Solo una ordinaria historia de amor

11

Ray jugaba con la comida.

Sus abuelos se mostraron preocupados por su comportamiento. La noche anterior que llegó, la alegría habitual que siempre tenía al verlos había desaparecido, Alan se mostró jovial al abrazarlos pero Ray se sentía como un extraño.

— Cariño, ¿no te gustó el desayuno? preferirías algo más? ¿Estás a dieta? ¿Es algo de la academia?

— No abuela, todo está bien... la comida es rica. ¿Puedo retirarme?

— Solo si prometes a la abuela comer alguna fruta antes del almuerzo.

— De acuerdo... estaré practicando en mi habitación.

Se levantó no sin antes dirigirle una mirada hostil a Alan. No entendía porque su tío actuaba tan coqueto con una chica que jamás voltearía a ver. Después de entrar a la habitación, recordó que él solo tenía tres años de diferencia con Lily y era más probable que ella le hiciera caso en lugar de verlo a él.

— No, no pienses así. Fue una ayuda desinteresada.

Este año, visitó antes a sus abuelos puesto que ellos viajarán al otro lado del mundo a visitar a su hijo mayor por las fiestas decembrinas. El pasaporte de Ray ya había caducado y ni siquiera pudo renovarlo antes de elegir los vuelos. Alan tampoco los acompañaría con el pretexto de cuidar de su sobrino además de que tendría que estudiar mucho para sus exámenes.

— Regresaré para navidad — comenzó a enumerar — año nuevo e inicio de clases. Lo primero sería hacer que Lily me note. No importa, solo quiero que seamos amigos.

Tomó su guitarra y comenzó a tocar las notas que sabía. Su padre le había regalado esa guitarra hace tantos años que sería mentira decir que alguna vez se lo dijo. La realidad era que no recordaba a sus padres, ellos fallecieron en un accidente de auto cuando él solo era un bebé. Su tío Ángel también había perdido a su familia en el mismo accidente y de alguna manera, creyó que estar cerca de él era como una especie de tortura que estaba por soportar solo para recordar que la vida era frágil.

Su tío Ángel, cumplía todos sus caprichos por ridículos que fueran. El dinero no era problema si tenía varios negocios que casi se manejan solos. Aun así, sentía que debía corresponder a esas peticiones con buenas notas y desempeño sobresaliente, creía que si no lo hacía de esa manera, el karma se encargaría de castigarlo.

— Pero, ¿por qué Alan?

Se acostó en la cama.

Fue testigo de ese abrazo tan cariñoso y no podía dejar de recordarlo cada vez que se encontraban.

Cerró los ojos y quería pensar en algo más.

Su familia materna, sus abuelos tuvieron tres hijos y dos hijas. Una de sus hijas se convirtió en su madre a principios de sus veinte. Se casó con el hijo mayor del dueño de una inmobiliaria, tuvieron un hijo al que adoraban y un viaje familiar se convirtió en el trauma de todos. El incidente salió en las noticias como uno de los peores accidentes del país... y aún así, él sobrevivió a costa de otros. A lo mejor, su destino era convertirse en una persona altruista y por eso ayudó a Lily.

— Pero, ¿por qué Alan?

Se repitió la misma pregunta pero con una voz a punto de romperse. Alan es el hijo menor de su familia menor, es el hijo no planeado puesto que nació cuando sus padres eran un poco mayores. Alan lo sabe y por eso quiere ser perfecto en todo... mi tío, el inteligente y sociable chico universitario...

— ¿Por qué tiene que fijarse en la chica que me gusta?!

Se levantó de golpe. Miro hacia la puerta y esperaba que no lo hubiera escuchado. Si alguien se enteraba que mostraba interés en una mujer, su carrera acabaría antes de comenzar. Guardó silencio y prefirió seguir practicando sin pensar en nada más.

Por otro lado, Alan estaba lavando los platos. Pensaba en mandarle un mensaje a Lily o solamente llegar el día acordado para ir de compras. Al recordar la manera en que ella se dejó abrazar, los nervios inundaron su cuerpo. No es como si hubiera planeado hacerlo, solo sintió que la ocasión lo ameritaba. Solo era un abrazo, no una propuesta, incluso el mismo era cariñoso con sus amigas mientras no estuvieran en alguna relación pero por lo mismo, no tenía novia. Su prioridad era estudiar.

Después de hacer algunas tareas, fue con su padre a jugar ajedrez. Todavía no sabía los movimientos correctos así que perdió la partida sin compasión. Su padre era de pocas palabras, quería ver a sus hijos felices pero ya era mayor y pensaba que no llegaría a ver a su hijo menor graduarse. La pérdida de Ana, su hija menor y madre de Ray, lo destruyó por completo y lo destruía más el hecho de no mencionar cuánto la extrañaba. Las fiestas decembrinas no eran lo mismo por una ausencia e intentar fingirlo contrario se sentía devastador.

— Alan, ¿estás saliendo con alguien?

Esa pregunta lo tomó de sorpresa.

— No... desde que entré a la universidad no he salido con nadie.

— Entiendo... Hijo, por favor... se un buen hombre. Eras tan joven cuando tú hermana falleció, tus hermanos mayores también tienen una vida hecha y quisiera que tú también te estableciera con una buena persona.

— Lo haré, pronto conoceré a alguien que pueda convertirse en mi familia y tú estarás allí para verlo. Mamá también, seguramente ella será una buena nuera.




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