"Alejandra" gritó su madre, "¿Dónde te metiste pequeña? Y antes que su madre la viera Alejandra bajó del árbol.
"¡Chinita endemoniada! te vas a matar un día de estos" Volvió a gritar su madre mientras la veía alejarse corriendo colina arriba.
Alejandra tenía 12 años, era un niña especial, siempre sabía cosas antes de que pasarán. Su madre le tenía prohibido decir esas cosas. No la dejaba hablar sobre eso. Ale igual era feliz, libre... Corría por el bosque, se subía a los árboles, sin importar lo alto que estuvieran. Jugaba con los animales salvajes. Los curaba, su casa era el refugio de todo animalito que encontraba herido, claro siempre con la complicidad de su padre Ernesto. El hombre más bondadoso y dulce que había en el mundo de Ale.
Cada día después del colegio Ale se internaba en el bosque, jugaba, cantaba y se echaba a dormir unas largas siestas.
En uno de esos recorridos, lo encontró a él. El chico de mirada triste, sus ojos grises hablaban por él. Ale lo encontro de frente un día y se perdió en sus ojos..... no lo saludo. Averiguo quien era él. Nunca lo había vistó en el pueblo. Sus compañeras le contarón de él.... que vivía con su madre, que nunca fue al colegio. Que era raro. Eso lejos de alejarla, la intrigo más. Cada día despues del colegio se acercaba a los lugares que sabía que el frecuentaba movida por algo que ni ella misma entendía. No era amor, no estaba enamorada. Ella aún no pensaba en esas cosas. Era otra cosa... cuando lo veía , sentia que él estaba sufriendo...no sabía como pero sabía que ella debía ayudarlo.
Su vida trascurría entre la escuela, el bosque, sus hermanitos...las gallinas y los patos de la granja que tenían sus padres.
Una noche de tantas, la volver a la casa. Su madre la esperaba como siempre para castigarla por perderse en el bosque y no hacer su tarea.
Asi que cuando volvió, Constanza ya le había hecho una lista de tareas de castigo junto con un largo sermón de porque una niña no debería portarse así.
Cuando la cena estuvo lista, pollo con arroz. Todos se sentaron en la mesa. Ernesto pidió que lo escucharan
"Familia, encontré trabajo en la ciudad, así que nos mudaremos en unos días. Este pueblo nos quedo chicp, necesito que ustedes tengan más opciones para su futuro. Allí podran estudiar una carrera en la universidad. ¡Tu Ale podras ser veterinaria!!Dijo tratando de animarla, conocía a su hija y sabía que la que más sufriría por esa decisión seria ella".
Ale al escuchar eso, comenzo a llorar en silencio, y le preguntó a su madre si podía retirarse a su habitación, su madre asintió. Ale subió las escaleras corriendo y se encerro en su habitación. Sus ojos llenos de lagrimas, pensaba en todo lo que dejaría atras, sus animales, su bosque, su pequeño mundo.
Los días transcurrieron y Ale comenzo a despedirse a su manera de ese bosque que amaba, de sus animales, los salvajes y también los de la granja que su padre había empezado a vender. "Patos y gallinas no vienen a la ciudad" y Ale pensó en ese momento como le hubiera gustado ser una gallina...
Pero aún no se había despedido de él. No podía, nunca le había hablado y tenía mucha vergüenza. ¿Que le diría? Se que volveré a verte, porque se que cosas...no, mejor sería irse sin decir nada. Pero ella sabía que él ese día, estaba más triste que nunca. Lo sentía en su corazón, una angustia que no era propia.
Se armó de valor, al otro día partirián. Salió de su casa derecho por el sendero que la llevaba a la casa de León. Ya sabía su nombre. Se apuró lo más que pudo. Y lo encontró sentado, con la cabeza entre sus manos, mirando al suelo. Se acercó despacio.
León había salido por aire luego de hablar con su madre y ya sabía que ella estaba ahí la olía reconocía su aroma. La niña de ojos grandes que siempre lo observaba. No le extrañaba, todos en el pueblo lo hacían. Lo que si le extraño era verla llegando a su casa.
Levanto la mirada y la vió. Ella se acerco timidamente y solo le dijo mirándolo fijamente a los ojos:
"Lo encontraras, él vendrá a ti, tu vida cambiara. Pero no te preocupes yo estare ahí para ayudarte" y lueego salió corriendo, sin dejarlo reaccionar... León se preguntó por largo tiempo si esa niña hablaba de su padre.
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Editado: 24.06.2026