Academia de canto Whitelies
Ray estaba en la sala de ensayo, solo.
Desde la primera vez que comenzó a practicar baile urbano, se distrajo al grado que debía practicar más horas de lo usual. Hace poco, escuchó de su tío Ángel que Lily aceptó la oferta de estudiar canto en la academia. Al principio, sintió que era una buena manera de aprovechar una oportunidad, pero después de pensarlo en modo reflexión, ella no tenía ni el más mínimo interés en ser artista. Aunque ya la había visto en el escenario de un bar donde aplaudían con sus interpretaciones. Mentiría si no dijera que se sorprendió por su habilidad vocal, pues para alguien que no tenía ese tipo de estudios, parecía muy bien preparado.
—Ray, vamos... los resultados ya salieron. —Lo interrumpió Alan.
—¿Manejaste dos horas solo por venir a apoyarla? —señaló tomando su toalla.
—Sí, quiero que Lily se sienta apoyada por las personas que la ayudan; Ángel también está aquí. Vamos a comer en ese lugar que te gusta.
Quiso preguntar por los resultados, pero se contuvo.
Quería escucharlo de Lily.
—Acepto que ella te aceptó como novio, pero, tío... —dijo en voz baja—. Si una lágrima cae por tu causa, jamás te volveré a hablar.
—No digas eso, soy tu tío favorito del lado de tu mamá —se burló; sin embargo, al verlo de frente, sabía que iba en serio—. La voy a tratar bien, no te preocupes.
Ray fue a las duchas; Alan siguió su camino hasta la sala de espera donde Lily platicaba con Ángel y la imagen presentada era un tanto extraña, que parecía irreal: un hombre joven que vestía un traje caro con sus lentes en la mano mientras conversaba con una señorita que parecía adornar sus días solo con su presencia. Ella estaba bastante emocionada al verlo acercarse; la sonrisa que le dirigió llenaba su corazón.
—Ray fue a ducharse, vendrá pronto.
—Está bien, mañana irán con el especialista para un diagnóstico vocal. Tengo una reunión mañana, así que Alan te acompañará. —pidió el señor Dávalos.
—Está bien. —accedió Lily. Alan se sentó a su lado y tomó su mano con una naturalidad tal que ella se sintió nerviosa.
Ray se unió a ellos y fueron al auto. El chófer los esperaba y los llevó al restaurante que solían frecuentar. No se unió a la conversación, pero escuchó lo que ellos le trataron de decir. Lily llamó la atención de la señorita Listig, una profesora de la academia y coordinadora de la agencia de entretenimiento Galia Inc., llamándola "cantante nata, una gema llamativa que puede pulirse ahora mismo"; por lo que le ofreció una oportunidad de audición. No sabía si eran celos o rabia lo que sentía al escuchar que alguien que jamás había tomado clases de música, baile o canto tuviera tal oportunidad que ni merecía. No podía decirlo en voz alta sin sentir que solo hablaría de sí mismo al no poder afrontar que alguien como ella era más talentosa que él.
—Eso está mal —dijo de la nada.
—¿Qué cosa? —preguntó Ángel.
—Nada, Lily, ¿aceptaste la propuesta?
—La agradecí, pero decidí tomar la audición después de estudiar por un tiempo. En un entorno controlado todo se escucha bien; no sé si estar en un escenario sea para mí. Quiero pensar un poco más en lo que puedo hacer después de aprender.
Ja, no sabía lo que era la buena fortuna. Muchos morirían por ser fichados de esa manera y ella ni se inmutaba.
—¿Ya has decidido qué estudiar después de la preparatoria?
Se hizo el silencio. A Lily le quedaba menos de medio año de escuela y aún no había decidido a qué universidad ir. No tenía planes concretos que no fueran trabajar y, al sentir la mirada del señor Dávalos en ella, quiso esconderse. A lo mejor, él esperaba algo más de ella que no fuera solo hacerle perder su tiempo y su dinero.
—Aún no, supongo que trabajaré. —respondió sin mirarlo.
Ray no se atrevió a preguntar otra cosa.
La comida fue en silencio. Lo que era alegría unos minutos antes ahora parecía un funeral. Lily jugaba con la comida, Alan quería que ella comiera y Ángel no dejaba de mirar a todos cómo habían arruinado el ambiente. Más tarde, cuando regresaron a casa, Angel pidió hablar con Ray. Subieron a la oficina.
—Me disculparé con Lily.
—Haz lo que te plazca —respondió—. Hablé con tu profesor de baile. Has faltado a dos clases, ¿por qué? Los ensayos en el teatro no te interrumpen.
—Tío... ¿Puedes conseguir una audición en una agencia tan grande como Galia Inc.?
—Puedo, pero, ¿por qué no has ido a clases?
—Porque...
No tenía ninguna respuesta. Solo no fue y ya. Pensó mucho y se le pasó el tiempo. Practicaba para sus clases de música, pero no hubo progreso.
—Si tu próxima evaluación es buena, haré algunas llamadas. Si vuelves a faltar a clases, será mejor que dejes de perder tu tiempo y estudies para tu ingreso a la universidad. —Sentenció.
—A Lily no le exiges eso.
—Tú eres mi sobrino y yo tu tutor legal, además de tu tío. Ella es la amiga por la cual intercediste para ayudarla. No es lo mismo.
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Editado: 27.04.2026