Sombras

Capitulo 3: Un susurro más antiguo que el miedo.

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"Sin gloria prometida, solo con el pulso acelerado y la mirada fija, los novatos desafiaron por primera vez el borde del abismo."

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La noche transcurrió sin interrupciones, sin entrenamientos intensos ni explosiones místicas. Solo el suave sonido del viento entre las ventanas de la enorme casa. Cada uno en su respectiva habitación, profundamente dormido.

Cuando aún el sol no asomaba del todo por el horizonte, Zackx ya estaba despierto. Como era su costumbre desde niño, sus ojos se abrían antes que los primeros rayos del día. Se sentó en su cama, se desperezó con un bostezo silencioso y se colocó una camiseta ligera. Luego salió de su habitación caminando con tranquilidad por los pasillos apenas iluminados por la tenue luz matinal.

A mitad de camino, mientras giraba por un corredor hacia las escaleras, se encontró de frente con una escena inesperada: Orihime salía del baño. El vapor escapaba tras ella, y su pijama, aunque sutil, era lo suficientemente revelador como para hacer que ambos quedaran congelados en el acto.

Sus miradas se cruzaron por unos segundos eternos. Orihime, con el cabello suelto y húmedo, lo miró como si el universo acabara de detenerse.

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-¡AHHH! -gritó Orihime, roja como un tomate- ¡¡NO MIRES!!

.

Zackx dio un respingo y se giró de inmediato, alzando ambas manos en el aire.

-¡No vi nada! ¡Lo juro por las tres katanas! -exclamó mientras caminaba de espaldas a toda velocidad.

Orihime ya se había encerrado nuevamente en el baño con un portazo, dejando escapar un quejido ahogado de pura vergüenza.

-¡Estúpida casa sin cerraduras decentes...! -se escuchó desde dentro.

Zackx, ahora en las escaleras, murmuró para sí mismo mientras bajaba acelerado:
-

¿Por qué me pasan estas cosas tan temprano...? Solo quería un té...

Y así, con el corazón a mil y la cara ardiendo un poco también, Zackx descendió a la planta baja, intentando borrar la escena de su mente... sin mucho éxito.

Zackx llegó a la cocina intentando calmar su mente. Se sirvió un vaso de agua, lo bebió de un solo trago y luego abrió el refrigerador con movimientos casi automáticos, como si ya supiera qué iba a preparar: unos sándwiches simples, quizá café si había suerte. El silencio reinaba, interrumpido solo por el zumbido del refrigerador y el crujido del pan al sacarlo del empaque.

Encendió la cafetera y se apoyó en la barra, aún pensando en lo ocurrido minutos antes.

-No vi nada... no vi nada... -murmuró en voz baja, convenciéndose a sí mismo, hasta que escuchó unos pasos suaves entrando en la cocina.

Orihime asomó con el cabello aún algo húmedo, vestida ya con ropa casual, aunque con las mejillas todavía rosadas.

-Buenos días... -dijo en un tono algo bajo, evitando al principio la mirada de Zackx.

-Buenos días -respondió él con una pequeña sonrisa incómoda-. ¿Sobreviviste al ataque de vergüenza?

Orihime lo miró con ojos entrecerrados y cruzó los brazos.

-¡No hagas bromas! Fue tu culpa por estar caminando por ahí como un fantasma al amanecer.

-¿¡Mi culpa!? ¡Yo vivo aquí! ¡Tú fuiste la que salió del baño como si fuera su casa! -replicó Zackx con una media sonrisa burlona mientras sacaba el sartén para calentar algo de pan.

Orihime suspiró, pero también sonrió, resignada.

-Supongo que esto va a pasar si vamos a vivir todos juntos... -dijo, y se sentó en una de las sillas junto a la barra.

Zackx le sirvió un vaso de jugo sin decir nada, luego dejó dos platos sobre la mesa con unos sándwiches improvisados. Se sentó frente a ella y comenzaron a comer en un silencio cómodo.

-Eres muy madrugador, por cierto -comentó Orihime mientras masticaba-. ¿Siempre despiertas tan temprano?

-Desde niño. Supongo que me acostumbré a estar solo. Cuando vives en una casa tan grande sin nadie que te despierte, el cuerpo se acostumbra a buscar rutina.

Orihime bajó un poco la mirada, pensativa.

-No parece que te moleste estar solo, pero tampoco que lo disfrutes...

Zackx se encogió de hombros y bebió un poco de café.

-No lo sé. Creo que me acostumbré a la soledad... hasta que conocí a Andy. Desde entonces, las cosas fueron distintas.

Orihime sonrió suavemente.

-Bueno... ahora ya no estás solo. Y tienes una cocina ocupada en la mañana, aunque haya un par de accidentes visuales...

Zackx soltó una risa entre dientes.

-Sí, creo que voy a tener que empezar a usar gafas oscuras para los pasillos.

Ambos rieron, y por primera vez desde que se conocieron, la conversación fluyó sin tensión ni entrenamiento ni sombras. Solo dos personas desayunando temprano, en una casa demasiado grande, compartiendo un momento simple, casi como si siempre hubiera sido así.

El desayuno continuó en silencio por un rato más, pero era de esos silencios que no resultaban incómodos. Orihime jugaba con su vaso de jugo, dibujando círculos con el dedo sobre la condensación mientras miraba de vez en cuando a Zackx con curiosidad.

-¿Y tú siempre cocinas? -preguntó de pronto, rompiendo el silencio.

-La mayoría del tiempo. Andy se alimentaría de cereales y atún directo de la lata si lo dejaras -respondió Zackx con una leve sonrisa, apoyando el codo en la mesa y recargando su rostro en la mano mientras la miraba.

Orihime soltó una risa suave.

-Vaya... entonces tendré que agradecerte por evitar una catástrofe alimenticia. Aunque, sinceramente... cocinas mejor de lo que pensé.

-¿Pensaste que no sabía? -preguntó Zackx alzando una ceja.

-No sé, con esa actitud de "no me importa nada" y cara de chico misterioso, asumí que eras un desastre -bromeó Orihime mientras lo observaba de reojo.




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