Los días de Lily se dividían entre cocinar en casa, ir a la escuela, ir a la academia y trabajar en el bar. Muchas cosas, poco tiempo y lo mejor era que no tenía que pensar en nada innecesario. Cuando recibió los resultados de su examen médico, le pedían tratar una anemia que padecía a través de una nueva dieta. Ella sonrió al médico prometiendo, pero ya no tenía apetito. Comer, por más que fuera una necesidad básica, solo la ponía de nervios y más cuando estaba frente al espejo mirándose y cepillando su cabello. No era muy alta, no era delgada... no, en otras palabras, encontraba antinatural su cuerpo. No había nada que le gustara o que le hiciera sentirse cómoda.
Faltaba poco para las vacaciones de Pascua y aprovecharía unos días para salir de viaje con Alan. El dinero que había ahorrado era suficiente para darse un pequeño gusto aun después de pagar la renta de su habitación y, pensando en ello, no podía quedarse allí para siempre y necesitaba buscar un lugar al cual mudarse después de graduarse.
Ese era el plan hasta que un domingo, el señor Dávalos la llamó a su oficina antes del horario habitual.
—Esta semana saldré de viaje, así que no necesitarás preparar mi porción de comida —anunció mostrándole su calendario donde estaban sus compromisos más importantes—. Además de tu paga semanal, quiero darte esto.
Lily, que se había sentido fuera de lugar por ser llamada de repente, tenía frente a ella un sobre con su paga y una tarjeta de crédito.
—¿Qué significa esto?
—Es una extensión de mi tarjeta de crédito. Pensé que, como te estás quedando aquí y no pides nada para tu habitación o cosas que puedas necesitar, sería mejor entregar una tarjeta que puedas usar libremente. Los servicios los pago yo, los alimentos también y accedí a recibir una renta por tu habitación, pero no dejas que compre más cosas que puedas querer o necesitar. Me encantaría que usaras ese crédito exclusivamente para ti.
Estaba a punto de rechazarla. No había nada que quisiera comprar o necesitar adquirir si tenía lo mínimo necesario: ropa, útiles escolares y dos trabajos; si mantenía sus gastos al mínimo, podría ahorrar. En sus citas con Alan, pagaban ambos y pasatiempos no tenía, por lo que "ese dinero extra" podría convertirse en una gran deuda.
—Ya sé lo que piensas, pero no lo veas de esa manera. La tarjeta la pagaré yo y no te cobraré su uso. Lily, no quiero que estés en esta casa pensando que tus pertenencias serán arrebatadas. El día que decidas irte, espero que tu estancia aquí haya sido tan cómoda como si fuera tu propia casa.
—Señor, ¿hace esto porque le recuerdo a su hija o trata de llenar ese vacío conmigo?
Se arrepintió de decir esas palabras de manera tan dura, seca e ignorando todo lo que se decía de él con respecto a perder a su familia.
Usualmente, el señor Dávalos es muy serio, habla lo necesario y trabaja en un horario estricto. Sus oportunidades para conversar eran escasas, pero provechosas. Tras pronunciar esas palabras, sintió que estaba apuñalando ese rastro que quedó de la familia que no pudo proteger. Tenía todo para dudar de sus buenas acciones, puesto que no se conocían; con Ray básicamente era una extraña y su buena voluntad debió terminar en el momento en que pagó su cuenta de hospital. Verlo así no solo rompía su corazón, sino su voluntad desinteresada por ayudar.
—No ocupas el lugar de mi hija. Ocupas ayuda y yo puedo proporcionarte eso. Espero que no haya malentendidos entre nosotros y que lo que escuches afuera no lo malinterpretes.
—Lo lamento. En realidad... Hmmm, en mi casa con mi familia... Renuncié a todo mi dinero en bien de mi hermana, me acostumbré a no pedir, así que rechazó todo. Lo siento.
—Lily...
—Además... No sé qué tan atrevido sea pensar que sí puede verme como una sobrina o algo así... No familia cercana, sino alguien a quien puede ayudar de manera genuina; supongo que estaría bien. —Sugirió en voz baja. Buscando las palabras que pudieran sonar bien y ser lo más entendibles posible.
—Lily, nunca vas a ocupar el lugar de mi hija, eso debe quedar claro, pero no tengo inconveniente en considerarte parte de mi familia. Eres una buena mujer y, lo que decidas hacer o lo que te haga dudar, ven a conversar conmigo. Encontraremos una solución.
—Gracias —dijo conforme. Tomó el sobre y la tarjeta. —Quizás un libro sería una buena compra.
—Adelante —instó a usar esa tarjeta sin pena.
Su primera compra, su primera vez usando una tarjeta de crédito, fue para comprar un libro. Ray lo encontraba extraño; pensó que compraría maquillaje o un nuevo celular, pero ella disfrutó leer una novela antes de la cena que, de estar en su casa, tendría que esperar a ser independiente para obtenerla.
En su siguiente cita con Alan, se planteó comprarle algo, pero usar la tarjeta resultó incómodo y, en lugar de eso, se pusieron a planear lo que harían en vacaciones. Alan se pasaba el tiempo tomando fotos de los dos. Ya no las publicaba en ninguna red social; las guardaba en un álbum electrónico, esperando el momento para elegir sus mejores capturas y regalarle algo a Lily que podría ponerla de buen humor. Claro que sus planes nunca saldrían como esperaba.
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Editado: 27.04.2026