Ahora anda, fuera de la cocina antes de que la incendies.

Lo miro ofendida, llevándome una mano al pecho fingiendo indignación absoluta.

―¿Yo? Jamás haría algo así...

―Sí, sí, lo que tú digas ―dijo, quitándole importancia a mis palabras con un gesto de la mano.

Suelto una risita por su comentario y me doy media vuelta para salir de ahí, Rick tiene razón, podría incendiar esa cocina si me quedo demasiado tiempo. La cocina no es mi fuerte, ni de chiste. Camino hacia mi habitación, pero me detengo a medio camino en el pasillo, una idea maquiavélica gestándose en mi cerebrito. Me giro y me encamino hasta otra habitación, una que ya debo de hacerle visita. Toco dos veces a la puerta, pero nadie atiende, así que me tomo la libertad de abrir la puerta de todos modos. Al abrirla me topo con un bulto en la cama de Danniel, cubierto totalmente por una cobija azul.

Vaya, que dormilón.

Camino lentamente hasta quedar a un lado de la cama, y, sin pensarlo mucho, me lanzo sobre él. Lo escucho quejarse y retorcerse debajo de mí, lo que hace que comience a reírme. Se aparta la cobija de la cara para verme, se ve, más que molesto, fastidiado. Tiene unas ojeras bastante marcadas, se lo ve agotado.

―Vaya, que cara de mierda te traes ―suelto sin pensar.

―Gracias, qué linda eres ―dice, arrastrando las palabras.

―Uy, qué humor.

Me acomodo mejor, quedando tumbada a su lado en la cama.

―No he dormido mucho, ¿vale? No estoy de ánimos.

―¿Ya estás harto de mí? ¿Es eso?

Si hay algo que sé, es que cuando se comienza un drama Danniel Potter no se quedará en silencio. Es mi táctica para animarlo un poco.

―No, nada de eso, solo quiero descansar ―dice serio, volviendo a cubrirse el rostro.

¿Qué? ¿Qué demonios fue eso?

―Eh... ¿estás bien? ―inquiero con cuidado, dejando las bromas tontas de lado.

―Sí, de puta madre, ¿por qué? ―responde secamente.

―No continuaste haciendo drama conmigo ―digo, tratando de hacerlo entender mi punto.

―Ajá, ¿y?




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