Sólo soy yo

El jardín trasero de la mansión Loughty era como un pequeño paraíso escondido entre todo el caos de la familia. Un seto de boj bordeaba un césped verde y cuidado, interrumpido por rosales de un rojo intenso y lavandas que llenaban el aire con su perfume dulce.

Al fondo, una fuente de mármol blanco con una estatua vertía un rumor de agua. El sol de la tarde se filtraba a través de las ramas de los árboles, creando un mosaico de luz y sombra sobre el césped. Una mariposa revoloteaba entre las rosas.

La tarde era cálida. Sobre la mesa que había sido dispuesta en el centro del jardín había una bandeja de plata con una tetera, dos tazas humeantes, y un plato con galletas de mantequilla y pastelitos de fruta. Una servilleta bordada descansaba junto a cada taza, y un pequeño jarrón con una rosa recién cortada añadía un toque de color a la mesa.

Marianne estaba sentada en una de las sillas de hierro, con las piernas cruzadas bajo la falda de su vestido celeste, un azul pálido que acentuaba la palidez de su piel y el brillo de su cabello castaño recogido en un moño bajo adornado con una cinta de encaje blanco. Un collar de perlas rodeaba su cuello, y sus guantes descansaban sobre la mesa, ya que se los había quitado para poder disfrutar de la brisa.

A pesar de la elegancia de su atuendo, sus hombros se hundían ligeramente, sus dedos jugaban con el borde de la taza de té, delatando su cansancio.

Bram estaba sentado frente a ella, permanecía sentado de lado, el rostro hundido en una mano mientras la otra colgaba del respaldo de la silla con total desgano. Vestía un traje de paño gris oscuro, con un chaleco de seda negro que resaltaba el color café de sus ojos. Su cabello, del mismo tono que el de Marianne, estaba peinado hacia atrás con un toque descuidado.

—¿Sabes una cosa, hermana? —dijo Bram, tomando un pastelito de la bandeja y mordiendo un trozo—. Creo que este es el primer día en todo el año que logramos estar en paz sin que nadie nos moleste.

Marianne rio, un sonido ligero. Con Bram, al menos en los momentos en los que más odiaba su apariencia, podía ser ella misma. No tenía que fingir. No tenía que sonreír cuando no quería.

—No me lo recuerdes —dijo, tomando su taza de té y llevándola a los labios—. La semana pasada llegó Arthur con su séquito de sirvientes y sus preguntas sobre los negocios del puerto.

—Arthur siempre aparece en el peor momento —dijo Bram, y su tono era irónico—. Es su talento especial.

Marianne miró a su hermano mayor con los ojos entrecerrados.

—El tuyo es desaparecer justo cuando te necesito.

Bram se llevó una mano al pecho, fingiendo estar ofendido. Su gesto siendo tan falso que Marianne no pudo evitar reírse de nuevo.

—¿Yo? ¿Desaparecer? Yo soy el hermano más presente que existe. Tú solo no sabes apreciarlo.

—Tú eres el hermano que pasa más tiempo en los muelles que en su propia casa.

—Mira quién lo dice —resopló Bram con una sonrisa, inclinándose hacia atrás y estirando las piernas—. Tú desapareces casi todos los días. Además, estar fuera de casa es mucho más interesante.

La vida de su hermano, tan diferente a la de Marianne, pero con un mismo denominador común: la autenticidad. Sintió una punzada de envidia, no por su libertad física, sino por la forma en que él parecía haber aceptado su lugar en el mundo, aunque fuera en los márgenes de la sociedad.

—¿Y alguna vez has pensado en dejar todo esto? —preguntó Marianne, señalando la mansión con un gesto vago—. Irte a vivir a los muelles. Ser libre.

Bram se quedó en silencio un momento, y su sonrisa se desvaneció ligeramente. Sus dedos, que segundos antes jugaban con el borde de la taza, se detuvieron y se posaron quietos sobre la porcelana.

—Lo he pensado —admitió—. Pero no es tan fácil. No solo por el dinero, sino por... otras cosas.

—¿Qué cosas?

Bram la miró a los ojos, mostrando en ellos una vulnerabilidad que Marianne casi nunca había visto.

—No sé si lo entenderías —susurró Bram—. A veces ni yo mismo lo entiendo.

Marianne dejó la taza de té sobre la mesa y se inclinó hacia él. Sus ojos, que reflejaban la luz del atardecer, se fijaron en los de su hermano con intensidad.

—Inténtalo —dijo con voz suave—. Puedes intentarlo.

Bram la observó en silencio, como si estuviera sopesando sus palabras. Sus dedos se movieron de nuevo, esta vez para tomar una galleta de mantequilla, pero no la llevó a sus labios. La sostuvo en el aire mientras su mente parecía viajar a otro lugar. El tic-tac lejano de un reloj de pared, que llegaba desde la mansión abierta, llenaba el silencio.

—¿Alguna vez has sentido que no encajas? —preguntó finalmente—. No solo en la familia, sino en la sociedad. Como si todos los demás hubieran recibido un manual de instrucciones excepto tú.

Marianne sintió que el corazón se le aceleraba. Esa pregunta resonaba demasiado cerca de sus propios sentimientos. Sintió que el nudo en su garganta se apretaba, y por un momento, el miedo a decir la verdad la paralizó. Pero la mirada de Bram era tan sincera, tan vulnerable, que no pudo evitar responder con la misma honestidad.

—Sí —respondió Marianne en un susurro—. Sí, lo he sentido.

Bram asintió lentamente, como si la respuesta hubiera confirmado algo que ya sabía. Sus dedos, que seguían sosteniendo la galleta sin comerla, se relajaron y la dejaron sobre la mesa, distraído. Parecía que las palabras que había estado guardando durante tanto tiempo empezaban a encontrar un camino hacia el exterior.

—Pues eso es lo que me pasa a mí. Pero no es solo que no encaje. Es que no siento lo que los demás parecen sentir.

Marianne frunció el ceño, confundida. No entendía del todo a qué se refería, pero había algo en su tono, en la forma en que sus dedos se tensaban sobre la mesa, que le decía que era importante. Que era algo que había estado guardando durante mucho tiempo.

—¿A qué te refieres? —preguntó invadida por la curiosidad.



#25222 en Novela romántica
#15132 en Otros
#1453 en Novela histórica

En el texto hay: romance, violencia, epocavictoriana

Editado: 16.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.