Solo una ordinaria historia de amor

10

El día de Ángel Dávalos comenzaba a las siete de la mañana, un hombre que apenas pasaba los cuarenta años evitaba bañarse en las mañanas dada su salud frágil durante el final de otoño y todo el invierno. Martha, su ama de llaves, se había asegurado de seguir al pie de la letra la guía de alimentos que envió su nutrióloga. No era un secreto que desde hace años su salud comenzó a decaer pero era notorio que en días recientes, su amabilidad volvió a florecer.

Desde el momento en qué Lily volvió a caminar, comenzó a auxiliar a Martha en la cocina. No hacía muchas cosas y parecía que llevaba años cocinando, Ángel lo notó en el primer bocado de su nueva comida.

Desabrida.

Y no por eso iba a reprenderla.

Ángel Dávalos había escuchado de Alan que en la casa de ella, sus cosas fueron tiradas a la basura por lo que necesitaba comprarle algo de ropa y productos de higiene. Los días en que la vio caminar por la casa, aún usaba la ropa que le dio Alan. No pensó que ella pediría permiso para todo, desde lavar sus prendas hasta tomar una rebanada de pan de la cocina. Fue como si la hubieran programado para solo ser cortés y anteponer a los demás sobre ella.

La siguiente comida que cocino también estaba desabrida. Según Martha, no importaba cuánta sal le pusiera, a su gusto estaba bien. No era algo que no se pudiera corregir solo que ese tipo de sazón, le resultaba agradable.

Los primeros días de trabajo resultan agotadores. La cara de Lily apenas estaba regresando a su color habitual y además de usar los productos que le dio Alan, no había muchas cosas que pudiera llamar suyas. El domingo por la tarde, ella fue al despacho del señor Dávalos. Él estaba allí, sentado detrás de su escritorio con un sobre pequeño enfrente.

— Buenas tardes

— Buenas tardes Lily. ¿Cómo te fue estos días de trabajo? — pregunto. Fueron tres días que debían ser pagados.

— Bien, la señora Martha es muy paciente al enseñarme y quisiera disculparme por dejar la comida sin sabor.

— No te preocupes, estuvo rica.

Lily no entendió lo que quería decir, si hubiera sido su madre la habrían reprendido por qué faltaba sal.

— Aquí está el pago de tres días de trabajo. Dado que cocinaras diario para mí, los días de pago serán los domingos y el lunes comienza de nuevo la semana.

— Gracias... Hmmm, ¿ha descontado lo que cuesta vivir aquí?

— ¿A qué te refieres Lily?

— Renta de la habitación y comida. Yo rara vez enciendo la luz del dormitorio, también uso la menor cantidad de agua para bañarme y no uso el internet de la casa. Además estoy anotando todos los gastos que tengo viviendo aquí incluido el médico, la ropa y los medicamentos que estoy tomando.

— ¿Por qué? Lily, yo no te estoy cobrando los servicios de mi casa. Quizás no fui claro al señalar que también vives aquí y puedes disponer de ello como sea necesario.

— Pero si gasto demasiado

— No importa. Yo soy quien paga los servicios. Los tuyos y los de Ray incluso de Alan cuando es invitado de está casa. Si hay algo que necesites, debes pedirlo. No te cobraré ni te descontare algo del dinero que te has ganado.

— Pero me sentiré más cómoda sabiendo que pagó algo por quedarme aquí — pidió al saber que estaba viviendo a expensas de otros.

— Bien, entonces hagamos algo. Puedes pagar una renta mensual a partir de febrero. Ahora mismo es diciembre y son vacaciones. En enero debes inscribirte al nuevo semestre y debes ahorrar. No te voy a prohibir tener otro trabajo pero debes terminar la preparatoria. Además si veo que estás muy cansada para no terminar tus actividades, deberás dejar de trabajar fuera de esta casa.

— Febrero, ok.

— Si eso es todo, puedes irte.

Lily salió del despacho y fue a su dormitorio. La habitación era más grande en comparación a la que tenía en casa. Solo tenía muebles básicos y su mochila de la escuela. Cómo tiraron sus cosas también perdió la mitad de los libros de la escuela por lo que debía conseguirlos nuevamente. Ya había presentado los exámenes de semestre antes de todo el incidente y si conseguía un buen horario, podría pasar a otro trabajo que no interfiera con sus deberes principales.

— Ahorrar, es lo que necesito ahora

Siguiendo sus viejos hábitos, contó el dinero del sobre. Haciendo cálculos, le pagaban todo un día de trabajo y no solo las horas que cocinaba. Anotar sus cuentas, distribuir el dinero le dejaba muy poco efectivo para sus gastos. No podía seguir usando ropa de hombre y comprar algo tampoco era una opción inmediata.

— Lily, soy Alan, ¿puedo pasar?

— Si — contesto y se abrió la puerta.

Alan estaba a punto de irse. Escuchó que visitará a sus padres junto a Ray a quien no había visto.

— ¿Estarás ocupada el siguiente domingo?

— No lo creo, ¿pasa algo?

— Vamos de compras.

— Yo no tengo dinero

— Pero yo sí...

— Para ti

— No para ti. Escucha... por la expresión que tienes, parece que sientes que no lo mereces pero debes vestir ropa cómoda. Mis pantalones te quedan enormes y es invierno, y te vas a congelar esperando solo que este abrigo gigante se seque.




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