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"Todo maestro fue alguna vez un alma temblorosa; los novatos caminan con dudas, pero cada paso incierto talla el sendero hacia la grandeza."
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La noche había caído con una calma casi incómoda, como si el mundo se estuviera preparando para contener la respiración. Tras la extensa explicación de Akeno, Zackx y Andy volvían a casa en silencio, caminando bajo la luz mortecina de los faroles del patio trasero.
-Pronto los entrenaré -dijo Akeno antes de despedirse, cruzándose de brazos-. Ya no pueden estar caminando por ahí sin tener idea de lo que pueden hacer. Están más metidos en esto de lo que creen.
Zackx forzó una sonrisa confiada, como si quisiera aligerar la tensión, pero no dijo nada. Andy se limitó a asentir con seriedad, todavía procesando todo lo escuchado. Orihime también se despidió con una leve reverencia, sus ojos fijos en Zackx por un segundo más de lo normal.
Ya en casa, cerraron la puerta y todo pareció volver a la "normalidad". La sala estaba en penumbra, apenas iluminada por una lámpara de pie que alguien había olvidado apagar. Zackx se dejó caer en el sofá con un suspiro exagerado.
-Bueno... eso fue algo. ¿Crees que haya una opción de que todo esto haya sido solo una pesadilla inducida por el sushi barato de la cafetería?
Andy se sentó a su lado, recargando los codos en las rodillas.
-No. Pero si fuera una pesadilla, sería una bastante coherente para venir de ti.
Zackx soltó una risa floja. El silencio se coló entre ambos por unos segundos, cargado de pensamientos que ninguno quería decir en voz alta.
-¿Sabes...? -dijo Zackx, mirando al techo-. A pesar de todo lo que contó Akeno, no tengo miedo.
-No es valentía si no sabes lo que estás enfrentando -murmuró Andy.
Zackx lo miró de reojo, sonriendo.
-O quizás es precisamente por eso que no tengo miedo.
Andy negó con la cabeza, pero su sonrisa apenas visible lo traicionó.
Subieron a sus cuartos poco después. Esa noche, el sueño no fue fácil para ninguno. Zackx volvió a soñar con aquel gran árbol... los ninjas verdes, sus rostros sin forma, las katanas cruzando su pecho. Andy también soñó, pero esta vez no eran solo sangre y carne podrida... había gritos, voces conocidas. Y una sombra con ojos rojos que lo miraba directamente.
A la mañana siguiente, despertaron con la sensación de no haber descansado. El sol entraba por las ventanas, pero ya no parecía tan cálido como el primer día. Algo estaba cambiando.
Lo cotidiano comenzaba a resquebrajarse.
La mañana había comenzado como cualquier otra. El sol brillaba con una calma engañosa, las calles estaban llenas de estudiantes con mochilas a la espalda, y Zackx caminaba junto a Andy, bostezando como si no hubiera soñado con ser atravesado por ninjas anónimos la noche anterior.
-¿Crees que hoy den desayuno decente en la cafetería? -preguntó Zackx con esperanza.
Andy lo miró de reojo, sin responder. El recuerdo del sueño lo tenía inquieto, aunque no lo decía.
Fue entonces cuando, de la nada, Akeno apareció justo frente a ellos.
-Ustedes no van a clases hoy.
Sin dar más explicaciones, tomó a Andy del brazo con fuerza sorprendente y comenzó a jalarlo sin permitirle protestar.
-¡¿Qué rayos estás haciendo?! -gritó Zackx, corriendo detrás de ellos- ¡Oye! ¡Ese es mi Andy!
Andy intentó detenerse, pero Akeno ni se inmutó. Sus pasos eran decididos, firmes. Zackx no dudó ni un segundo en seguirlos, esquivando transeúntes y mochilas con una agilidad poco propia de una mañana normal de clases.
Finalmente, llegaron a una zona olvidada de la ciudad: unas construcciones abandonadas, con esqueletos de edificios sin terminar, enredaderas cubriendo paredes rotas y el sonido del viento golpeando los espacios vacíos. Akeno se detuvo en medio de una explanada polvorienta y soltó a Andy con brusquedad.
-Van a entrenar -dijo con frialdad-. Y van a hacerlo desde ahora.
-¿¡Desde ahora!? -protestó Zackx, jadeando un poco por la carrera- ¿Y la escuela?
-No me importa la escuela -respondió Akeno girándose hacia él-. Las cosas están cambiando, y ustedes dos están en medio de todo esto. No puedo dejarlos siendo novatos mientras el mundo se cae a pedazos.
Andy cruzó los brazos, aún recuperando el aliento.
-¿Y por qué aquí?
-Porque es lo suficientemente apartado como para que nadie vea lo que haremos... y lo suficientemente seguro como para que no mueran.
Zackx alzó una ceja.
-¿Morir? ¿Eso es parte del entrenamiento?
Akeno lo ignoró. Sacó su celular, revisó algo y luego guardó el dispositivo en su chaqueta.
-Falta Orihime. Cuando llegue, comenzaremos. Hasta entonces, pueden estirarse o mentalizarse. Les va a doler.
Andy la observó con atención, con esa mirada que lo decía todo: ya no había vuelta atrás.
Zackx, sin perder su estilo, se sentó sobre una piedra.
-¿Crees que haya desayuno aquí? ¿Tal vez una sombrita que cocine?
Andy negó con la cabeza, pero sonrió sin querer.
A lo lejos, el sonido de unos pasos femeninos se acercaba...
Orihime apareció caminando con calma entre los restos de concreto y hierro, como si en vez de una zona de entrenamiento secreta estuviera llegando a una cita en un parque tranquilo. Llevaba su uniforme bien planchado, una sonrisa serena en el rostro y una mochila que claramente no contenía libros.
-Buenos días -saludó, haciendo un gesto con la mano.
-¡Al fin! -exclamó Zackx- Ya me estaba muriendo de hambre y de curiosidad.
Andy simplemente asintió, más centrado en lo que Akeno iba a decir que en la simpatía de Orihime.
-Ahora sí -comenzó Akeno, cruzándose de brazos-. Presten atención, porque esto no se los van a enseñar en ninguna clase ni en ningún manual de cazadores.