Solo quería casarme…

Capítulo 2

Reinhardt tuvo el tacto suficiente para dejarnos solas. E incluso mamá se contuvo hasta el preciso momento en que el hombre cerró la puerta desde el otro lado. Pero tan pronto como eso sucedió, una estruendosa carcajada resonó por todo el despacho. No una risa cualquiera, sino una carcajada en toda regla. Hasta la mesa temblaba por su risa.

Así que, como la hija paciente y sensata que soy, me crucé de brazos y esperé a que la mujer se calmara. No sin resentimiento, por supuesto, pero esperé.

—¿Robert? ¿En serio? —preguntó madre aún riendo. No respondí; solo apreté más los labios y desvié la mirada—. No hace falta que te recuerde lo que te dije, ¿verdad?

Y otra vez esa risa que me sacaba de quicio.

—¡Pero es que no es mi padre! Pase con Octavian y Bastian, ¿pero mi propio papá...? Eso es despiadado.

—Lo entiendo —asintió madre, limpiándose las lágrimas del rostro. Lamentablemente, lágrimas de diversión, no de pena—. Pero así es nuestro mundo: o eres un hombre, o eres una mujer fuerte e independiente.

—¡Pero si yo quiero ser tierna y amada!

—Escucha, mi consentida: ¡como te mande a arar el campo ahora mismo, vas a ver qué tan tierna y amada te vuelves!

Me callé, pues sabía que no eran promesas vacías. Una vez, en mi adolescencia, había un chico que me gustaba. Por supuesto, ni hablar de declararle mis sentimientos. Así que lo amaba en secreto, aunque mi familia lo sabía.

¿Y cuál fue la trampa? Muy pronto, ese chico me confesó que sentía algo por Bastian. Mi hermano, por supuesto, no correspondió a sus sentimientos. Pero aun así me sentí ofendida.

Así que la venganza no se hizo esperar: por la noche me colé en su habitación con unas tijeras y le trasquilé el cabello.

A la mañana siguiente, todos sabían de mi crimen. ¡Y me delató mi niñera! Luego también me vengué de ella, pero ese no es el punto.

La señora Ariadna en ese momento aún no se había divorciado, aunque el proceso ya estaba en marcha. Y como buena madre de sus «hijos mimados», decidió castigarme. Incluso a pesar de los ruegos de la víctima de mi venganza.

Así fue como terminé por primera vez en el campo, obligada a ayudar a los labradores. ¡Yo! ¡Una dama de la casa Rosenthal!

En resumen, me maté trabajando en el campo en ese entonces, y luego pasé otro mes recibiendo azotes en el trasero durante los entrenamientos con mamá... Para no hacer el cuento largo, no volví a tocar a mis hermanos, al menos no volví a causarles un daño significativo. Y al hacer travesuras me volví más cuidadosa en cuanto a los testigos.

—Y en general: ¿qué tienen que ver la ternura y el amor con los hombres? —madre me sacó de esos recuerdos no muy agradables—. La ternura no es el mejor rasgo para una mujer; es sinónimo de debilidad. Y las mujeres débiles no duran mucho tiempo vivas. Con respecto al amor es aún más simple: tu familia te ama. Para sentirte amada, basta con que te ames a ti misma. Y en primer lugar, deja de perseguir a los hombres: valórate.

—¡Ay, mamá!

—¡Nada de «ay, mamá»! Ellos solo hacen falta si quieres un bebé. Si deseas ser madre, dímelo. Yo te busco los candidatos.

—¡¿Pero qué bebé?! ¡Si yo misma soy una niña todavía!

—¡Pues a eso voy! Eres una niña mimada, por eso no entiendes las palabras de tu madre. Cuando madures, lo entenderás.

Me ofendí aún más y le di la espalda. Pero la mujer no dijo nada. Ariadna Forane se sentó en su sillón y empezó a tamborilear pensativa sobre la mesa. Y cuando hace eso, es una señal muy mala. Está a punto de inventar algo que hará que mi trasero me me duela durante bastante tiempo.

Me apresuré a girarme para intentar distraerla de su planificación, pero ya era demasiado tarde: a la mujer le había llegado la «inspiración».

—Sabes, Amelia, estaba pensando que en el campo no serías de mucha utilidad. ¡Sin embargo!

Madre hizo una pequeña pausa, durante la cual alcancé a tragar saliva con temor.

—Mamá... Esto... Yo, mejor me voy...

—... a la incursión contra el dragón —me dejó estupefacta la Señora General con su añadidura.

—¿Qué? ¡¿A qué incursión?!

—De aventura y castigo. ¿Acaso no estabas pensando ya en quién sería el sexto? Mira cómo contemplabas a Reinhardt a pesar de saber de su relación con Theodor. Así que allá habrá suficientes hombres. Tal vez a alguno logres atrapar.

Contuve el aliento antes de tragar el nudo en mi garganta. Y luego, con una vocecita muy baja, casi un susurro, balbuceé:

—¡No puedo! Yo... yo... No tengo suficiente fuerza y, en general, soy extremadamente débil.

Mamá de inmediato me regaló una mirada de «¿a quién pretendes engañar?».

—Y además... además... ¡Papá está en contra! ¡Y Octavian con Bastian no me dejarán ir!

La mujer apoyó el codo en la mesa y reclinó la cabeza sobre su mano. Ahora se veía aburrida. Y esa es la señal de que ya lo ha decidido todo y discutir es inútil.

—Mamá, al fin y al cabo, ¡es peligroso! ¡¿De verdad vas a entregar a tu propia hija como presa para el dragón?!

Se me saltaron las lágrimas. Esperaba cualquier cosa, pero definitivamente esto no me lo aguardaba de ella. Sé que no me quiere demasiado, pero enviarme a la muerte... Eso es demasiado.

—No te hagas la gran mártir. Yo iré contigo. Serás mi escudera si no quieres participar en las batallas —suspiró pesadamente, sobándose el puente de la nariz—. Armaste toda una tragedia por semejante tontería... ¡Por Dios, pareces una niña!

La humedad de mi rostro desapareció de inmediato con un ligero ademán de su mano. Ya no daba tanto miedo, ya que la Señora General era la más fuerte. Aunque el resentimiento por su orden no desapareció.

¿Podría intentar ser un poco más descarada y convencerla de que me deje en paz? O huir de vuelta con papá... ¡Ni que fuera para tanto! ¡No sería la primera vez que un familiar me quita al prometido! Y el orgullo se puede guardar para mejores tiempos.

—Ni se te ocurra —dijo la mujer en tono amenazante antes de que tuviera tiempo de abrir la boca—. No cuentes con ninguna otra concesión.



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En el texto hay: romance, aventura, siente_el_amor

Editado: 29.07.2026

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