Solo enamorate de mí

Capítulo # 9

Capítulo # 9

En la mansión Greco Di Rossi.

Máximo se reunió con ella sin decir una sola palabra, la abrazo con cariño, Fiorella acepto su muestra de afecto agradecida.

Él esperó que Fiorella cerrara sus ojos para dejarla dormir tranquilamente, necesitaba salir de la habitación y pensar con claridad, no sabía qué le estaba pasando al estar con ella y se estaba asustando, la necesidad de tenerla a su lado y hacerla feliz, era nuevo para él.

Ya que ninguna vez, sintió algo especial por ninguna mujer, tenía que estar enamorado de ella. No, la amaba y no se había dado de cuenta, una vez creyó estar enamorado, pero sufrió por un amor no correspondido, ahora estaba seguro de que la amaba con todas sus fuerzas y haría todo lo posible por hacerla feliz como ella se lo merecía.

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Una hora después.   

En la mansión Greco Di Rossi.

—Señora, ¿qué desea comer? —preguntó Olivia. 

—De todo un poco —confesó sonriendo, la verdad ya se sentía de maravilla, como si no le hubiera pasado nada. 

—Aquí traje un poco de helado —habló su esposo entrando con un enorme oso blanco con un corazón en el centro que decía “Te Quiero”, con helado favorito de maní con chocolate.

Ella quedó bastante sorprendida, no pudo evitar sonreír de felicidad.

—Gracias —dijo emocionada—, está hermoso.

Con una sonrisa arrebatadora, Olivia se retiró y Máximo se acercó a ella. 

—Espero que te gusten, los osos —dijo entregándoselo.

—Me encantan —confesó agarrándolo con cariño y lo acarició.

—Me siento satisfecho que sea de tu agrado —dijo sentándose en la cama. 

—Ahora este hermoso oso, dormirá conmigo —comentó divertida, él no sonrió—, es una broma. 

—¿Y qué has decidido? —preguntó, serio—. ¿Te irás siempre? —angustiado.

—No lo sé —confesó con sinceridad, tenía miedo de separarse de él—. No pensé que este matrimonio terminaría tan pronto, digo. Apenas vamos para un año de casarnos y nos vamos a divorciar —le recordó suspirando—. Lamentablemente, cometí el mismo error de mis padres, aunque ellos dijeron que, en verdad, se amaron. No lo creo.   

—Preciosa, no dudes que se amaron de verdad, muchas cosas debieron de pasar entre ellos, para qué se separan. Mis tíos se divorciaron, por falta de tiempo y no de amor. Siguen viéndose como grandes amigos y comparten en familia con sus hijos. 

—Así vale la pena separarse —dijo con tranquilidad. 

—No preciosa —dijo acercándose a ella—. Yo no quiero que nos separemos, te quiero Fiorella. Dame una oportunidad, quiero demostrarte que puedo cambiar.   

—Solo esta oportunidad —habló seriamente y mirándolo a los ojos.

Máximo se inclinó, le dio un pequeño beso en los labios y la abrazó. No quería besarla con pasión, no quería que creyera que solo quería una oportunidad para solo tener intimidad con ella, quería demostrarle que el amor era más que puro sexo.  

—Sobre el tema del bebé —dijo él abrazándola con fuerza—, llegará cuando sea el momento adecuado.  

—Así será —afirmó ella cerrando los ojos.

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Unos minutos después.

—¿Te sientes bien? —preguntó, preocupado, se alarmó cuando sintió que el cuerpo de su mujer se volvió muy ligero, al moverla se dio de cuenta que se había desmayado. 

—Un poco a aturdida —confesó intentando no abrir los ojos—, podrías llamar a Daniel.

—Claro —dijo tomando el teléfono y marcando los números correctos, colocó en su oído y escucho el tono, menos de unos minutos lo atendió su amigo—. Daniel podrías venir a la casa, Fiorella se ha sentido mal y ha perdido el conocimiento. Me tiene preocupado. 

—Tómale la tensión —habló por vía telefónica—, si la tensión no está normal, es porque está pasando algo grave.

Máximo hizo lo que le indicó el médico.

—Normal —comentó suspirando—. Disculpa la molestia.

—Claro que no, terminado aquí. Me iré a revisarla —le comunicó. 

—Te estaré esperando —cortando la comunicación—, vendrá a verte.

—Qué alivio —comentó con tranquilidad—. No sé qué me pasa.

—Solo estrés, preciosa —dijo agarrándole la mano—, no te asustes. 

—Está bien.

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Unos minutos después.

—Todo perfecto —habló Daniel, levantándose de la cama, había terminado de revisar a Fiorella—. Unos días en cama, como lo había dicho antes y estarás como nueva.

—Gracias a Dios —dijo aliviado Máximo.

—Gracias por venir —dijo tímida ella, apenada de tanto molestarlo.

—No es molestia. Cuídate y si se llega a presentar cualquier cosa, me avisan —pidió él con tranquilidad.

—Claro, te estaremos llamando —respondió Máximo.

—Adiós —dijo saliendo de la habitación.

—A descansar —anunció él acostándose en la cama y dándole un beso en la frente.

—Sí —afirmó abrazándolo y cerrando los ojos.

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Dos semanas después.

En la mansión Greco Di Rossi.

—Por favor, mamá —habló Fiorella un poco desesperada al solo tener una hora con su madre visitándola, no tenía nada en común. Siempre terminaban peleándose—. No me gusta que nadie se meta en mi vida y menos tú. Me dejaste a los cinco años con mi padre y sin contar que solo me venían a visitar cuando te acordabas y ahora estás aquí —le recordó dolida—, para que nos conozcamos más, por favor. Sí, en casi veintiún años sin estar en mi vida, quieres resolverlo en unos pocos meses. ¡No gracias!

Fiona guardó silencio, no se atrevía a decirle nada, tenía que entenderla cuando Pedro se la enviaba para España, no tenía el valor para verla y prefería alejarse de ella, aún le dolía que su matrimonio terminara en fracaso, lo único qué bueno era su única hija, aunque la odiara a muerte.

Máximo entró con su sobrina Saray Belinda Marie a su casa con su familia que venía de Italia a visitarlos y para mayor sorpresa al bajarse se toparon con la familia de su esposa, todos se encontraban ahí porque fueron invitados, a una fiesta muy importante en el país venezolano.




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