Una vez que Lily dejó el hospital, el peso de sus responsabilidades fue abrumador.
Ausentarse de la escuela días antes de vacaciones no era una excusa que sus profesores aceptarían como verdadera. Esta vez, fue el señor Dávalos quien pidió un permiso de ausencia en su nombre por un accidente ocurrido en el recinto. Los profesores estaban investigando si la habían atacado con anterioridad, pero una respuesta frecuente fue: “¿Quién es ella?”, llegando a dudar si era una alumna de esa escuela.
Después debía pedir disculpas en su trabajo en el bar. El dueño casi se desmaya al tener una videollamada con ella y ver que estaba vendada. Le pidió que no se preocupara y que regresaría cuando se sintiera mejor para subir a un escenario. La parte más difícil fue pedir permiso de ausencia en la academia de música. La mayoría de los profesores podían actuar como si el alumno mostrara desinterés por la enseñanza de la materia de canto o música, y no era para menos tener ese tipo de idea, pues muchos nuevos alumnos no seguían las clases al corriente después de su primera impresión y decepción por no ser lo que imaginaban. El señor Dávalos trató de que esos malos comentarios no llegaran a sus oídos, pero Lily sabía que parecía que se lastimaba a propósito para evitar hacer algunas actividades que implican dinero.
Su descanso en casa fue tranquilo. Martha se aseguraba de tener la comida lista y platicarle en todo momento lo que estaba haciendo. Como sus vacaciones fueron arruinadas, Alan se reunió con ella después de que terminara la semana escolar. Solo se permitió regresar cuando se aseguró de que ella no se esforzaba más de la cuenta. Llegó a proponer un viaje en verano cuando él tendría vacaciones de nuevo.
A quien no había visto fue a Ray. Él la ayudó a entrar a la casa, pero solo eso. No se veían con frecuencia; le ayudó a hacer algunas tareas en la computadora, pero por lo demás, se mantenía alejado. Extrañaba estar cerca de alguien de su edad, pero no tenía tiempo para pensar en eso sin sentir que se volvió una carga para los habitantes de esa casa.
—Lily, no eres eso. Fue un desafortunado accidente y no te llamé para que me pagues todo el servicio médico que has recibido.
—Señor... es que me siento tan mal. Después de dejar mi casa, siento que esta casa me está echando. —Confesó. Fue a su oficina para hablar de los gastos médicos, pero sintió que estaba siendo regañada.
—No digas eso. Nadie te está echando de aquí. Lily, tienes que entender que el lugar donde vives es tu hogar. Abrí las puertas de mi casa para ofrecerte un lugar seguro. No estás ocupando el lugar de mi hija y estoy feliz de poder ayudarte.
—¿Y si se vuelve como mi padre? No hay nada en mí que logre llenar las expectativas de un hombre que nunca estuvo interesado en tener hijas. Siempre fui una carga desde que nací. —dijo en voz baja, pero no estaba triste. Siempre había sido consciente de que su familia dejó de ver por ella desde que Mike nació.
—Te contaré una historia de la que no estoy orgulloso.
Habló mirándola a los ojos.
—¿Sabes a qué edad tuve a mi única hija con mi entonces novia?
—No, nunca he escuchado de eso.
—Teníamos 18 años. Mi novia quedó embarazada y cuando nuestros padres se enteraron, los gritos se escucharon hasta China. —recordó risueño—. No nos casamos de inmediato. Ella apenas había entrado a la universidad y yo no tenía nada que ofrecer. Era un estudiante y todo mi dinero dependía de los ingresos de mis padres. Mi padre y mi abuelo apenas podían sobrellevar el negocio de bienes raíces y mis hermanos mayores estaban desesperados porque a sus familias nada les faltara. Mi padre fue claro, no quería nietas. Aceptaba mi relación, pero no las hijas que nacieran de ella; la familia necesitaba miembros fuertes e inteligentes, por lo que ellas estaban descartadas. Yo también fui claro con lo que quería y haría, y eso sería amar a mi hija incondicionalmente. Yo no tengo hermanas, pero tuve cuñadas y vi el trato que ellas sufrían. Les hacían cumplir un rol en el cual también estaban inconformes. No por parte de sus esposos, sino de sus padres y suegros. Decidí que no sería como ellos y, hasta el día de hoy, me siento orgulloso de ser el padre de una niña hermosa.
El señor Dávalos se levantó y le entregó un portarretrato que tenía en su escritorio. Allí estaba una foto de una familia de tres; supuso que era él cuando era joven y una mujer con una niña en brazos. Lo miro con detenimiento; era una mujer guapa y fotogénica.
—Mi niña tenía cinco años cuando se fue; Ray era un recién nacido. Ella iba a clases de ballet y defensa personal. Por años, solo pensé en qué podía darle a mi pequeña; que jamás se me pasó por la cabeza que había nacido solo para una cosa: ser servicial. No entiendo lo que piense tu padre, pero eres una mujer asombrosa. Eres inteligente y sabes tomar oportunidades que te pueden beneficiar. Si él exige hombres como prueba de su linaje, solo quiere presumir que su apellido no morirá, pero sus acciones perdurarán.
—¿Lo debo perdonar?
—Claro que no, que haya sido violento en tu contra no se debe perdonar ni justificar. Quiere llenar sus carencias en ti y tú solo eres una extensión de su personalidad. Sabiendo todo esto, deja de pensar en tonterías. No te voy a correr, te ayudaré tanto como pueda; espero sinceramente que te recuperes y continúes con tu vida como cualquier otro día.
—Gracias por decirlo.
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Editado: 18.05.2026