—No.
—Pero, ¿por qué? ¡Papá!
Después del viaje a la playa, Lily buscó un trabajo de medio tiempo. Entrar al mundo laboral no era cuestión de calendarios escolares; tenía que buscar algo que pudiera desempeñar y era una tarea difícil para un graduado de preparatoria. Cuando le preguntaban cuál era la razón para no estudiar la universidad, con timidez respondía que necesitaba trabajar y ahorrar dinero para continuar sus estudios. Muchos jefes no querían escuchar eso, buscaban personas con experiencia en ciertas áreas y su desconfianza crecía cuando solo tenían un nivel educativo medio superior. Hasta el momento tenía dos trabajos donde ganaba bien, pero quizás era muy ambiciosa al querer más dinero para mudarse.
Después de su clase de música, se encontró de nuevo con la señora Listig, quien le comunicó que estaría en la evaluación bimestral de canto y consideraba que debía tomarse en serio la parte de hacer una audición para debutar como cantante. Ella no lo había olvidado, pero sentía que no estaba lista. Quería ser más independiente financieramente y tener una carrera de ese tipo le daba miedo por la exposición pública; si alguien llegaba a enterarse de su vida familiar, estaría acabada.
Entre su trabajo en el bar, cocinar para Ángel y las clases de música, sentía que su tiempo estaba completo. Una noche, durante la cena, Ray llegó más emocionado que nunca; lo sabía, trataba de ocultar una buena noticia.
Ni siquiera es, pero le preguntaron sobre su estado de ánimo. Solo sonrió y anunció.
—Voy a debutar. —Y les mostró la carta de aceptación para la agencia Galia Inc. —Pasé la última parte de la audición.
Ángel se quedó en silencio. No sabía nada de eso, no sabía nada de nada desde aquella conversación donde su sobrino le pedía con desesperación hacer uso de su poder para ser reconocido.
—¿Estás seguro de que podrás? No vas a dejar la escuela —dijo en un tono excesivamente duro.
—No lo haré, tío. Me esforzaré aún más; así que Lily debe hacer su audición también para cantar juntos en el escenario.
Ella sonrió. Debía cumplir su promesa.
Al terminar la cena, Ray y Ángel fueron a conversar al estudio. Seguramente había más información de por medio que solo una carta de aceptación. Ella sentía que sus planes eran vagos en comparación con lo que quería hacer Ray, pero no podía poner en orden lo que sentía y quería hacer. Quería alejarse, pero estar cerca por si la necesitaban. No tenía motivos para irse y, al mismo tiempo, quería estar lejos de todo y olvidarse que tuvo que correr por su vida.
—Lily, el tío quiere hablar contigo.
Ni siquiera notó el momento en que Ray estaba a su lado.
—Ya voy. —contestó y dejó de acomodar los trastes. Subió al despacho.
El señor Ángel estaba anotando algo en su agenda. Ella entró sin pedir permiso.
—¿Me estaba buscando?
—Sí, ¿has pensado en qué planes tienes más adelante?
—Además de trabajar, quiero mudarme.
—No.
—Pero, ¿por qué? ¡Papá!
La cara de Lily se puso roja, al igual que la cara de Ángel. No había mucho que decir, pero ambos estaban incómodos solo por la mención de esa palabra.
—Ejem... Lo siento. No quería decirlo así.
—Lily, ¿es difícil que puedas considerarme tu padre?
La pregunta era tan extraña que parecía que él olvidó cuál fue el motivo para llamarla.
Ella no sabía qué decir; él era su benefactor y verlo como figura paterna podría ser algo equivocado por el tiempo que lo conocía, pero no negaría que, gracias a su influencia y ayuda, estaba mejor que antes. Sería extraño no reconocer que en solo medio año viviendo allí, el señor Dávalos hizo más por ella que su propio progenitor. No recordaba a nadie que la alentara, cuidara ni diera consejos; sus recuerdos estaban llenos de gritos y golpes, por lo que no era raro sentir algo de apego evitativo a esa figura.
—Si no le molesta, podría llamarlo así. —respondió con timidez. No era fácil decir en voz alta que ese adulto a su lado era como una figura paterna.
La cara del señor Dávalos mostró una tristeza que jamás había visto, al mismo tiempo que cubrió su rostro con sus manos.
—Puedes retirarte, hablaremos más tarde —pidió en voz baja.
Lily dejó un pañuelo en el escritorio y salió.
Pasaron algunos días y ella comenzó a trabajar de cajera en una tienda de autoservicio. Aceptó un contrato por un trimestre a medio tiempo durante el turno matutino y, por algunas excepciones derivadas de su estado físico, solo haría algunas tareas simples además de cobrar en caja.
Ray ya se había mudado a los dormitorios de la agencia y ella se estaba preparando para la audición. El señor Dávalos se aseguró de que no le faltara nada, aunque ella aún no se atrevió a pedir algo para sí misma; incluso Alan la visitaba a ella antes de ir a casa de sus padres.
A finales de agosto, la mayor emoción que recibió fue que le aplaudieron después de su interpretación. Cantó su propia versión de “Dancing heart” y, a diferencia de los aplausos que recibía en el bar, la felicidad de saber que era buena en algo que nunca consideró la llenaba de alegría. La primera persona a la que le dio la buena noticia fue el señor Dávalos, que estaba en la sala de espera fingiendo trabajar y no dejando ver que estaba nervioso por el resultado que ella tendría.
#9121 en Novela romántica
amor propio autoestima, romance segunda oportunidad resiliencia, fantasia regresion
Editado: 08.06.2026