Solo una ordinaria historia de amor

20

Una disculpa, una súplica de perdón y el llanto de un joven que nunca creyó llegaría a ver.

Ray había pedido hablar con ella para disculparse. La última vez que estuvieron cerca, sintió que ella se aprovechó de la ayuda brindada y, en el fondo de su corazón, solo quería que las cosas regresaran a como debían ser. Ella escuchó lo que trató de decirle, pero no lograba recordar sus palabras de hostilidad; en sus recuerdos no había hecho nada malo según sabía, pero él fue claro al decir que sintió envidia al conocer que ella tenía más oportunidades de las que a él se le habían presentado. Su sueño de cantar se veía lejano cuando era ella quien recibía la atención y una invitación para audicionar. No entendía por qué pensó eso si no quería ser alguien que pudiera estar a su lado.

—No tienes que preocuparte por esto. Fue mi hermana menor quien lo hizo; me recuperaré y retomaré mi vida de antes. —Aseguró, intentando que dejara de llorar.

—¿Hermana?

—Sí, ella fue y me confrontó por irme de casa. Entiendo que se enoje; después de todo, yo manejaba todo en el hogar. —Admitió. —Ahora me doy cuenta de que no era muy normal que digas que una joven tomará el rol de sus padres... Sabes, Tessa va a una escuela dedicada al ramo de ciencia y tecnología. Tuve que renunciar a mi dinero semanal para que ella estudiara allí.

—No es tu obligación hacerte cargo de los gastos de tu hermana.

—Lo sé, pero ver a mis padres discutiendo por eso solo me hizo buscar una solución rápida. No fue la mejor, pero, honestamente, una boca menos que alimentar fue un alivio.

—No deberías decirlo así, tus padres pensaban que estarías con ellos siempre. Aunque eres la hija que se fue, también puedes volver cuando creas conveniente. No te estoy corriendo, solo creo que si quieres ver cómo han vivido sin ti...

—Ray, eso no sirve. El motivo por el cual me golpearon fue porque retiré mi solicitud de ingreso a la unidad de medicina. Yo no quería ser médico y aún no decido qué hacer con mi vida más allá de trabajar, pero solo hay una manera de regresar a casa sin que me echen.

—¿Y cuál es?

—Muerta —sonrió maliciosa.

Ray esperaba que fuera una broma.

—Estoy cansada, me iré a dormir.

Los días pasaban a una velocidad que resultaba imposible de recordar. Alan pasó sus vacaciones con ella, en algún lugar cerrado o solo mirando películas en su habitación. Ray a veces compartía sus tips de estudio para que ella no perdiera el ritmo de sus clases de canto. Al regresar a la escuela, sintió que las miradas estaban en ella. La escuela emitió una disculpa para ella y además implementó un nuevo programa de seguridad. Ella no sabía si Tessa se volvería a acercar o no, pero esperaba no tener que verla pronto.

Un mes antes de su graduación, fue enviada a una clínica de rehabilitación física. Mover su brazo de nuevo le estaba costando más de lo que le habían explicado; en su desesperación y molestia por no avanzar lo que quería, se volvía un impedimento para ver lo que ya había logrado. El señor Dávalos se mantenía cerca para ayudar; su cirugía casi no dejó cicatriz, por lo que sus ojos no se distraen con lo que no conocía.

Una tarde, cuando regresaban de la clínica, la calle principal por donde debían pasar estaba casi cerrada a causa de varias patrullas. Los autos avanzaban lentos. El señor Dávalos iba leyendo algo en su teléfono, pero el chofer miraba qué había sucedido.

—Oh, parece ser la señora Riels —mencionó cuando vio a una mujer golpeada.

—¿La señora Riels? —repitió el señor Dávalos—. ¿Qué hizo esta vez? No la criticaré, pero siempre que causa problemas, es una molestia para los demás vecinos que usamos esta calle.

—Seguramente peleó contra su vecina de nuevo. —comentó el señor Manuel cuando el auto se detuvo.

—¿Quién es la señora Riels? —preguntó Lily con curiosidad, pero sin mirar el tumulto.

—Es la esposa de un prestigioso abogado. Es bastante famosa por gritarle a cualquier persona que entra en el perímetro de su propiedad. —respondió el señor Manuel—, pero llamó más la atención cuando su hija mayor desapareció de la noche a la mañana.

—¿Qué? ¿Es una historia de fantasmas o algo peor? —quiso saber sin querer escuchar la respuesta.

—Ah, no es eso. Hace unos años, ella y su hija discutieron, pero nadie sabe sobre qué, y echaron a la hija de la casa. Al día siguiente, una señorita con una gran camioneta vino a recoger sus cosas, pero la señorita que vivía allí no regresó. Se escuchó mucho quejarse de la hija ingrata que los abandonó, pero jamás la intentaron buscar. Era una familia con muchos problemas. La señora se la pasaba gritando a todos y se quejaba de todo; también se decía que su esposo tenía una amante. —Explicó con calma—. Además, se decía que la señorita que vivía allí estaba a cargo de la casa desde que era joven, así que muchas personas la conocían; aun con todos los problemas, era fácil reconocerla por su sonrisa y amabilidad.

—Manuel, estás enterado de muchas cosas. —Regaño

—Sí, pero no porque quiera. Ella fue al mismo instituto de idiomas donde Alan estudió, solo a presentar exámenes, y la recuerdan como una chica triste que rogaba por obtener una copia de sus documentos o algo así. Donde esté, espero que esté bien.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.