Hay un tipo de cansancio que el sueño no puede curar. Es una fatiga que se instala en los huesos, que te quita el hambre y te hace ver cómo tu propio cuerpo se va desvaneciendo, como si intentara hacerse pequeño hasta desaparecer. He bajado de peso. Me miro al espejo y ya no reconozco a la niña que el 25 de abril de 2024 envió un mensaje lleno de esperanza. Ahora solo veo sombras y una pregunta constante que me martillea la sien: ¿Valió la pena tanto silencio?
Me he alejado de casi todos. Mi hermana, que antes era un pilar, ahora es una figura lejana en la casa. He cortado los hilos porque ya no tengo energía para sostener los dramas ajenos cuando el mío me está consumiendo. Incluso con la chica de ojitos verdes, mi refugio en TikTok, siento que estoy levantando un muro. Me da miedo que se encariñe, pero más me da miedo que un día yo simplemente no despierte. Que mi presencia se vuelva un vacío para aquellos que he amado. Siento que mi batería interna está llegando al uno por ciento y no encuentro el cargador en ninguna parte.
Sin embargo, en medio de esta penumbra, hay una idea que me ronda la cabeza, una idea que muchos llamarían locura, pero que para mí se siente como la última bala en el cargador. Estoy pensando en arrodillarme ante ella.
Sí, sé lo que dirán. Sé que ya rogué demasiado, que ya perdí casi toda mi dignidad en los chats de diciembre y en las llamadas sin respuesta. Pero hay una parte de mí que necesita saber que lo dio todo, hasta la última gota de orgullo. Quiero pedirle perdón, aunque no sepa exactamente qué hice mal más allá de amarla con una intensidad que quizás la asustó. Ella nunca se enteró de las notas de voz de despedida que grabé, ni del llanto comprimido en el Stitch, ni de las batallas que libré contra mi madre por defender su nombre. Ella solo vio mi "mal genio" reactivo, mi inseguridad y mis celos por esa persona que apuñaló a tus espaldas.
Quiero que ella sepa que estuve ahí, siempre. Que mi "corazón de pollito" fue capaz de soportar tormentas que habrían hundido a cualquiera. Y si para que ella regrese tengo que entregar lo poco que me queda de dignidad, estoy dispuesta a hacerlo. Porque si este es el final, quiero que sea un final donde no quede ningún "tal vez" colgando en el aire.
A quienes lean estas líneas en el futuro, cuando este libro esté terminado, quiero decirles algo desde el fondo de mi agotamiento: Luchen. Luchen por lo que aman con todas sus fuerzas, pero aprendan de mis heridas. Sean más fuertes que yo. Si sienten el impulso de terminar algo, deténganse. Respiren. No decidan desde la rabia del momento, no decidan desde el "mal genio" que nubla la vista. Decidan desde el corazón, con calma, porque una vez que el hilo se corta, anudarlo de nuevo deja una marca que nunca desaparece.
Yo decidí alejarme por impulso una vez, y desde entonces no he vuelto a sonreír de verdad. El arrepentimiento es un peso más grande que cualquier otra cosa. Por eso, antes de que el 2026 me convierta definitivamente en una loba solitaria, haré este último intento. Me arrodillaré frente a mi pasado para ver si existe una mínima posibilidad de que se convierta en mi futuro. Y si no... si ella me ve ahí, en el suelo, y decide seguir caminando, entonces sabré que mi alma ya no pertenece a este mundo de afectos efímeros.