Pov Angel Dávalos
Por alguna razón que no entendía, esa mañana todo salió mal. Desde el café que preparaba por las mañanas y que terminó en el suelo, hasta el impecable traje que se llenó de comida. En medio de la reunión, el celular comenzó a timbrar con frecuencia. Tenía que cerrar un trato para la construcción de un centro comercial en uno de sus terrenos, pero el constante sonido de su celular lo distrajo.
—Habla Ángel Dávalos, ¿en qué puedo servirle?
—Llamo del hospital San José, ¿es familiar de Lily Oribe?
En ese momento, mi corazón había abandonado mi cuerpo.
—Soy su tutor, ¿qué sucede? —pregunté tratando de que la saliva pasara la garganta.
—La paciente Lily Oribe tuvo un accidente escolar; por la gravedad de su caída, fue sometida a estudios cuyo resultado indica que debe someterse a una cirugía...
—Adelante, voy para allá.
Sin decirles nada, abandonó la reunión. Su chofer estaba esperándolo en su auto.
—Al hospital San José, lo más rápido que puedas.
Estuvo ausente toda la semana; Martha no dijo nada sobre ella, pero mencionó que cocinaba y comía a las horas correspondientes. No sabía si era acosada, molestada o si pasó algo más en su escuela que la llevara a ese desenlace. Mi pierna comenzó a temblar de manera descontrolada y mirar a través de la ventana solo aumentaba el nerviosismo; estaba a tres horas de distancia y no había manera más rápida de viajar que en auto. Con dificultad, tomé de nuevo mi celular, pero quizás Ray estaba tan asustado como yo que necesitaba de alguien que estuviera a su lado. Alan también estaba lejos para moverse y no me sorprendería que se enterara pronto de lo sucedido.
Las horas eran largas. Llegamos al hospital por la tarde. En la sala de espera, Ray estaba mirando el suelo, sus hombros caídos, sus manos blancas; parecía que no podía creer que esa mañana había sido un día normal.
—Ray, ¿cómo estás? ¿Cómo está?
—Tío... —dijo con voz quebrada. No puedo describir el alivio que sintió al ver una cara conocida cerca de él. Parecía haber llorado.
Sin apartarlo de mi lado, pregunté a la enfermera por el estado de Lily. Seguía en cirugía, por una fractura en el hombro y brazo derecho.
Ray había llamado a una ambulancia cuando la vio en el suelo inconsciente. Los testigos dijeron que una señorita la estaba molestando y persiguiendo por el pasillo hasta que la empujó por las escaleras. Pensaron que se había golpeado la cabeza, por lo que no la movieron; no había sangre visible, pero eso era lo peligroso; por la forma en que había caído, parecía que intentó protegerse. En el hospital, hicieron las pruebas correspondientes hasta que encontraron varios huesos rotos y tenían que tratarla. Dado que era una altura considerable, sería raro que no saliera lastimada.
Las horas no transcurrían. Miraba las manecillas del reloj, pero no parecían moverse. Tenía que pensar en las palabras que le diría a él; era difícil. Más tarde, cuando llamé a Alan, dejó lo que fuera que estuviera haciendo y dijo que llegaría por la noche. Esperábamos que el médico saliera, que nos dijera que todo estaría bien o que al menos ya había despertado. Cuando llegó Alan, la policía entró tras él. Lily parecía una víctima más del acoso escolar. Entrevistaron a Ray y después intentaron hablar conmigo, pero, ¿cómo les digo que esa niña es una chica seria con graves problemas familiares? No me importaría meter mis manos al fuego por ella, pero sé que le molestaría.
Cuando nos permitieron verla, aún estaba dormida. Su brazo, vendado, inmóvil, sería una fuerte impresión para ella. El médico pidió hablar conmigo. Además de la fractura, no había ninguna otra lesión. Tendría que ir a rehabilitación durante semanas después de recuperarse, pero mi pobre niña no sufrirá más cuando se dé cuenta de que empezará de cero.
Alan la vigiló un momento, Ray pasó a verla y, al final, todos regresamos a casa. Ray se durmió apenas llegó a su cama, pero Alan aún estaba nervioso. Escuchó de la policía que solo hubo testigos, pero no había cámaras de seguridad o, al menos, no había en funcionamiento. No reconocieron a la atacante y, dada la familiaridad con que se hablaron, quizás eran amigas en malos términos. Yo pude dormir más de una hora. Lily está sola en el hospital, un lugar desconocido y lleno de otros pacientes que también pueden alterarla con sus propias enfermedades. Ella no dirá nada, pero estoy seguro de que puede asustarse. Tenía que estar al pendiente del celular por si volvían a llamar; por fortuna no lo hicieron.
En la mañana, Alan y yo fuimos al hospital; Ray estaba agotado y nervioso, por lo que Martha se quedó a hacerle compañía. Entramos a verla en la habitación; ella miraba por la ventana. Alan se acercó a abrazarla y fue cuando las lágrimas salieron y cubrieron su rostro. No quiero ni imaginarme lo difícil que fue la noche para ella; probablemente no durmió y solo pensó en por qué le sucedió eso. Me acerqué a abrazarla también; estaba temblando.
Su revisión salió bien, pero debían observar un poco más, solo en caso de secuelas. Las enfermeras platicaban con ella y la ayudaron a bañarse. Alan se quedó cerca mientras hacía algunas llamadas.
El culpable de repente ya tenía nombre y apellido.
—No quiero poner cargos en contra de ella —dijo cuando se reunió con la policía. Dejaron que la vieran cuando consideraron que estaba lúcida. —Solo no quiero que se me acerque de nuevo.
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Editado: 18.05.2026