No veo nada, solo puedo sentir que el suelo de mármol está frío y... ¿Mojado?, coloco mis manos en la pared de piedra rústica y rasguña mis manos, huele horrible aquí, porque no veo nada?, sigo caminando y el suelo sigue estando mojado, por fin llego a las escaleras y bajo poquito a poco para no caerme mis pies descalzos están húmedos y las escaleras también, llego al último escalón de la escalera y veo a los lados no se para que si no sigo viendo nada, todo está a oscuras, se me escapa un sollozo
—¡Mama! - gritó, pero mi voz sale ahogada por mis sollozos. Porque estoy llamando a mi madre, si la reina ahora mismo debe de estar en su habitación y yo estoy ahora en el vestíbulo, no me debe escuchar y ahora siento mucho miedo, sigo llorando mientras camino hacia la puerta de entrada que está... ¿Abierta?, y entonces por fin veo algo se ve el jardín y la luz de la luna que entra por la puerta, dejo de caminar y me quedo viendo por la puerta para asegurarme de que no haya nada extraño, no puede haber nada extraño en el castillo, ¿cierto?; el castillo siempre está cuidado por muchos guardias y estaré bien, pero... no veo a nadie.
Se escucha algo de metal cayendo y doy un respingo que me hace resbalar por lo que sea que esté en el suelo, caigo de culo y mi short de pijama se humedece también y se me pega la tela a la piel, escucho un sonido extraño algo parecido a un gruñido que cada vez se acerca más y me pongo de pie rápidamente y corro hacia la puerta, pero me caigo antes de que pueda dar un paso, mi camisa de algodón se humedece cuando caigo boca abajo en el suelo, sollozo y los gruñidos se escuchan más cerca, comienzo a gatear a la puerta escapando de lo que sea que haga esos sonidos, ¿dónde están los guardias? Llego a la puerta y salgo gateando hasta que toco el césped del jardín, y me pongo de pie me paso las manos por mi camiseta húmeda y entonces ahora que la luz de la luna me permite ver noto que estoy casi completamente cubierta de sangre, veo a todos lados y corro hacia la fuente en el medio del jardín, las lágrimas caen sin parar por mi rostro, cuando llego a la fuente meto mis manos sin pensar en el agua, pero entonces veo la cabeza de mi madre y la de mi padre flotando en el agua, grito, pero mi grito es ahogado cuando siento que algo duro me da en la cabeza y caigo en el césped del jardín, veo borroso, pero logro ver siluetas de personas corriendo, luego un rostro cubierto hasta la nariz se interpone en mi campo de vista y lo último que veo antes de perder la conciencia son los ojos de la persona.
Despierto cuando siento algo que me golpea la mejilla, o más bien alguien, y sigo viendo todo borroso.
—¡Despierta, niña! —me grita un hombre con voz grave. La cabeza me da vueltas y no logro verlo bien. Siento otra bofetada y la piel me arde.
Trato de mover las manos y... No puedo.
Por fin enfoco la vista en mis manos y veo que estoy esposada. Mis manos y mi ropa siguen llenos de sangre seca.
Las lágrimas vuelven a llenar mis ojos y caen cuando siento otra bofetada. Por fin veo al hombre cuando me coge de la mandíbula con tanta fuerza que me magulla la piel. Son... Son los mismos ojos que vi antes de desmayarme.
—Cállate y escúchame bien, mocosa. Te voy a soltar las manos, pero te vas a quedar quietecita y vas a hacer lo que te diga, ¿entendido? —me grita el hombre a la cara. Tiene su rostro tan cerca del mío que siento cómo caen chispas de su saliva en mi rostro mientras me grita, pero mi atención está enfocada en los sollozos que hay por todos lados.
Miro de reojo y veo que hay más niños y otros hombres hablando, o más bien gritando y golpeándolos. Veo que uno en particular le da bofetadas sin parar a una niña que no para de llorar, y un sollozo sale de lo más profundo de mi garganta. Luego siento otra bofetada en mi mejilla.
—¡Te dije que te callaras! —me grita el hombre, que sigue frente a mí y me aprieta con más fuerza la mandíbula. Pero ya las lágrimas corren por mis mejillas de nuevo y mis sollozos se unen a los de los demás niños que hay a mi alrededor. Me sigue abofeteando mientras sollozo y estoy segura de que me está magullando la piel.
Me arde.
Me arde.
Me arde.
Para de golpearme cuando, donde sea que estemos, se detiene.
—¡Levántate! —me grita el hombre. Mis piernas tiemblan y sigo sollozando. Aprieto los ojos con fuerza para detener las lágrimas, mientras el hombre me coge de las esposas que tengo en las muñecas y me arrastra por el suelo metálico, que está frío. Mis rodillas se arrastran por todo el metal hasta que me suelta.
Pienso que me va a dejar tranquila, pero me tira del sitio donde estaba y caigo en una superficie dura. Abro los ojos y veo que están tirando a todos los niños del camión, igual que a mí.
Nos tiran como si fuéramos sacos de patatas.
Cuando ya estamos todos fuera, el camión echa a andar y se aleja por el camino cubierto de nieve.
—Bien, niños, espero que lo hayáis pasado de maravilla en vuestro reino de niños ricos, porque aquí lo pasaréis fatal —nos dice un hombre de tez morena, mientras los otros hombres que nos golpeaban en el camión nos arrastran hacia un portón grandísimo de rejas blancas. Mis rodillas se rasgan cuando uno de los hombres me tira de las esposas. El portón se abre con un chirrido que hace que me duela la cabeza y entonces veo un gigantesco castillo con muchas torres de piedra blanca, que es incluso más grande en el que vivía con mis...
Las lágrimas vuelven a brotar de mis ojos cuando recuerdo las cabezas de mis padres flotando en la fuente.
No entramos al castillo; nos siguen arrastrando y rodean el castillo. La sangre que comienza a brotar de mis rodillas mancha la nieve. Sigo mirando a los lados, ignorando el dolor de mis rodillas y muñecas: el castillo está rodeado de más paredes de piedra blanca, noto que hay ventanas de piso a techo, pero no logro ver qué hay adentro.
El hombre que me arrastraba me suelta cuando llegamos a un patio con muchos árboles sin hojas plantados junto a las paredes y me suelta de golpe, haciendo que mi barbilla golpee el suelo.