Al final de la noche, los miembros VIP tuvieron acceso a camerinos donde pudieron tomarse fotos con la banda y selfies con el integrante de su preferencia. Alan la llevó de la mano y se emocionó más cuando le tomaron una foto con Lucas. Su sonrisa cubría toda su cara; la felicidad se podía palpar en su cuerpo. Era como un aura amarilla que irradiaba de ella.
—Señorita, ¿le gustaría tomarse una foto con alguien más? —preguntó el fotógrafo al verla mirar al bajista.
—¿Se puede? —preguntó y señaló al bajista. Alan pagaría extra esa foto solo para ver esa sonrisa de nuevo.
Y es que de su parte no entendía cómo una persona de su edad no había vivido ese tipo de experiencias, no de conocer al artista o tomarse fotos, sino asistir a un evento y divertirse. Mientras tomaban la foto, el bajista sonrió al pasar su brazo por sus hombros, pero sin tocarla. Lily parecía decirle algo y se sonrojó. No iba a caer en una trampa de celos; solo era un tipo de fanservice. Enfocó su atención en llenar el papeleo de envío y, al terminar la convivencia, los llevaron a una sala donde entregaron por asistente una bolsa de regalo con mercancía de la banda.
Alan no dejaba de mirarla. Había algo que le llamaba tanto la atención que lo dejaba anonadado. Lily tomó su mano sin decir nada y sonrió.
—No imaginé que haría esto ahora —y levantó su mano—. ¿Alan?
—Yo tampoco... Tampoco. Tomemos una foto juntos… ¿Sí?
—Seguro.
Debajo de una farola, se tomaron una foto donde él le daba un beso en la mejilla; después otra donde solo salían sus manos. Lily se había sonrojado tanto que parecía su color natural.
—¿Puedo subirla a redes sociales?
—Sí... yo también tengo una cuenta, pero no la uso mucho.
Él mandó solicitud de amistad y, antes de irse, publicó la foto en línea. Ella aún no aceptaba la solicitud, así que la etiqueta quedaría pendiente. Lily avisó al chófer del señor Dávalos que llegaría por su propia cuenta; Alan no había tomado y estaban a punto de hacer su viaje de regreso. Lo que él no sabía y no imaginó fue que, al publicar esa foto, provocó muchos comentarios despectivos en contra de ella. Lily era bonita a su manera, pero no encajaba en el estereotipo social de belleza adecuado para su galán.
La llevó a casa segura. Se despidieron con un beso fugaz. Alan tendría que viajar de noche a la ciudad donde estudiaba; ni bien se habían pedido ser novios, se consideraban como unos.
Ray no tomó nada bien la noticia.
Al siguiente fin de semana, Alan se reunió con el señor Dávalos mientras Lily estaba de compras con la señora Martha. La conversación comenzó con el hecho de que Alan los visitaría más seguido antes de las vacaciones y que sus intenciones con Lily eran totalmente puras.
—Yo no soy su padre.
—Lo sé, pero mientras ella viva aquí, es tu deber estar al tanto de lo que ocurre en esta casa —explicó en breve y se aclaró la garganta—. Ángel, no te imagines cosas malas; la trataré bien.
—Alan, entonces te seguiré el juego —dijo como advertencia—: no la hagas llorar o te vas a arrepentir.
—No lo haré.
Ray se quedó cerca para escuchar.
En la semana posterior al concierto, estuvo evitando encontrarse con Lily casualmente en la casa; comía con ella, pero trataba de que no se quedaran solos. Se enteró de que ella recibió un paquete y lo que sea que hubiera allí la había hecho tararear en la casa con tanta alegría que era contagioso. Aun así, se mantuvo lejos. Su tío Ángel se había dado cuenta y le pidió que, si tenía algún problema, debía hablarlo. Él se negó y enfocó su energía en practicar sus líneas o tocar guitarra. Su debut como actor de teatro fue decidido; por lo tanto, ya tenía fechas y boletos para esa obra, pero ni con eso sentía que podía distraerse para dejar de pensar en ella.
Actuando como espectador, la pareja enamorada que tenía bajo su techo no ocultaba que estaba saliendo ni los signos de afecto que se demostraban entre los dos. Alan estaba más participativo con ella; la llevaba a su trabajo en ese lugar donde fingía ser cantante e incluso la grabó para que los demás notaran el esfuerzo que había puesto en tomar un micrófono y pararse frente a una audiencia que podría poner nervioso a cualquiera. Quería entenderlo, pero si intentaba acercarse a ella, era lo mismo que alejarse.
—No me gusta que salgas con Lily —informó Ray cuando lo vio salir de la oficina.
—Sobrino, pero cuando un hombre y una mujer desarrollan sentimientos, si son mutuos, lo normal es convertirse en pareja.
—Tío Alan, dijiste que ella no era tu tipo, ¿qué cambió?
—No sé, algo es diferente. No te preocupes, pronto encontrarás a alguien que llene tu corazón.
—No quiero eso, quiero a Lily —corrigió intentando alzar la voz. Se dio la vuelta y caminó a su dormitorio. No la había ayudado solo para convertirse en su mejor amigo.
Alan fue a la habitación que solía ocupar; no podía aliviar lo que sentía su sobrino, pero esperaba que entendiera.
Por otro lado, Lily estaba de vuelta de las compras. Bajaba las bolsas con los víveres y en su mente había un espacio para recordar los momentos más desagradables que había vivido recientemente, entre ellos los comentarios en línea en su contra después de anunciar su noviazgo. La noche en que empezaron a salir, revisó su cuenta en redes sociales y, tras aceptar su solicitud, aparecieron las fotos recientes, siendo una donde estaban los dos. Los comentarios eran hirientes y todos enfocados en su aspecto. Todos dirigidos a cómo se veía y cómo no era adecuada para salir con él. En lugar de enojarse, solo cerró sesión y trató de olvidarlo, pero un nudo en la garganta la molestaba. La siguiente vez que reviso, los comentarios estaban desactivados.
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Editado: 06.04.2026