Solo una ordinaria historia de amor

08

La casa a la que fue invitada no era muy elegante para la fama que los rodeaba. Con la ayuda de Ray, Lily entró y la sentaron en la sala. El asistente que los acompañaba llevó un botiquín de primeros auxilios y curó las heridas de la cara. Ahora podía sentir que estaba hinchada. Llevaba su ropa de calle y la mochila de la escuela.

— ¿Quiere decirnos que sucedió?

— En realidad no, quisiera regresar a mi casa y si me prestarán dinero para un taxi...

— Señorita, ¿a dónde va con esas heridas? ¿A la casa que las provocó?

— Señor, no es su asunto.

— Lo sé pero Ray me pidió que la ayude y mi ayuda no terminará hasta que la vea mejor. Ni siquiera puede ponerse en pie y no ha visto cómo está su cara en este momento, está segura de que es su única opción?

No lo creyó hasta que miró su reflejo en una superficie. Tenía un moreton que cubría la mitad de su cara, cortadas en la frente, su cabello está hecho un desastre y de sus brazos salían marcas de golpes que ya habían cambiando de color. No era algo que fuera a ocultar, solo las consecuencias de su insubordinación.

— Mañana la llevaré al médico y fin de la discusión. Alan, ve a preparar una habitación, ropa y comida. Date un baño y descansa, si no lo haces, esta misma noche iré a las autoridades y levantaré una denuncia contra la bestia que te hizo esto.

— ¿Me ayuda así de fácil? Estoy obteniendo más de lo que he pedido en mi vida... ¿Qué debo hacer para pagarle?

— Cuando puedas caminar, te diré qué puedes hacer.

El señor no se presentó y salió de la sala seguido de Ray. El hombre llamado Alan, la ayudó a levantarse pero ni siquiera pudo ponerse en pie sola. Cuando miro el sillón, noto que estaba manchado. Se puso nerviosa y con su ropa comenzó a limpiarlo, tallando con desesperación Alan intentó detenerla pero el dolor se hizo más fuerte que sola se detuvo. Lleno de sangre el sillón de una familia desconocida, no tenía dinero y seguramente tendría que pagar la limpieza. Alan la obligó a ir al baño, le indico lo que podía usar y se dio la vuelta dejándola sola unos minutos, fue a buscarle algo de ropa.

El agua caliente la relajo bastante. Podía sentir el cabello maltratado en su cabeza incluso los mechones que ya no estaban allí. Con dolor y desesperación, logró salir del baño vistiendo una bata. En la puerta se encontró a Ray quien le daba el brazo para ayudarla a caminar.

— No te enojes con mi tío, es buena persona.

— Lo sé pero aún así pagaré

— ¿Por qué no te quedas a vivir aquí?

— No nos conocemos. Agradezco la ayuda pero soy el tipo de persona que atrae problemas.

— ¿Ah sí? ¿Y como si en la escuela siempre te veo sola?

— Disculpa... Hmmm

— Ray Dávalos

— Ray... Solo soy una persona problemática. Es mejor si no se involucran conmigo.

— Yo creo señorita Lily que tratas de vivir como te han etiquetado. Sé que no está bien y mañana que despiertes, ojalá puedas aceptar la ayuda que ofrece mi tío.

— ¿Por qué?

— Porque yo le estoy pidiendo que te ayude. — le dijo deteniéndose en una habitación, — Alan dejó alguna ropa. Si te duele algo, grita y te llevaremos al hospital. Intenta descansar.

Siendo fin de semana, al día siguiente despertó después del medio día. Tardó mucho en conciliar el sueño cuando logró cambiarse así que supuso que el agotamiento contribuyó a su sueño profundo. Alguien tocó su puerta y sin esperar respuesta entró, el mismo hombre de la noche anterior llevaba un botiquín en sus manos, la ayudó a sentarse y observó cómo estaba su cara.

— ¿Crees que podrías levantarte?

A modo de respuesta hizo el intento pero no se pudo poner en pie, estaba. adolorida.

— Te revisaré pero lo mejor sería llevarte a una clínica para una evaluación completa.

— Pero…

— ¿Tu nombre es?

— Lily Oribe

— ¿Tu edad?

— Tengo 18 años pero aún soy estudiante de preparatoria

— Bien... Vamos... — le dijo tendiendo su mano

— Señor, no tengo dinero ni seguro para ir a un hospital

— Lo sé y nadie te está cobrando. Te ayudaré a bajar y te llevaré a la clínica de un amigo de Ángel, en urgencias tardarán atenderte si no estás muriendo así que... Vamos.

Cómo mucho esfuerzo logró ponerse en pie pero sus piernas parecían de gelatina. Sentía que había corrido varios maratones y no podía andar. Alan la cargó con delicadeza y la llevó hasta el auto que ya estaba preparado. En el trayecto sintió que ella estaba muy ligera para la edad que decía tener.

En la clínica, hicieron varios estudios. No dio explicaciones de lo sucedido por lo que supuso ya le habían contado una historia al médico que la revisaba. Las enfermeras no dejaban de murmurar entre ellas y después de varias horas, salió por su propio pie. Alan la llevó de vuelta a la casa y después de acompañarla hasta la habitación que ocupaba, salió.

Por otra parte, el dueño del lugar estaba trabajando. Solo con el nombre y apellido logró averiguar quién era el padre de la chica. No tenía otra obligación moral más que dejarla ir cuando se sintiera mejor pero si regresaba a ese ambiente tenía que algo grave pudiera sucederle.




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