Selene
Todos los días transitamos por caminos que parecen seguros, iluminados por la lógica y la estabilidad, aferrándonos a la idea de que, si todo se ve bien, debe estar bien.
Pero siempre una voz sutil nos murmura en lo más profundo de nuestra conciencia, que grita en silencio, nos advierte con una certeza inexplicable "Ahí no es." Sin embargo, por la inmadurez ignoramos esas voces.
Muchas veces no podemos ver las señales con claridad, existen o no hay pruebas tangibles, evidencias obvias, tal vez por esa venda ante nuestros ojos es la que nos impide ver lo que es tan obvio.
Quien aprende a escuchar su intuición es quien evita, tal vez, tempestades disfrazadas de oportunidades, o logra amortiguar la caída dejando una enseñanza. Porque, aunque nuestros ojos sean ciegos a esas banderas rojas que siempre encontraremos en el camino, que no siempre son ondeadas por la pareja a nuestro lado, sino por los demás a nuestro alrededor, la intuición las mueve con fuerza o simplemente nos ayuda a verlas cuando estamos dispuesta a hacerlo. Ella nunca se equivoca, solo espera pacientemente a que tengamos el valor de confiar en ella.
Por experiencia propia, si alguna vez sientes esa voz interior susurrando, solo escúchala. Quizás te esté salvando de una caída que aún no puedes ver.
En mí caso, no quise detenerme, creí que por tener todo fácil, así lo era todo, a mis 18 años, solo quería comerme al mundo, luego a mis 20 años, ya conocía el sabor de ese mundo. Y ahora a mis 24 años todo mi mundo, gira alrededor de una personita hermosa.
Yo fui esa chica que corría antes de aprender a caminar. Que gritaba verdades a destiempo, que se rebelaba contra todo, incluso contra sí misma.
Vivía como si el reloj me persiguiera, como si el mundo tuviera prisa por moldearme. Y en esa carrera, tropecé, confié en quien no debía. Abrí puertas que debí dejar cerradas. Y sosteniéndome de la ilusión, creí en promesas que se evaporaron con el primer viento de realidad.
Pero no me arrepiento. Porque de ese caos, de esa tormenta, nació mi luz. Mi pequeña. Mi princesa. Mi razón. Me tocó madurar antes de tiempo, mientras otras soñaban con fiestas, yo aprendía a preparar biberones. Mientras otras buscaban aprobación, yo buscaba pañales en la madrugada. Y aunque el mundo me miró con juicio, yo aprendí a mirarme con amor.
Actualmente no tengo herencia, ni castillos, ni apellidos que abran puertas, pero tengo algo más poderoso, una niña que me llama “mamá” con la voz más pura del universo. Y por ella, lucho. Con apoyo o sin él. Con manos que me sostengan o con las mías temblando. Con miedo, pero con coraje.
Mi hija no es una carga. No es un error. Es mi milagro. Es la flor que brotó en medio del incendio. Es la canción que compuse con lágrimas y esperanza.
Así que, si alguien piensa que me quebré, que lo piense dos veces, porque cada grieta en mí es una entrada de luz y cada paso que doy, lo doy por ella. Por mi princesa. Por mi pequeño mundo. Por el amor que me salvó de mí misma
Pero ahora... Mi niña de ojitos azules no hace más que repetir una pregunta que me atormenta, Mami ¿Dónde está mi papá?... y como no le respondí, busco ayuda y coloco un anuncio en la sección de clasificados buscando a un papá.
Luca
Ella está allí, frente a mí, pero no me ve. Sus ojos pasan sobre mi figura como si fuera un fantasma, como si mi presencia no tuviera peso ni voz. Me ignora, me culpa, me condena en silencio.
Y yo, atrapado en la paradoja de amar y ser invisible, sabiendo que mi única culpa fue huir… huir sin escuchar.
¿Para qué quedarme?, si lo que mis ojos vieron fue suficiente para quebrar cualquier esperanza. No necesitaba ser más masoquista.
No todo fue mi culpa. No todo. Ella tampoco me escuchó cuando le roge que no fuera, cuando le pedí que se quedara. Y cuando comprendí que mis palabras se habían perdido en el aire, cayendo en un saco roto, no me quedé ahí esperándola, corrí tras ella…
Pero lo que encontré me desgarró hasta la médula. Mi corazón se rompió en mil pedazos, y en ese instante no vacilé, me fui. Enterrando todo amor, todo lo que sentía por ella, las mujeres a partir de ahí eran piezas vacías que entraban y salían de mi vida sin importar quiénes eran. Solo las disfrutaba y desechaba.
Hoy, los años han pasado, y aunque la duda me carcome las pocas veces que veo a esa niña, me es inevitable pensar si es o no mi hija, pero al recordar lo que vi, simplemente esa idea la desecho rápidamente, borro cualquier posibilidad de certeza. Es un tormento que me acompaña cada día, un veneno lento que se infiltra en mi sangre.
Pero algo cambió.... No, mejor dicho, ¡Todo cambio! Cuando el destino, burlón y cruel, se disfrazó de casualidad. Fue un clasificado en el periódico, que mi asistente dejó sobre la mesa de mi despacho, una simple solicitud perdida en un periódico, lo que abrió la grieta en mi mundo, para bien o para mal, no lo sé en este instante. Solo una frase breve, un anuncio cualquiera… y de pronto, el pasado volvió a respirar.
“No sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es la única opción que te queda.”
#5088 en Novela romántica
#1403 en Novela contemporánea
madresoltera, romanace desamor primer amor, segundaoportunidad
Editado: 01.06.2026