Sombras

Capitulo 4: El hijo del juicio.

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"Cuando el hielo camine entre los vivos,
el fin del fuego que lo engendró estará cerca.
No es el hijo quien mata al padre,
sino el destino, que por su sangre viaja."

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Una semana después ...

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La casa había vuelto a su rutina, como si su mundo no hubiera estado a punto de colapsar días atrás.
El cielo aún estaba teñido con la pálida luz del amanecer cuando Zackx, como siempre, ya se encontraba despierto.

Bajó las escaleras en silencio, con la camiseta colgando flojamente de un hombro y el cabello aún algo despeinado. Caminó directo a la cocina, rascándose la nuca, y con un bostezo largo abrió la alacena.

- Huevos, pan, café... suficiente para todos.- murmuró para sí, ya más despierto.

Encendió la estufa mientras tarareaba una canción que ni él recordaba bien, y pronto el aroma de pan tostado y mantequilla llenó el aire. Cortó frutas con una precisión sospechosamente buena, como si fuera una segunda naturaleza. Incluso preparó dos tipos de café: uno fuerte, casi como veneno, para Akeno... y uno más suave y dulce para Orihime.

Poco después, el sonido de pasos livianos bajando las escaleras lo alertó.
Orihime entró a la cocina envuelta en una bata ligera, con el cabello aún húmedo pegado al cuello y algunas gotas cayendo por las puntas.

- ¿Desde qué hora estás despierto?.- preguntó con una voz suave, casi ronca por recién despertar.

- Desde antes de que el sol se acordara de salir.- bromeó Zackx, sin voltear.

Orihime se sentó en una de las sillas de la barra, apoyando el mentón en la palma de la mano. Observaba a Zackx con una expresión entre divertida y curiosa.

- ¿Por qué siempre cocinas tú?.

- Porque si cocinara Andy ya estaríamos muertos.- respondió con una sonrisa burlona.

- Ey, no te metas con mi arroz quemado.- dijo Andy justo al aparecer por la puerta, con una camiseta sin mangas y el cabello hecho un desastre.

Sus ojos aún a medio abrir, y sus pasos pesados, como si cada paso fuera una pelea personal contra el sueño.

- ¿Eso era arroz?.- replicó Akeno mientras bajaba las escaleras como un espectro de guerra: camisa arrugada, una media caída, y cara de "no me hablen".

Se sentó sin decir palabra, tomó su taza de café negro y dio un largo sorbo antes de abrir un solo ojo.

- Ahora sí... hablen.- murmuró.

Zackx dejó un plato frente a cada uno con una sonrisa satisfecha.

- Con ustedes: el desayuno del campeón. O al menos del sobreviviente.

Orihime comenzó a comer mientras hablaba.

- ¿Qué haremos hoy? ¿Clases? ¿Pereza? ¿Pelea por el control remoto?.

- Pereza.- dijeron Andy y Akeno al unísono.

- ¿Pelea? Estoy listo, he entrenado toda la semana para eso.- añadió Zackx, alzando un tenedor como si fuera una espada.

Akeno lo miró de reojo.

- Te recuerdo que la última vez te metí una paliza.

- No lo recuerdo. Seguramente fue un sueño colectivo.- respondió Zackx mientras se encogía de hombros.

Las risas comenzaron a llenar la cocina, como si su mundo jamás hubiera estado en peligro, como si esa casa fuera una pequeña burbuja inmune al caos.
Por ahora, solo eran cuatro chicos compartiendo desayuno, con sus bromas, sus mañas matutinas y su extraña pero cálida convivencia.

Y a veces, eso era suficiente.

Después del desayuno y el caos matutino habitual, los cuatro comenzaron a alistarse para ir a la escuela. Uniformes puestos, mochilas a la espalda y un aire de normalidad flotando sobre ellos... al menos por unos segundos.

Zackx fue el primero en abrir la puerta principal, estirando los brazos y dejando que la luz del sol bañara su rostro.

- Hermoso día para caminar... o para volar al instituto.- dijo con una sonrisa ladeada y ese brillo travieso en los ojos.

Akeno, que venía justo detrás, frunció el ceño apenas escuchó el tono en su voz.

- Zackx, no.- advirtió, cruzándose de brazos.- No uses tus poderes para ir a clases. Somos estudiantes normales ahora, ¿recuerdas?

- ¿Normales? ¿Nosotros?.- Zackx soltó una risa corta mientras daba un paso adelante.

- Zackx...- repitió Akeno con tono firme.

Pero él ya estaba canalizando su energía, dejando que esa aura esmeralda lo envolviera mientras adoptaba su forma transformada. En un parpadeo, la katana en su espalda, el aura en sus ojos, y la energía en el aire cambiaron por completo.

- Nos vemos en la escuela, tortugas.- dijo con una sonrisa burlona antes de desaparecer como un destello entre planos.

Akeno apretó los dientes, fulminando con la mirada el punto donde antes estuvo.

- ¡Idiota...!

A su lado, Andy levantó una ceja, observando a Akeno primero, luego a Orihime... y, sin decir palabra, una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro. Lentamente, con dramatismo, comenzó a transformarse también, dejando que su silueta se desvaneciera poco a poco en el aire.

- ¡¿Tú también?!.- Akeno alzó las manos, exasperada.- ¿De verdad?

Andy, a medio desaparecer, levantó una mano con total calma y la movió a modo de despedida, como si se deslizara lentamente hacia otra dimensión... mientras seguía viendo a las chicas con una expresión tan seria como ridícula.

Orihime se aguantó la risa, apretando los labios con fuerza. Akeno giró sobre sus talones con un bufido y comenzó a caminar rumbo a la escuela.

- No pienso malgastar energía solo para llegar diez minutos antes.- murmuró.

- Yo solo espero que no haya una inspección sorpresa y los vean así en la entrada.- comentó Orihime mientras alcanzaba a Akeno con pasos tranquilo.- Aunque... admito que fue divertido.



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En el texto hay: comedia, combates shonen

Editado: 31.03.2026

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