Solo una oportunidad

05

“LÁGRIMAS Y MÁS LÁGRIMAS”

Cuando cumplí los 10 años sentía que ya no era una niña, aunque tuviera el cuerpo de una niña, sentía que ya era una mujer madura, Crecí un poco de tamaño solo un poco, al parecer seria pequeña.

Una tarde de mayo, regresé del colegio.

—¡mamá!, ¡Papá! ¡Miguel! — grité, pero no obtuve respuesta.

—¿hay alguien con vida? — grite citando la frase del Titanic y como siempre no había ni mi padre ni mi madre ni mi hermano.

“sola de nuevo” pensé

Fui directo a la cocina y me preparé unos macarrones con queso, es mi comida favorita, yo aprendí a cocinar y a hacer muchas cosas después de cumplir los 8 años, Lucero fue de gran ayuda, pero mamá la despidió y no supe más de ella. Luego de ello me dispuse a limpiar un poco cada habitación y me puse a hacer mis tareas del colegio.

Estaba haciendo mis labores con música, no puedo hacer nada sin música y escuché a mis padres llegar, cuando bajé a saludar, me di cuenta que estaban muy ebrios, cosa que me pareció raro, ya que casi no se hablaban y papá casi ni venía a casa.

Decidí no decir nada, tal vez solo estaban celebrando algo o que se yo, ya nada me sorprendía, regresé a mi habitación que se encontraba en el segundo piso, estaba por ducharme ya que mis padres estaban en la sala, pero sentía que debería esperar, algo en mi corazón me decía que esperara. Primero se escucharon risas, esas risas escandalosas de las personas cuando beben, pero luego escuché botellas rompiéndose, después gritos.

Me asusté, y demasiado, corrí a la habitación de mi hermano a pedir ayuda o que me acompañé.

—Miguel ven vamos a ver a papá y mamá, deben tener algo o les paso algo, escucho mucha bulla — le dije mientras tocaba la puerta.

—Elisa vete quieres, estoy cansado, tuve un día pesado así que deja que arreglen sus problemas tú no te metas.

—pero.

—pero nada Elisa y ya lárgate, deja que solucionen sus problemas— lo último lo grito.

Me arme de valor y algo temerosa baje para ver que todo esté bien.

Muy mala idea. Terrible idea

Al llegar al final de las escaleras vi el preciso momento donde mi padre le dio un golpe a mi madre. Jamás creí que papá la golpearía, siempre se mostró como alguien tranquilo, pero al parecer no lo conocía del todo y grite de sorpresa y también de miedo al ver esa escena.

Mi padre se dio cuenta y trato de explicarlo.

—hija, no es lo que crees— se acercó a mí, pero yo solo retrocedí ante este gesto, tenía miedo, mi padre hablo.

—maldición— salió de la casa cerrando de un portazo

Mi madre empezó a llorar desconsoladamente y me miro, en su mirada se reflejaba ira y me pregunte

¿dónde quedo la dulce mirada amorosa de mi madre? Con su mirada me tranquilizaba. Vino a mí y me tomo por los hombros y repetía una y otra vez

—tú, tú tienes la maldita culpa, tú solo tú, ya me cansé de ti, ojalá te hubieras muerto tú en lugar de tu prima, todo se fue al drenaje desde ese accidente siempre ocasionaras problemas, siempre— dijo todo esto llorando.

—no mamá no, no, yo no tengo la culpa yo no—Yo solo repetía, me solté de su agarre y la miré, se veía acabada y subí a mi habitación. Me mire al espejo tratando de comprender todo lo que sucedía.

¿Realmente yo era la culpable de todo?

¿realmente era culpable?

Empiezo a creer que sí.

Para mi buena suerte tenía un balcón y mi habitación así que salí, vi que había salido la luna y apenas se apreciaban las estrellas, por un momento se me metió a la cabeza la idea de querer largarme o morir, me senté en el suelo y mirando a la luna comencé a llorar, lloré como nunca, lloré hasta quedarme dormida.

Es muy triste que una niña de solo 10 años llore hasta quedarse dormida. Aún estaba en la edad de querer ser una princesa. Pero la realidad era otra, mi realidad, una triste realidad de una niña de 10 años.

Cuando cumplí los 11 años, me sentía destrozada, cada día era peor que el otro, mi madre se empeñaba a en lograr que me sintiera culpable por todo lo que le pasaba y consiguió su propósito, me sentía culpable, me siento culpable, una mañana de un sábado, limpiando la cocina vi el cuchillo, sin pensarlo me hice un corte pequeño en la muñeca.

Sentía una agradable sensación de paz, y a partir de ese día, cada noche lo hacía. Me cortaba las piernas, el estómago, los brazos. Una tarde, tras una discusión con mi madre, decidí que quería acabar con el dolor y me corté en la vena, la sangre empezaba a salir por montón, pero algo pasó, algo me hizo darme cuenta que lo que estaba haciendo estaba mal, agarré un trapo e hice un torniquete y corrí al hospital y me atendieron.

—¿Cuál es tu nombre? — pregunto una enfermera

—Elisa Smith— dije con temor.

—¿Cuántos años tiene? — me pregunto la enfermera.

—tengo 11— respondí

—¿vives con tus padres o un tutor?

—vivo con mis padres, señora.

—cariño, ¿está todo bien en casa? ¿tienes problemas con mamá o papá? — pegunto.

—si todo bien, solo fue un accidente— me miro no muy convencida.

—si tienes algún problema aquí te podemos ayudar, no tengas miedo— me dio una sonrisa cálida, de esas sonrisas que no había visto en mucho tiempo, pero no podía decirle nada, solo se pondrían peor las cosas y les haría más daño.

—muchas gracias, estará todo bien—. Dicho esto, salí rumbo a casa.

Nadie se enteró de lo hice y tiene que seguir así por mucho tiempo y así me aseguré de limpiar todo, aunque me dolía la muñeca y como ni atención me daban, no se dieron cuenta y decidí mejor no comentar ni levantar sospechas.

Sonó el teléfono de la casa

— ¿hola?

—hola hija

—hola papi ¿Cómo estás?

—bien hija ¿y tú?

—igual papi.

—estaré fuera de casa por unos meses, es por trabajo

—bien cuídate




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.