Esa noche, el momento que debió ser el más feliz que había experimentado terminaría en una escena que solo quería olvidar.
Después de cenar, llamó a Alan. Con emociones que sería capaz de ocultar y explotar, pudo decir que estaba lista para firmar un contrato y convertirse en cantante.
—Aún falta mucho para que tenga un nivel adecuado, pero sé que lograré un buen posicionamiento.
—Lily, estoy orgulloso de que hayas encontrado algo que quieras hacer con tu vida. —contestó—no dudes y continúa viviendo tu vida con calma.
—He pensado que debería mudarme. Aunque el señor Ángel me trata como una hija, no puedo seguir aprovechándome de lo que hace por mí y del lugar que ocupo.
—¿Entonces? ¿Por qué no vivimos juntos un tiempo? Puedes mudarte a la casa donde yo vivo y, si encuentras algo que te guste, vuelve a mudarte cuando quieras.
—Hablas muy bien como para no saber que todo eso cuesta dinero.
—No dije que fuera gratis, pero piensa en ti y lo que quieres. Sé que eres buena dibujante, también eras buena alumna y quizás tu visión es más corta porque no quieres dejar la vida que conoces. No está mal, yo también pasé por esto. Dejé a mi familia, entré a la universidad hasta después de dos intentos fallidos y apenas pude con mi horario. —Explicó con calma—. No te sientas mal por construir tu camino piedra a piedra; las críticas saldrán de todos lados, incluso solo por respirar.
—Ok, lo hablaré con el señor Dávalos después de firmar. Ya es tarde, te llamaré mañana.
—Buenas noches, te quiero.
—Idem.
Colgó, fue a bañarse y a su regreso, su celular sonaba como loco. Su hermano la llamaba. Al responder, no se escuchó ninguna voz, pero tenía el presentimiento de que no debía hacer ningún ruido. Espero y escucho: “ayuda”.
Sin pensarlo mucho, se cambió de ropa, guardó su celular y salió corriendo de la casa. En la dirección que iba calle abajo, llegó bastante rápido. La casa donde vivía estaba en silencio. Luces apagadas, cortinas corridas y estaba el auto de su padre estacionado al frente. Antes de entrar, envió un mensaje al señor Dávalos.
"Hermanos. Peligro. casa."
Intentó entrar por la puerta principal, pero estaba cerrada con llave. Se trepó por el poste que había en la casa de al lado y entraría por el segundo piso; había una terraza cuya puerta casi siempre estaba abierta. Hizo el menor ruido posible. La puerta estaba cerrada, pero la ventana abierta. Nunca había entrado por allí y la oscuridad de la casa había desaparecido; al menos había dos cuartos con luces encendidas. Camino en esa dirección y escucho llantos. No tenía cómo defenderse, pero no podía dejar que fueran lastimados.
La escena que presenció no era nada de lo que imaginó. En el dormitorio de sus padres, su madre estaba inconsciente en el suelo; frente a ella estaban las gemelas y Mike intentando protegerse. Tenía golpes en la cara. La persona cuyo paso se interponía era su padre.
No hubo tiempo de hablar ni de pedir razones. Cuando levantó la mano con la intención de atacarlos, Lily se lanzó al frente para detenerlo. El hombre se soltó de ella fácilmente y la lanzó contra la pared. Mike intentó hacerle frente, pero con el cinturón que llevaba en la mano, lo golpeó en la cara hasta hacerlo caer al suelo, donde le dio patadas. Lily se levantó con tanto dolor que fue tras él e intentó hacerle una llave al cuello. Su padre no era fuerte, pero sí astuto y, lejos de dejarse intimidar por sus acciones, se fue contra la pared para golpearla, aunque ella no se soltó. Las gemelas estaban llorando; Mike no parecía moverse. Lily no sabía pelear y no regresó solo para verlos heridos.
—Te vas y regresas cuando se te antoja —se quejó el hombre al ver a su hija mayor en el suelo—. Siempre tuviste que ser tú, mi mayor fracaso. Estoy cansado de que te entrometas en todo.
—¿Yo? Yo no hice nada.
Lily se alejó, pero el hombre, que aún tenía un cinturón en su mano, la golpeó en el cuerpo con la hebilla. No era la primera vez que la golpeaba, no era la primera vez que se defendía, pero ¿hasta cuándo terminaría su papel de hermana mayor por defender a alguien que no hizo nada desde el día en que se fue?
Escucho sirenas. Su padre se asomó por la ventana de la habitación para ver cómo llegaron dos patrullas. Lily se levantó y lo siguió sin perderlo de vista. Lejos de huir, el hombre se quedó en su lugar.
—¿Es lo que querías? ¿Te fuiste y ahora te entrometes en la vida de mi familia? Entiende tu lugar.
—¿Por qué crees que vine? Sin mí aquí, descargas tu ira contra quien esté enfrente. ¿Te ha descubierto mamá algo? ¿Fue mi culpa o se te acabaron los chivos expiatorios?
El hombre le dio un golpe tan fuerte en la cara que la dejó aturdida.
La policía entró y, al ver todo el altercado, arrestó al señor Oribe en el acto. Revisaron a los demás heridos antes de trasladarlos al hospital. El señor Dávalos y el señor Manuel estaban en medio del alboroto esperando que ella saliera.
Según escucharon más tarde, todo comenzó con una pelea de pareja donde la madre de esa familia levantó la mano contra su esposo. Cuando dejaron de escuchar gritos, los hijos fueron a interponerse para que no lastimara más a su madre hasta que el hombre perdió la cabeza. Ninguno sabía el motivo real de la discusión, pero cuando la madre de Lily recobró la conciencia, exigió verla.
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Editado: 08.06.2026