NAYEON
Hay personas que llegan a tu vida para quedarse para siempre.
Eso era lo que yo pensaba.
Me llamo Nayeon, y cuando tenía ocho años conocí a la que, durante mucho tiempo, fue mi mejor amiga.
Su nombre era Wonyoung.
La conocí el primer día de clases. Mientras todos los niños corrían por el salón buscando un lugar para sentarse, ella permanecía sola en la última fila. Miraba por la ventana con una expresión tranquila, como si estuviera en otro mundo.
No hablaba con nadie.
No sonreía.
Parecía tan sola... que no pude ignorarla.
Tomé mi mochila y caminé hasta su pupitre.
—Hola. Soy Nayeon.
Ella levantó la mirada lentamente.
Tenía unos ojos muy bonitos, aunque parecían esconder un poco de tristeza.
—Hola... Yo soy Wonyoung.
Le sonreí.
—¿Quieres ser mi amiga?
Por unos segundos no respondió. Pensé que me había equivocado al acercarme.
Pero entonces una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Sí.
Ese simple "sí" cambió nuestras vidas.
Desde ese día nunca nos separamos.
Comíamos juntas durante el recreo, hacíamos las tareas en casa de la otra y pasábamos horas inventando bailes frente al espejo.
Nos encantaba la música.
Si escuchábamos una canción nueva, intentábamos aprender la coreografía ese mismo día.
A veces nuestras mamás nos encontraban bailando en la sala con una escoba en la mano, fingiendo que era un micrófono.
—¡Gracias por venir a nuestro concierto! —gritaba yo haciendo una reverencia.
Wonyoung soltaba una risa tan fuerte que terminábamos las dos tiradas en el piso.
Éramos felices.
No necesitábamos nada más.
Un viernes, la escuela organizó un pequeño festival de talentos.
La maestra nos preguntó si queríamos participar.
Nos miramos al mismo tiempo.
No hizo falta decir una palabra.
Las dos respondimos:
—¡Sí!
Ensayamos durante semanas.
Después de clases nos quedábamos practicando hasta que el conserje nos decía que ya era hora de irnos.
El día del festival estaba tan nerviosa que mis manos no dejaban de temblar.
Wonyoung tomó mi mano.
—Lo haremos bien.
Asentí con una sonrisa.
Cuando la música comenzó, todo el miedo desapareció.
Solo existíamos nosotras, el escenario y nuestros sueños.
Al terminar, el gimnasio entero estalló en aplausos.
Nunca olvidaré ese sonido.
Fue la primera vez que sentí que quería dedicar mi vida a estar sobre un escenario.
Esa tarde nos sentamos bajo el árbol más grande del patio de la escuela.
El viento movía lentamente las hojas.
Wonyoung miró el cielo y habló en voz baja.
—Nayeon... ¿tú crees que algún día podamos convertirnos en idols?
La miré.
Sus ojos brillaban de ilusión.
Sonreí.
—No lo creo...
Su expresión cambió por un instante.
Entonces continué.
—Estoy completamente segura.
Ella comenzó a reír.
Después levantó su dedo meñique.
—Prométeme que, pase lo que pase, debutaremos juntas.
Sin pensarlo, entrelacé mi dedo con el suyo.
—Te lo prometo.
En ese momento juré que nada podría separarnos.
Que nuestra amistad sería eterna.
Que compartiríamos el mismo escenario.
Nunca imaginé que, años después, esa misma promesa sería la que más nos dolería recordar.