Sola en el Mundo

VEINTITRES: La magia.

C A R A.

Harry y yo pasamos el resto de la noche en grande, bailando alrededor de la fogata, cantando canciones que Harry tocaba con su guitarra, nadando y jugueteando... Fue, simplemente, maravilloso. La verdad nunca creí que una relación se sentiría así, siempre veía a las protagonistas siendo sumamente feliz, pero no creí que conseguiría algo tan especial como lo que ahora tengo. No lo sé, siempre creí que sería la versión sola y enferma de Fiona, donde ninguna persona fue a rescatarme y solo quede con mamá en casa.

Bueno, la vida da muchos giros.

Justo ahora, estamos descansando en el suelo sobre unas mantas que traje, mirando las estrellas. Se siente mágico este momento, en verdad lo digo. Tengo mi cabeza recostada en su hombro, con un brazo rodeándome la cintura, mientras que yo lo abrazo por encima con un brazo mío. Estoy muy cómoda así, no lo negaré.

―Mira, creo que esa es la constelación de Pegaso ―dice, señalando un punto en el cielo.

―¡Sí! Tienes razón, debe ser porque ya estamos entrando en época de otoño ―comento, sonriendo al ver la constelación.

―¿A qué te refieres? ―pregunta Harry, oyéndose confundido.

―Bueno, esta constelación solo se puede ver por la época de otoño, y ya está acabando este mes así que...

―Oh, ya, entiendo. No sabía eso ―dice―. Eso explica por qué luego no la encuentro en primavera.

―Sí, aunque eso depende del lugar donde estés, al menos por acá se ve solo por estas fechas.

―Guau, mi novia es súper inteligente ―dice, y dicho eso me da un casto beso en los labios.

―Obvio, uno de los dos debía serlo, ¿no? ­―bromeo, robándole una sonrisa.

―¿Qué insinúas, Cara? ―inquiere, mirándome con los ojos entrecerrados.

Yo me encojo de hombros, sin decir nada, desvío la mirada a cualquier punto del lugar, evitando su mirada acusadora. Él me sujeta de la cintura y de un movimiento queda sobre mí, con una pierna entra las mías y la otra por fuera, su mirada dejándome sin aliento. Coloca una mano al lado de mi cara, apoyándose en ella para bajar más hasta estar a unos escasos centímetros de mí.

―¿No me dirás lo que acabas de decir? ―dice, su cercanía poniéndome nerviosa.

Okey, uno creería que porque somos novios ya no puede ponerme nerviosa, pero es falso, creo que, incluso, empeoró. Dios, sus ojos verdes son hipnotizante, sus labios carnosos están a poca distancia de los míos. Mi corazón parece querer salirse de mi pecho, listo para correr una maratón. Joder, estoy segura de que puede oírlo perfectamente.

―Hagamos memoria... ―dice bajito, acercándose un poco más a mí, pero desvía su rostro hacia mi cuello, puedo sentir como inhala su olor―. Yo, como buen novio que soy, te dije que eras muy lista... ―deposita un beso en mi cuello―. Y tú, en cambio, insinúas que yo, tu maravilloso novio, no lo soy ―esta vez me da un pequeño mordisco en mi cuello sensible, haciéndome jadear por la sorpresa―. ¿Crees que eso está bien, Cara?

Su rostro abandona mi cuello para verme directo a los ojos, se ve tan sereno, y por otro lado yo estoy sumamente alterada. ¿Cómo puede verse tan tranquilo? No es justo que yo esté así y él no.

Decidida, lo empujo de los hombros, tumbándolo en el suelo ―no se lastimó, cayó sobre las otras dos mantas dobladas―, quedando yo por encima de él. Tenía una pierna a cada lado de sus caderas y mis manos estaban apoyadas en sus hombros, manteniéndolo tumbado. Se veía sorprendido por mi acción, quizá no esperaba que yo hiciera eso, pero eso no evita que una sonrisa se escurra en sus labios, viéndome divertido.

Me inclino un poco, quedando a poca distancia de su rostro, nuestros alientos mezclándose. Me mira atentamente, expectante. Su mirada se desvía de tanto en tanto a mis labios, pero rápidamente vuelve a mis ojos, tratando de disimular un poco. Ahora hagámoslo sentir tan agitado como yo hace un segundo <Sigues un poco agitada, por eso hiciste esto>. Claro que no, calla. Rozo nuestros labios por un segundo, haciéndolo jadear, para luego separarme de nuevo, pero no demasiado.

Cierra sus ojos por un momento, inhalando con fuerza, como tratando de controlarse, y con eso sé que estoy logrando mi objetivo. Al abrir sus ojos, algo se ve distinto, no sé con certeza qué. Sin darme tiempo a nada, me sujeta de la cintura con una mano y la otra me sujeta de la nuca para tirarme de mí hasta él, robándome un peso. Pero qué beso, amigos. Es intenso, dejándome sin aliento en el proceso, mi corazón latiendo fuertemente dentro de mi pecho.

Joder, qué fuerte todo esto.

Mi respiración se vuelve un desastre, y no sé en qué momento, pero terminé sentada a horcajadas sobre él, aferrándome a sus hombros con fuerza. Su mano baja hasta mi cadera, sujetándome con fuerza, mientras que la otra se aferra a mi cintura. Nos separamos con fuerza, buscando oxígeno con desesperación. Sus ojos me ven de forma intensa, y estoy segura de que los míos también. Mi corazón late velozmente, y como culparlo, ese beso fue intenso.

Mis ojos bajan a sus labios, rojos por ese beso, y, sin resistirme, me abalanzo sobre ellos de nuevo, devorándolo. Lo sentía como una necesidad, besarlo de nuevo, de la misma forma en que él lo hizo conmigo. Harry me devuelve el beso con la misma efusividad, de a poco se levanta, quedando sentado conmigo en su regazo. Sus manos me sujetan de la cintura, bajando de vez en cuando a mis muslos, pero no duran mucho allí. Yo enredo mis manos en su cabello rizado, sujetándolo del cuello para acercarlo más. De pronto, Harry rompe el beso, separándose con la respiración hecha un caos, ni hablar de su pelo.

―Cara... ―comienza, inhalando con fuerza―, debemos parar, si seguimos así, yo...

―Lo sé ―lo interrumpo, ganándome una mirada de asombro de su parte―. Mira, sé lo que hago, tengo dieciocho años y leo muchísimo.




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