Solo una ordinaria historia de amor

06

Cinco años vacíos, sin duda, es una marca para arrepentirse. Imagínate durar cinco años en medio de la nada y que nadie te pregunté mas si estarás vivo o no. Ahora imagínate ser prisionera de tu mente, dudar de tus habilidades y avanzar un paso para retroceder diez. Los problemas ya no son relevantes porque tú eres el problema pero no la respuesta. No hay solución para tus palabras, solo el mero comportamiento que tienes hacia distintas circunstancias hace que tu vida deje de valer. No lo decides tú, lo han decidido por ti.

La última noche de sus 29 años pensó que lo mejor hubiera sido irse lejos y no regresar a la vida que eligió, si decidió mal fue porque lo merecía y nada más.

Y sí…

— ¿A qué hora te vas a levantar? ¿No tienes clases en media hora? Después no vengas a decirme que se te hizo tarde por mi culpa vístete pronto que tú padre debe irse en cinco minutos.

El ruido me despertó. Cuando miré el reloj, marcaba exactamente las seis veinte am. Había dormido lo que le parecieron días, tuve un sueño de su mi de treinta años que no era nada más que un fracaso. La sensación de que debía hacer algo, me dejó letárgica una vez más hasta que mi madre entró de nuevo a la habitación a quejarse de mi impuntualidad. Ella siempre estaba enojada y la causa siempre era la misma: discusiones con su marido.

Lo sé

Fue solo un sueño, vivido pero un sueño y en este momento no podía preocuparme por eso.

Mientras me maquillaba, recordaba en mi mente lo que era mi vida. Tenía 18 años, hace 19 años mis padres se casaron con la expectativa de una mejor vida. Él era recién graduado y se convirtió en un empleado modelo que no se dejaba mandar y quería ser independiente al mismo tiempo que quería vivir la gran vida a la que estaba acostumbrado. Ambos tenían el sueño de agrandar la familia, querían hijos varones como todos los descendientes de sus respectivas familias, sin embargo, la vida se burló de ellos en sus caras al darles una hija a la que nombraron Lily...

Eso no era importante

Criar a una hija era como criar un animal salvaje, una pérdida de tiempo, dinero y esfuerzo dicho en sus palabras.

Esencialmente su concepto era ese puesto que las hijas estaban destinadas a irse a otra familia después de terminar su educación básica. Para su buena suerte, después de su segunda hija nació un hijo que se volvió su adoración. Cuando la fábrica parecía que iba a cerrar, llegaron al mundo dos niños más que si bien la familia no era rica, no iban a mentir diciendo que podían costearlo. La bendición de sus hijos varones pareció ayudar a sus dificultades financieras cuando innumerables regalos llegaron a su puerta a modo de felicitación.

De todos modos, la realidad era otra.

Su familia era pobre. Dicho en palabras más simples que eso, no había nada. A veces la comida faltaba y no tenían los grandes electrodomésticos que pudieran utilizar siempre, solo era una familia de siete integrantes que creía ciegamente que las cosas iban a mejorar trabajando hasta el cansancio o echándole ganas.

— Toma, solo te daré dinero para el pasaje. Cuidadito y no entres a clases, siempre te estoy vigilando y haz el favor de quitarte ese maquillaje de la cara, te ves horrenda. Ya eres adulta así que no des una imagen equivocada a la que hemos inculcado en ti.

Salí de la casa y en diez minutos ya estaba frente a su aula de clases. Su horario habitual era de siete de la mañana hasta las dos de la tarde sin descanso para desayunar. Estando en uno de los periodos más importantes de mi vida, la mayoría de mis compañeros de aula se dedicaban a estudiar para el examen de ingreso a la universidad siendo yo quien menos interés tenía en presentarlo. Hasta ese momento, no se había preguntado qué quería estudiar o si debería dedicarme a una actividad por el resto de su vida llegando a pensar un poco en el sueño que tuvo, un escalofrio recorrio su cuerpo, nunca diría que elegir algo relacionado con diseño estaría bien y menos si iba a terminar de esa manera lamentándose por todo.

La sensación de mal sueño desapareció y podía pensar con claridad.

— Oye, ¿me explicas eso?

— Seguro

Era habitual explicar conceptos vistos en clase que fueron olvidados repentinamente era como un síntoma común de nerviosismo entre los alumnos de último año. Era inteligente sí pero porque tenía gran capacidad para memorizar información y aplicarla. Al platicar con mis compañeros de clases con esa familiaridad amigable no entendía porque seguía haciéndolo si al terminar de explicar me quedaba sola y no era divertido. Pronto tendría que hacer sus trámites para ingresar a la universidad y en cinco meses prepararse para el examen que definiría su vida, pensarlo como algo impersonal solo dejaba claro que no quería presentarlo pero no había manera de que lo dijera en voz alta. Entiendo que para personas como yo, ir a una buena universidad es la mejor opción pero hay cientos de carreras a elegir.

El horario escolar terminó

Decidí que al regresar a casa, hablaría con mis padres sobre mi futuro, sinceramente no espero gran cosa si ese sueño es una advertencia sobre algo, le haré caso. Mi madre no tendrá derecho a reciprocar porque ella es fiel creyente de los sueños proféticos.

Pues, estaba equivocada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.