Sola en el Mundo

VEINTINUEVE: La paternidad.

En cuanto mi cerebro procesó esas palabras, algo en mi se petrificó, no reaccioné, no pude. Esas tres palabras jamás iban dirigidas a mí, siempre a alguien más, no podía ser cierto, era algo absurdo e ilógico. Definitivamente el mundo se había decidido a volverse loco estos días.

Miré la pantalla en silencio, analizando parte por parte, poro por poro, a ese hombre. ¿Cómo…? Sí, teníamos un claro parecido en el color de los ojos y el tono de cabello, pero, ¿saben cuántas personas en el mundo tienen los ojos verdes y cabello castaño? ¡Miles! Incluso apostaría por un millón. Lo cierto es, ¿cómo podía llamarme, así como si nada, y decir que era mi padre, cuando ni siquiera sabía que él existía?

Que descaro.

Cuando el shock pasó, una ira monumental se instaló y se rehusaba a irse sin salir a la luz en ese preciso momento. Y no tenía suficiente voluntad como para reprimirla. El hombre, también llamado Tyson, no decía nada, solo me miraba a través de la pantalla en silencio.

―Eso es imposible ―dije, finalmente―. Mi padre, es un imbécil que abandonó a mi madre para no hacerse cargo de mí, se fue sin siquiera dejar una nota para su hija. En lo que a mí concierne, yo no tengo un padre.

Entiendo tu ira, es comprensible y totalmente válida, yo…

―¡No pretendas usar la maldita “comprensión y empatía” para ganarme! ―lo corto, la ira que sentía no hacía más que crecer y crecer con cada palabra que salía de su boca―. Me dejaste, ni siquiera me viste, no sabes nada de mí. El nombre que llevo puesto no lo escogiste, no peleaste con mamá para escoger el nombre ideal. Solo te fuiste y decidiste ignorar que yo existía ―Tyson me miraba apenado, no ocultaba su vergüenza ante cada cosa cierta que estaba diciendo―. Pues sorpresa, sí existo, y no porque así lo quisieras. Una lástima, ¿no, señor Byers?

De nuevo, no dijo nada, solo me miraba en silencio. ¿Por qué no decía nada? ¿Por qué ni siquiera podía disculparse? ¿¡Por qué carajo llamó si solo iba a mirarme de esa forma!? Mi mandíbula estaba tensa, mis manos apretaban con fuerza la tela de mis shorts de pijama, mis nudillos casi blancos por la fuerza que estaba empleando en esa acción. Sentía que iba a reventar.

―¿No dirás nada? ―reprocho, viéndolo con el ceño fruncido―. Un “disculpa, Cara, por abandonarte a ti y a tu madre” al menos, ¿no? ¿Sabes qué? Tengo mucho en la cabeza, como para preocuparme por un fantasma ―estaba decidida a cortar esa absurda llamada, pero me contuve. No, no se lo iba a dejar tan fácil, ¿por qué haría eso?―. No, vas a oírme. Es lo mínimo que merezco.

Adelante ―fue lo único que dijo, y fue todo lo que necesité para soltarlo todo.

―Cada día de mi vida, me preguntaba, “¿Por qué Sam y Heather tienen dos padres? Yo también quiero uno”. Creí que, al igual que con los regalos de Santa, debía portarme bien y así vendrías, así que lo hice. Fui la hija más linda, amable y obediente que pude ser, esperando que, algún día, cruzaras esa puerta y me dieras un abrazo luego de un largo día de trabajo ―mi voz se rompió por un momento, pero no me iba a detener. Tenía mucho por dentro que dejar ir.

»Cuando conocí a Rick y Danniel, y vi que él le faltaba una madre, creí que podríamos prestarnos nuestros padres, y así ambos estaríamos completos. Pero no fue así. Rick no era mi padre, y mi madre no era la de Danniel ―una lágrima se deslizó por mi mejilla, la cual enjugué de inmediato con el dorso de mi mano―. Así que, crecí, y comprendí que, no importaba si era la mejor del mundo, tú no vendrías a abrazarme y darme un beso antes de irme a la cama. Me dejaste antes de poder demostrarte que valía la pena ser mi padre, pero eso a ti no te importaba, ¿cierto?

»Ya no te necesito, Tyson Byers. No quiero saber tu motivo, porque eso ya no importa, ya te fuiste y tomaste tu decisión y solo yo pagué las consecuencias. Pero quiero que sepas… que siempre te esperé, cada día, cada navidad, cada día del padre; yo te esperé. Y tú nunca volviste.

No hubo respuesta, mi rostro estaba empapado debido a todas las lágrimas que salieron una tras otra sin tregua alguna, reflejando todo el dolor que su decisión tuvo en mí. No quería que él me dijera que me amaba, o que nunca quiso hacerlo, solo quería que dijera que… Ni siquiera sé qué quiero oír de él <Él es una mierda que no merece ni siquiera ser capaz de tener hijos>. Cierto, ¿no? <Solo donó esperma, no es un padre>. También es cierto, solo dio el último ingrediente necesario para que yo naciera, no es un padre solo por hacer eso.

¿Eso fue todo? ―preguntó finalmente luego de un rato, sorprendiéndome, había dado por sentado que se callaría―. Cara, no me imagino cuánto debiste haber sufrido, pero… Yo no te abandoné.

―Es increíble que seas capaz de negar algo así. ¡Ten bolas y acéptalo! ―exclamé, me enfureció de nuevo que negara algo tan obvio.

Cara, sí sabía que tu madre se embarazó de ti, me lo dijo en cuánto lo supo…

―Entonces sí me abandonaste.

―…pero ella también me dijo que te había abortado en cuanto se enteró ―continuó, y habría deseado que no lo hiciera.

―¿E-ella qué? ―estaba en shock, en menos de una semana, ya había descubierto muchas cosas para nada positivas sobre mi madre.

Creí que ya te había perdido, ella me dijo que no quería un bebé, que era una gran carga para ella. Así que, le creí y me fui lejos. Pero nunca creí que me habría mentido. Cuando vi tu foto en varios artículos de internet junto a ese chico, Harry Willson… Supe que eras tú, mi hija. Tus ojos… son idénticos a los míos, tu sonrisa era igual a la de tu madre. No podía ser coincidencia.

―¿Ella mintió sobre tenerme?

Sí, me temo que sí. Pero te juro, Cara, que, de haber sabido que nunca hizo eso, nunca me habría ido, habría estado contigo cada día del padre. Incluso me habría disfrazado de Santa Claus para darte tu obsequio cada navidad.




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