Solo una ordinaria historia de amor

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Cinco años sin trabajar. Esos son 1826 días sin trabajar para alguien más en una empresa, seguir un horario y ganar dinero

Cumplo veintinueve años, casi treinta y al final, alguien me hizo una entrevista para un puesto.

No es la gran cosa y la entrevista está programada para el miércoles de esta semana. Sinceramente no se si encajo pero haré lo mejor que pueda.

Diría que me siento bien pero en realidad, estoy fatal.

Mi estado físico no es el mejor, me mareo cuando camino mucho, me agitó cuando camino poco y estoy pálida. El médico me dijo que era estrés pero no estoy segura, no se si perdí o gane peso pero la ropa me queda diferente. A veces me duele el estómago pero nadie me dice porque y solo lo relacionan a la presión de conseguir trabajo. Lloro en cualquier momento pero no soluciona nada.

Recuerdo que cuando regresé de la casa de mi hermana, las cosas en casa habían terminado. Desatando sus frustraciones en mi, mi padre me dijo que ya no me quiere ver, ok lo entiendo. Mi madre me culpa por arruinar su matrimonio, si hubiera sido mejor hija, la historia sería diferente pero me tocó a mí desempeñar ese papel y las consecuencias son un tema del que nunca se ha hablado: el divorcio.

Mis hermanos son otro tema. Ellos me ignoran. Ya no me hablan pero esperan que su comida esté en la mesa. Regrese a casa porque no tenía otro sitio a dónde ir pero no me siento bienvenida, creo que soy una invitada más y me he cansado de aceptar eso sin replicar. Cada palabra que sale de esta boca solo hace que me ponga triste más y más hasta dormir llorando porque nadie escucha lo que tengo que decir.

Estos años sin trabajar, fueron una tortura. No importa como lo intentara, parecía que me estaba saboteando para no hacer nada con mi vida y no estoy hablando de reconocimiento sino de ganancia e independencia. Cuando me cruzo con mi mamá en casa, solo menciona cuánto la decepciona, preferiría otra hija y como sus esperanzas e ilusiones se han ido con alguien más. Aun así, no me dejan irme bajo la excusa de que debería estar casada para salir de mi hogar.

Ya no puedo con esto, quizás estarían mejor sin mi.

Además tengo que lidiar con el rompimiento. Al final, la distancia fue más para la relación que decidimos terminar y por decidimos me refiero a que, hablamos pero nos sentíamos como extraños. Mencionó que su carrera no iba bien y que el matrimonio estaba fuera de discusión si yo no comenzaba a trabajar pronto. Los gastos de la vida están por los cielos y no le alcanza para mantenerme... ¿le pedí eso? De lo único que hablamos es de lo difícil que es debutar como cantante y sobre sus viajes... el matrimonio no es importante pero se que decidió hablar primero porque hubo rumores sobre su persona acerca de su romance secreto. Está bien, incluso yo sabía que su carrera es más importante que yo.

El día que fui a la entrevista, empecé bien y trate de no señalar las incoherencias que decían. Señalaron mi edad, mis deseos de no ser madre y mis habilidades en conjunto con mi inactividad laboral. Aun así, me aceptaron porque mis expectativas laborales eran nulas además de que soy callada y rápida aprendiendo. El sueldo no es mucho pero en unos meses podré mudarme. Mi plan, que solo era un sueño, es ahorrar y salir de esa casa. El motivo porque no expreso como me siento dentro de lo que escribo es que alguien lee este cuaderno y lo odio. No tengo nada de privacidad.

La felicidad y tristeza por mis avances se superpusieron en un solo día y tengo un nudo en la garganta. Regresé feliz a casa pensando que el tener un empleo de vuelta los haría sentir bien pero la mirada de mi madre me recordó que solo era una invitada en casa.

— Al fin llegas, toma — me entrega un libro de contabilidad y unas hojas — quiero que te vayas de mi casa en este instante. En este libro están desglosados los gastos que has hecho durante 20 años, incluye desde tu época escolar hasta el dinero que te di está mañana y esos documentos... es una demanda. Debes de pagar todo el dinero que invertimos en ti.

— ¿Es broma?

— Yo no bromeó. Ya estoy harta de que mientas y digas que no estás bien para conseguir un empleo, te veo caminando y respirando... no hay excusas para que te la pases encerrada en tu habitación haciendo nada y con el celular en la mano

— Hago todos los quehaceres y comidas de esta casa incluso hago prendas cada vez que me las pides, ¿eso no es trabajo?

— Lily, tu educación me costó. Deberías agradecerme por convencer a tu padre por dejarte estudiar o de lo contrario ya estarías de patitas en la calle.

El nudo en la garganta se ha hecho más grande. Si digo lo que estoy pensando seguramente me quedaré como mala hija y terminaré con una denuncia por agresiones. Trato de callarme pero me hierve la sangre. Ha sido igual todo estos años. Me ofende, me grita y ni siquiera piensa en disculparse. Me he cansado de solo esperar que las cosas mejoren cuando es evidente que la que carga con los problemas soy yo.

— ¿Algo más?

— Solo puedes irte de está casa con las cosas que tú compraste. Empieza a empacar ahora.

Con ganas de llorar, subo a mi habitación. Al abrir la puerta me doy cuenta que todas mis pertenencias han desaparecido, no hay nada allí, ni mis libros, mis comics, mi ropa y accesorios se han ido. Quiero gritar pero no ganaré nada y antes de poder siquiera quejarme, empiezo a llorar a lágrima viva.




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