Sombras

Prólogo.

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«Fueron paridos por el dolor,
forjados en la desesperación,
y aun así caminaron como si la luz los hubiese elegido.»

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Todo ser humano conoce la historia oficial: la peste negra, aquella desgracia que arrasó Europa en el siglo XIV.
Dicen que la causaron ratas, pulgas, una bacteria diminuta.
Dicen... porque no podían ver la verdad.

La verdadera herida se abrió en el limbo, ese territorio secreto entre lo material y lo espiritual.
Tres portales desgarraron el tejido del mundo, invisibles para los mortales.
Del primero -nacido al este de Asia- brotaron criaturas sin forma, manchas de energía viva, hambrientas y silenciosas.
A falta de otro nombre, siglos después serían llamadas sombras.

El primer "infectado" no enfermó por peste alguna, sino porque una de esas entidades se aferró a su alma como un manjar.
Fiebre, debilidad, bubones negros: no eran síntomas, sino mordidas.

Luego se abrieron los otros dos portales en Europa.
La humanidad tembló. Y cuando el último hombre muriera, la propia Tierra sería el plato principal.
El planeta, agonizante, clamó auxilio al reino más cercano.
El Reino Celestial escuchó, aunque despreciara a los humanos por necios e infantiles.
Aun así, enviaron a un ángel.

Durante años, aquel guerrero de luz purificó Asia y descendió hacia Europa, incansable... hasta que encontró algo imposible:
una sombra consciente, capaz de hablar, de pensar.
El ángel debió destruirla.
En cambio, pecó.

Entre conversaciones furtivas y un cansancio que le nubló el juicio, procreó con esa criatura abominable.
De esa unión nació un ser híbrido: alas negras, plumas afiladas, poder impuro.
El Reino Celestial lo ejecutó al instante, cortó las alas del ángel y lo arrojó al Abismo.

La Tierra quedó sola otra vez.
Y en un gesto desesperado, utilizó su propia energía para crear defensores capaces de ver el limbo:
seres humanos bendecidos con uno de los cuatro elementos esenciales -agua, tierra, aire y fuego.
Ellos se llamaron cazadores.
Pero el ángel desterrado había dejado su esencia esparcida sobre el mundo.
La Tierra la imitó: primero la luz, luego la sombra.
Así nacieron los primeros celestiales humanos... y el primer celestial oscuro.

La batalla se inclinó, por fin, a favor del mundo.
Aunque la guerra dejó un residuo terrible: muerte, corrupción, energía desbordada.
Si aquella oscuridad despertaba por sí sola, sería aún peor que las sombras.
La Tierra la contuvo, la moldeó, la convirtió en un poder que pocos podían soportar.
Una transformación temida, devastadora.
El nacimiento de la muerte.

Siete años después del primer brote, la guerra terminó.
Quedaron sombras sueltas, pero los cazadores sobrevivientes las rastrearon hasta los rincones más remotos.
Cuando el equilibrio regresó, aquellos guerreros abrieron un portal y migraron a otro mundo, para no alterar la balanza nuevamente.
Lejos, muy lejos, fundaron una estructura imposible.
Un bastión para guiar a los cazadores del futuro.
Sin saber que, siglos después...
él cruzaría la puerta.

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En el texto hay: comedia, combates shonen

Editado: 10.03.2026

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