Soldado de su Propio Destino

Capítulo 11: La Teoría del Reemplazo y el Refugio de Vidrio

A medida que los primeros meses de 2026 avanzan sobre Esmeraldas, el silencio de ella ha dejado de ser una duda para convertirse en una certeza. Lo que más duele de este final no es solo la ausencia de sus mensajes, sino la sospecha que me carcome: la idea de que ya tiene un reemplazo. Ella, independiente y libre, siempre pareció necesitar a alguien que pudiera seguirle el ritmo, alguien que pudiera llevarla a cualquier parte sin pedir permiso. Y yo, atrapada entre las paredes de mi casa y las reglas de mi madre, solo podía ofrecerle un mundo que se limitaba a diez minutos de distancia.

—De la casa a la playa y de la playa a la casa —me repetía a mí misma, sintiendo la frustración de ser una adulta tratada como niña.

Entendí que mi limitación geográfica terminó por aburrirla. Ella buscaba horizontes, y yo solo podía ofrecerle mi regazo en la arena de siempre. Por eso, cuando dejó de hablarme aquel 8 de diciembre, y cuando reapareció solo para tratarme como una desconocida, supe que alguien más ya estaba ocupando el lugar que yo tanto protegí. Alguien que quizás no tiene un "corazón de pollito", pero que sí tiene la libertad que a mí me falta.

En medio de este vacío, mi único refugio se ha vuelto digital. Mis amigos de TikTok, con los que ya voy a cumplir un año de amistad, se han convertido en mi soporte de vidrio. Es un soporte frágil porque no están físicamente conmigo, pero es lo único que me mantiene en pie. Somos los "tres mosqueteros": la chica de ojitos verdes, el otro chico y yo.

Con la chica de ojos verdes tengo una conexión que me asusta. Es tan bonita, tan atenta... pero vivo con el miedo constante de que se encariñe demasiado. Ella no sabe que me gustan las chicas, y me debato entre la honestidad y el miedo a perder la única paz que me queda. —Bueno —le respondo a veces cuando no sé qué decir, tratando de no dar demasiado cariño, de no cruzar esa línea que ya me trajo tanto dolor con la chica de la app.

Trato de mantenerme a distancia emocional, incluso de ellos. Mi madre sigue atacándome, sigue vigilando mis pasos, y sé que si permito que estos nuevos amigos se vuelvan "demasiado importantes", el ciclo de frustración volverá a empezar. No quiero dañar a gente inocente con mi rabia acumulada.

A veces, cuando la soledad aprieta más fuerte, me descubro revisando sus redes. Veo cómo aparece y desaparece, cómo sube stickers de broma mientras yo sigo tratando de descifrar qué fue lo que "se dañó desde el principio". Ella me envió ese sticker del niño golpeando a la chica con una paila de metal, y aunque nos reímos, sentí que ese golpe era real. Me dejó en una especie de coma emocional del que apenas estoy despertando.

He empezado a mirar con otros ojos mi futuro. Ya no quiero ser la "hermana que asume los errores". Ya no quiero ser la "novia que ruega". Mi obsesión por los lobos ha dejado de ser un gusto estético para ser un plan de vida. Los lobos son solitarios no por falta de amor, sino por exceso de autorespeto.

He decidido que mi camino está en la policía o la milicia. Quiero un lugar donde el valor de una persona se mida por su lealtad y su disciplina, no por si tiene o no permiso de su mamá para salir a comer un ceviche. Quiero que el 2026 sea el año en que me ponga un uniforme que no deje ver mis temblores de ansiedad, un escudo que me proteja de los "mejor amigo" del mundo y de las promesas de "Zootopia 2" que nunca se cumplirán.

Si ella encontró un reemplazo, espero que ese reemplazo sepa cuidar lo que yo amé tanto. Por mi parte, yo no busco reemplazos. Busco reconstruirme desde las cenizas de ese girasol que dejé en el instituto, aceptando que, a veces, para salvarse, hay que aprender a decir adiós incluso cuando el alma grita que se quiere quedar.



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En el texto hay: crecimientopersonal, darkromace

Editado: 17.02.2026

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