Solsticio de Otoño

Capitulo 1

Los rayos de sol se posaban sobre los árboles que daban en la ventana de Solsticio. El amanecer siempre llegaba antes de que uno se diera cuenta, era una de las reglas importantes del bosque.

Las aves eran las primeras en levantarse a cantar su rutina matutina, bellas y melódicas, agitando sus plumas y levantando sus pechos emplumados.

Los días se sentían más frescos que de costumbre, más al anochecer. Eso hacía que durmiera acurrucada para no perder su calor, junto a su acolchado, cosido con muchos retazos de ropa que ya no usaba.

Era muy buena con las artesanías, cada cosa vieja se convertía en algo para un nuevo uso. Eso la hacía divertirse; se sentía productiva y con más energía al ver como algo desgastado, sin vida, volvía de forma diferente.

Se incorporó en la cama, se estiró y dio un gran bostezo, despeinando aún más su ondulado cabello color rojizo. No era muy común ese tipo de color en la gente donde antes solía vivir. Siempre la miraban de reojo y una risa se les escapaba, otras decían que era obra del diablo, ya que parecían llamas que salían de su cabeza.

Por ese motivo siempre se refugiaba en el bosque, en el claro, en los animales y en esta casa. Aquí antes vivía la persona que le dio un hogar y un comienzo nuevo.

Cambió su atuendo de dormir en un vestido largo verde oliva, con una botas campestres y un chaleco marrón, luego agarró de un cesto de mimbre que había dejado en la silla, cerca de la cama, unas lanas de ovejas teñidas por ella misma, usando los tintes de las flores de los prados.

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Más tarde ese mismo día, Solsticio estuvo ordenando cada rincón del lugar. Merlin, un pequeño zorrito que de vez en cuando iba a visitarla, agarró un calcetín y la hizo perseguirlo hasta quedar agotada. El pequeño animalito sonrió de forma caricaturesca y desapareció en una neblina. A veces se preguntaba qué era él realmente. Un zorro no podía hacer magia, ¿no?

Luego de un rato de organización, Solsticio encontró los frascos que había perdido y se dispuso a preparar algunos brebajes para los gnomos que vivian en los troncos de los árboles. Últimamente estaban muy estresados con su círculo familiar. Gritos, discusiones, cosas que salen volando por las ventanas, en fin lo habitual.

El proceso era un poco extenuante, ya que los ingredientes no se encontraban fácilmente.

Aquí el proceso en palabras de Solsticio:

“Se toma un ramo de margaritas, donde la nieve derretida del monte

florece.

Llegar allí es por supuesto un desafío. Hace tiempo que la escoba voladora que yo guardaba en un armario polvoriento dejó de funcionar correctamente. Cada tanto se movía erráticamente o daba brincos en el aire, en los que debía sujetarme fuertemente del mango para no caer de las alturas.

Una vez con el ramo en mi posesión, regreso a mi casa en el bosque. Entonces lo meto en un frasco de cristal y lo dejo reposar cerca de la ventana.

¿Sabes el porqué? En la llegada de la luna creciente, la lluvia tiene que acompañar a este hechizo, sino, no surtirá efecto. La luna creciente y el agua son grandes amigas; juntas logran que lo negativo se purifique y de un nuevo comienzo a las cosas. Y así, se deja reposar por 3 días tras la primera lluvia.”

Ya todo listo, Solsticio puso los frascos en su bolso y se encaminó hacia su destino. Hacía un poco de frío desde unas semanas atrás y el viento levantaba las hojas, danzantes entre los claros.

Me detuve frente a una alfombra de colores que daba una apariencia especial y sofisticada. Me había quedado inmersa en mis pensamientos sin ni siquiera notar que ya estaba en la casa de ellos. Las ramas del árbol estaban torcidas y se elevaban hasta el cielo, de ellas colgaban innumerables botellas de todos los colores y daban un efecto arcoiris. Era muy hermoso a la vista. Solsticio bajó la mirada hacia una puerta azul que asomaba del tronco, se agachó y dio unos golpecitos.

Luego de unos minutos un hombre de aspecto gruñón se asomó por el

marco de la puerta.

—¿Qué se le ofrece a nosotros?

—Vengo a dejar los brebajes que su esposa me pidió.

Mirando para todos lados, por si algún animal salvaje apareciera, tomó

bruscamente los frascos y cerró de un golpe. Los gnomos eran seres de mal carácter, siempre estaban alerta y con el ceño fruncido.

Espero que surja la magia en ellos, y que su hogar sea un

poco más agradable. Pensó Solsticio con una sonrisa.

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En el texto hay: brujas, magia, bosque

Editado: 08.03.2026

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