Isabella sentía cómo el aire escapaba de sus pulmones mientras observaba la foto sobre la mesa. El rostro que la miraba desde el papel era familiar... demasiado familiar. El cabello oscuro, los ojos intensos, la sonrisa carismática que había llegado a amar...
Dante Moretti.
El hombre al que había amado. El hombre que creía muerto. El hombre que ahora sabía que había sido el verdadero cuervo todo el tiempo.
—No puede ser... —susurró Isabella, sus manos temblando mientras sostenía la foto. —Él... murió. Lo vi con mis propios ojos.
—No. —dijo Marco, su voz baja y cargada de dolor. —Te hizo creer que estaba muerto. Pero fingió todo... para destruirte.
Isabella sintió cómo su pecho se apretaba, el dolor de la traición golpeándola con fuerza. —¿Fingió... su muerte...?
—Sí. —Marco asintió, sus ojos oscuros llenos de tristeza. —Hizo explotar el coche... plantó un cadáver irreconocible... y desapareció de tu vida. Todo para manipularte... para acecharte desde las sombras.
—¿Cómo lo supiste? —preguntó Isabella, su voz temblando. —¿Cómo descubriste... esta mentira?
Marco apretó los labios, su expresión endureciéndose. —Cuando seguí a Luca, lo vi reuniéndose con un hombre alto, de cabello oscuro. No pude ver su rostro... pero reconocí su voz. Era Dante.
Isabella sintió cómo el mundo se tambaleaba a su alrededor. La voz que había amado, las palabras que la habían consolado... todo había sido una mentira. —No... no puede ser...
—Lo es. —Enzo intervino, su rostro endurecido. —Dante Moretti fingió su muerte... y se convirtió en el cuervo. Ha estado manipulando a todos desde las sombras.
—¿Por qué...? —jadeó Isabella, su corazón roto. —¿Por qué haría esto...?
—Para destruirte. —respondió Marco, su voz llena de dolor. —Para acabar con tu familia... con tu nombre... contigo.
Isabella sintió cómo la rabia comenzaba a arder en su pecho. —No... no puedo aceptarlo... no puedo...
—Tienes que hacerlo. —Marco se acercó a ella, sus ojos llenos de determinación. —Porque si no lo haces... él te matará.
Isabella cerró los ojos, sus lágrimas cayendo libremente. Había amado a Dante. Lo había dejado entrar en su corazón, le había confiado sus secretos... su alma.
Y él había usado todo eso en su contra.
—¿Dónde está ahora? —preguntó finalmente, su voz fría y peligrosa.
—No lo sabemos. —respondió Enzo, su tono tenso. —Pero sigue en la ciudad. Aún tiene hombres leales... aún está tirando de los hilos.
—Entonces lo encontraré. —dijo Isabella, su mirada oscureciéndose. —Y cuando lo haga... voy a destruirlo.
—¿Estás segura de esto? —preguntó Marco, su voz suave. —Él... fue alguien importante para ti.
Isabella apretó los dientes, su mirada fría como el hielo. —Dante Moretti está muerto. Lo que queda... es un monstruo. Y yo mato monstruos.
Marco asintió lentamente, sus ojos llenos de respeto y dolor. —Entonces estaré a tu lado. Hasta el final.
—Prepárense. —ordenó Isabella, enderezando los hombros. —Esto acaba hoy.
Horas más tarde, Isabella se encontraba en el centro de operaciones de la mansión, rodeada de pantallas y mapas. Marco y Enzo estaban a su lado, trazando rutas y ubicaciones.
—Si Dante está en la ciudad, necesitará una base de operaciones. —dijo Enzo, señalando varios puntos en el mapa. —Estos son los lugares más probables... almacenes abandonados, propiedades que pertenecían a su familia.
—Es inteligente. —admitió Marco, cruzándose de brazos. —Pero arrogante. Se siente intocable... por eso vendrá a ti.
—Entonces lo estaré esperando. —dijo Isabella, su voz firme. —Quiero que rodeen cada uno de esos lugares. Si aparece... quiero saberlo de inmediato.
Enzo asintió, tomando su teléfono para dar las órdenes. —A sus órdenes.
—Esto no es solo una misión. —dijo Marco, su mirada intensa. —Es personal. No subestimes su odio, Isabella.
—No lo haré. —respondió Isabella, su voz fría. —Él fingió amarme... solo para destruirme. Usó mi corazón en mi contra... y eso es algo que no puedo perdonar.
Marco apretó los labios, sus ojos llenos de comprensión. —Entonces acabemos con él.
—Sí. —dijo Isabella, sus ojos oscuros brillando con odio. —Esta vez... no habrá piedad.
La noche cayó sobre la ciudad mientras Isabella se preparaba para la batalla final. Se vistió con ropa negra y ajustó su chaleco táctico, ocultando la cicatriz que la herida de Luca había dejado en su pecho.
Cuando salió de la mansión, Marco la esperaba junto al coche, su postura relajada pero sus ojos alertas. —¿Lista?
—Nunca más lista. —respondió Isabella, su mirada fría y determinada.
—Esto no será fácil. —advirtió Marco. —Él te conoce... mejor que nadie.
—No. —corrigió Isabella, su voz llena de rabia. —Él conocía a la Isabella que lo amaba. Esa mujer murió el día que él fingió su muerte.
Marco asintió lentamente, su expresión sombría. —Entonces acabemos con este fantasma.
Subieron al coche y condujeron en silencio, la tensión en el aire casi palpable. Isabella sentía cómo su corazón latía con fuerza, sus manos apretadas en puños.
Había amado a Dante. Había confiado en él... le había dado su alma. Y él la había destruido desde adentro.
—Vamos a atraparlo. —dijo Marco, su voz baja. —No importa dónde se esconda... lo encontraremos.
—Y cuando lo hagamos... —dijo Isabella, sus ojos oscuros ardiendo con odio. —Lo miraré a los ojos... y lo haré pagar por todo.
Marco no respondió. Solo asintió, su mirada fija en la carretera.
La guerra continuaba. Pero esta vez, no era solo una batalla por poder o territorio.
Era una batalla por su corazón... y por su alma.
Y no mostraría piedad.
El aire estaba cargado de tensión cuando Isabella y Marco llegaron al almacén abandonado en el distrito norte de la ciudad. La estructura antigua se alzaba como una sombra ominosa, sus ventanas rotas y su fachada cubierta de grafitis. Parecía un lugar olvidado por el tiempo... pero Isabella sabía que Dante Moretti estaba allí, esperándola.