Sombras

Capitulo 5: Dónde el agua recuerda su forma.

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"No hubo promesas,
solo silencios compartidos.
Y entre el frío del alma,
el agua recordó
que una vez fue río."

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Zackx colocó con cuidado a la chica de cabello azul en el sofá más grande de la sala. Su cuerpo estaba en un estado alarmante: magullado, tembloroso, sucio y peligrosamente deshidratado. Al ver su condición, Zackx alzó la voz con urgencia:

— ¡Necesita agua!.- exclamó.

Sin perder ni un segundo, Orihime corrió a la cocina. El sonido apresurado de sus pasos llenó el silencio tenso. Regresó a los pocos segundos con un vaso de agua en las manos. Zackx lo tomó y, con delicadeza, llevó el borde del vaso a los labios resecos de la desconocida.

La chica, aún en un estado semiinconsciente, comenzó a recuperar la conciencia. Sus ojos entrecerrados pestañearon, temblorosos, hasta que, de pronto, con una fuerza inesperada, lanzó un puñetazo directo al rostro de Zackx.

— ¡Ah, rayos!.- gruñó Zackx, retrocediendo mientras se llevaba la mano a la nariz, sorprendido por el golpe.

La chica se incorporó con esfuerzo, arrastrándose lejos de ellos. Su respiración era agitada, sus ojos desorbitados, llenos de pánico.

— ¡No me toquen! ¡Déjenme en paz! ¡No quiero más! ¡No quiero más!...- gritaba, temblando, con la voz quebrada, como si hubiera despertado de una pesadilla interminable.

Orihime dio un paso al frente, manteniendo la calma que tanto la caracterizaba. Su voz fue suave, casi un susurro entre el caos:

— Tranquila... nadie aquí va a hacerte daño, estás segura aquí.

El resto del grupo se quedó en silencio, observando con preocupación a la chica, que temblaba entre sollozos mientras Orihime, arrodillada frente a ella, extendía la mano con la mayor ternura posible.

La chica de cabello azul miró a su alrededor con ojos vidriosos, aún temblorosa. Ya no estaba en esa oscura y húmeda habitación donde el miedo era su única compañía. Ahora, los colores cálidos de la sala, el suave murmullo del ambiente y la expresión genuina de preocupación en los rostros que la rodeaban le confirmaban algo que había olvidado sentir: seguridad.

Sus ojos se detuvieron en cada uno de ellos, observando sus gestos, su calma, su humanidad. Fue entonces cuando, sin poder contenerlo más, se quebró. Lloró con fuerza, como quien desata años de dolor reprimido. Su llanto era tan profundo y desgarrador que incluso Akeno desvió la mirada, incómoda por lo que sentía ante ese sufrimiento tan real.

Orihime, conmovida, se arrodilló junto a ella, rozándole suavemente el hombro.

— Ya pasó... estás a salvo. Nadie aquí te hará daño.- sus palabras fueron un bálsamo, cálidas y sinceras, como solo ella podía pronunciarlas.

La chica, aunque aún sollozando, asintió débilmente. Los minutos pasaron y, con delicadeza, Orihime la ayudó a incorporarse. Pero en cuanto la chica intentó apoyar sus piernas, sus rodillas cedieron por completo.

— ¡Cuidado!.- exclamó Orihime, sujetándola justo a tiempo.

Zackx no dijo nada. Solo los miró por un instante y se marchó directo a la cocina con pasos decididos. Sabía que esa chica necesitaba más que palabras: necesitaba alimento, algo que la reconectara con el mundo de los vivos.

Un rato después, con el cielo ya cubierto por un manto estrellado, Zackx regresó con un plato humeante entre las manos. El aroma llenó la sala al instante: arroz con pollo al jengibre, acompañado de zanahorias glaseadas y pan tostado con mantequilla. Nada complicado, pero lo suficiente para devolverle fuerzas a cualquiera.

Zackx colocó el plato frente a la chica, quien lo observó como si se tratara de un sueño. Sus ojos se abrieron con asombro, y casi con vergüenza, miró a Zackx como si buscara permiso para llevarse el primer bocado a la boca.

Zackx le sonrió con amabilidad.

— Provecho.- dijo con voz cálida.

La chica asintió con timidez y tomó el primer bocado. Apenas el sabor tocó su lengua, su expresión cambió por completo. Lágrimas silenciosas volvieron a correr por sus mejillas, pero esta vez no eran de miedo... sino de alivio. Comenzó a comer con manos temblorosas, pero con un hambre profunda que evidenciaba cuánto tiempo había pasado desde la última vez que probó algo caliente.

Akeno, apoyada en el marco de la puerta, cruzó los brazos y murmuró, con su habitual tono entre seca y sincera:

— Al menos tiene buen gusto para cocinar.

Andy, que estaba recostado en un sillón cercano, levantó una ceja.

— ¿Y tú qué sabes de buen gusto? Si tú quemas hasta el cereal...

— ¡Cállate, animal!.- le respondió Akeno dándole un leve golpe con una almohada al acercarse.

Orihime sonrió ante la escena mientras la peliazul seguía comiendo, sus sollozos apagándose con cada bocado. Por primera vez en mucho tiempo, aquella desconocida sentía que tal vez... podría estar a salvo.

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La peliazul terminó su comida en silencio, llevando la última cucharada con una mezcla de gratitud y melancolía. Frente a ella, sentados en en la misma mesa, Zackx y Orihime la observaban con paciencia, como si esperaran a que sus palabras brotaran por fin.

Y lo hicieron.

— Gracias... -murmuró la chica, su voz aún débil pero más firme.— Hacía... mucho que no comía algo así.

Volteó hacia Zackx con una tímida sonrisa. Él, un poco sorprendido por el gesto, le devolvió la sonrisa con naturalidad.

— De nada... pero...- dijo Zackx, ladeando un poco la cabeza.— Deberías darte un baño. Hueles bastante mal, como... a excremento y orina.



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En el texto hay: comedia, combates shonen

Editado: 31.03.2026

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