Miranda
Despierto aturdida y mareada. Todo da vueltas a mi alrededor y siento el cuerpo tan pesado como si hubiera estado hibernando durante años. Intento abrir los ojos, pero una luz intensa invade mi visión y me obliga a cerrarlos otra vez.
Escucho una voz decir algo. Suena emocionada, desesperadamente emocionada, pero no logro comprender las palabras. Solo percibo un murmullo distorsionado y el roce de algo sobre mi hombro. Quiero moverme, reaccionar, hacer cualquier cosa, pero mi cuerpo apenas responde.
Después de varios intentos logro abrir los ojos un poco más. Frente a mí distingo una mata de cabello negro. Mi vista sigue desenfocada, pero reconozco a Jack casi de inmediato. Sus labios se mueven rápido mientras un zumbido constante llena mis oídos.
De pronto acerca algo a mi boca. Tardo un segundo en entender que es un vaso. El agua toca mis labios y el sabor frío me ayuda a volver lentamente a la realidad. Parpadeo varias veces y la figura frente a mí empieza a tomar forma. También las palabras.
-Bien... matar... MT...
Frunzo más el ceño, confundida, hasta que por fin logro escucharme hablar con claridad.
-¿Dónde estoy?
Jack responde enseguida, aunque todavía me cuesta entenderlo del todo.
-Fuera... a salvo... conmigo...
Me toma de las manos y luego me abraza. Su calor resulta extrañamente reconfortante y una lágrima se me escapa sin que pueda evitarlo. Él lo nota al instante y me aferra con más fuerza, como si intentara protegerme del mundo entero. Entonces empieza a hablarme al oído con suavidad, y esta vez consigo entender cada palabra.
-Estás a salvo conmigo. Te amo, Miranda Mai. No dejaré que te pase nada.
Su voz mezcla alivio y angustia de una manera que me desconcierta.
Miro alrededor. El lugar parece abandonado, viejo, silencioso.
-¿Qué pasó? -pregunto con dificultad.
-Después de todo lo que ocurrió te encerraron y pensaban matarte. Yo te saqué de ahí. Ahora estás conmigo.
Lo observo en silencio.
¿De verdad hizo eso por mí después de todo lo que pasó?
Algo no encaja. Me siento diferente... y él también. Hay algo extraño en su mirada, en la forma en que habla, en cómo sostiene cada palabra.
-¿Cuánto tiempo pasó?
Jack se sobresalta apenas hago la pregunta. Aparta la mirada por un instante, como si odiara la respuesta.
-Dos meses desde que te saqué de ahí.
Siento que el corazón se me detiene.
Dos meses.
Por eso mi cuerpo se siente tan ajeno. Por eso me costó tanto recuperar los sentidos.
-Intenté hablar contigo cuando todavía estabas encerrada, pero no tuve suficiente tiempo. MT te estaba controlando, así que tuve que arreglármelas para evitar que destruyera todo una vez estuviera libre. Hice un trato con ella... se comportaría si le daba una presa todos los días.
Mi estómago se revuelve.
-¿Una presa?
-No especificó qué tipo de presa -dice con naturalidad-, así que estuve trayendo animales para que pudiera cazar.
Lo miro fijamente.
Por un segundo noto algo en sus ojos. Una chispa oscura. Hambre. Sed de sangre.
Jack definitivamente ya no es el mismo.
Esa cosa lo está contaminando. Arrastrándolo poco a poco hacia donde estoy yo.
Parpadeo varias veces antes de preguntar:
-¿Y qué se supone que hagamos ahora?
Una sonrisa leve aparece en su rostro.
-Somos rebeldes, Miranda. Podemos hacer lo que queramos, con quien queramos y cuando queramos. Puedes enseñarme todos esos lugares que conocías antes de ir a prisión... y yo puedo hacer lo mismo contigo.
Habla como si la situación fuera emocionante. Como si escapar del mundo fuera una aventura.
Pero yo no quiero esto.
No quiero tenerlo así.
-No.
La sonrisa desaparece un poco.
-¿No qué? -pregunta.
Lo miro fijamente.
-Tú y yo vamos a arreglar todo esto.