El aire en la sala central del Palacio de las Sombras era denso, como si la magia oscura misma estuviera suspendida en el ambiente. Lord Vincent Wyrmwood mantenía su postura erguida, con una sonrisa astuta que no dejaba ver sus intenciones. Lilianne no lo miraba como una noble de la Casa Ashford. En este momento, era la maga oscura, con una voluntad de hierro que solo podía ver a través del velo de la venganza.
—¿Una oferta, Lilianne? —Lord Wyrmwood repitió, su voz suave, como si se estuviera burlando de la situación. —Sabes bien que este no es el lugar para hacer negociaciones. Estamos en el corazón del poder, y no es sabio venir aquí sin entender las reglas.
Lilianne dio un paso al frente, su presencia haciendo que la sala se sintiera aún más fría. La magia oscura latía dentro de ella, dispuesta a ser liberada en cualquier momento.
—No estoy aquí para negociar. Estoy aquí para conocer la verdad. —dijo con calma, sus ojos fríos como el acero. —¿Quién está detrás de todo esto, Lord Wyrmwood? ¿Quién ha estado manipulando a las casas nobles para que se enfrenten entre sí?
El rostro de Wyrmwood se tensó por un segundo, pero rápidamente recuperó su compostura. Su mirada ya no era de cortesía, sino de desafío. No sabía hasta qué punto Lilianne había avanzado en su conocimiento. Tal vez ella sabía más de lo que había dejado escapar, o tal vez no. Lo que sí sabía era que este encuentro iba a ser peligroso para ambos.
—Crees que sabes mucho, Lilianne, pero la verdad es mucho más compleja de lo que imaginas. —Lord Wyrmwood dijo, sus ojos oscuros centrándose en ella. —El poder siempre ha sido un juego de sombras. Y tú, querida, no eres la única jugadora en este tablero.
Lilianne sintió cómo su magia oscura comenzaba a arder con intensidad. Estaba demasiado cerca para que le jugaran al escondite, y sus palabras solo aumentaban su deseo de verlos caer.
—No soy una jugadora, Lord Wyrmwood. Soy la pieza que pondrá fin a este juego. —respondió con una frialdad absoluta.
Un silencio tenso llenó la sala, solo interrumpido por un suave crujido proveniente de las puertas, que se abrieron lentamente. Eldric apareció en la entrada, su rostro mostrando una mezcla de desconcierto y advertencia.
—Lilianne, cuidado. —dijo, su voz cargada de preocupación.
Antes de que pudiera continuar, la sala se oscureció aún más. La magia de las sombras se desbordó, envolviendo el espacio en una neblina densa y palpable. Lilianne sintió que su poder oscuro comenzaba a ser contrarrestado. Algo no estaba bien.
—Te has adentrado en la trampa de las sombras, Lilianne. —La voz de Lord Wyrmwood se convirtió en un susurro seductor, pero lleno de veneno. —¿Acaso creías que me sentaría a esperar a que me atacaras sin prepararme?
Lilianne reaccionó al instante, su magia oscura explotando en una ola de energía negra que cortó la niebla de sombras como un cuchillo afilado. La luz en la sala vaciló momentáneamente, pero algo la mantenía atrapada en ese espacio, algo más grande que ella misma.
—¿Qué has hecho? —gritó Lilianne, mientras sus ojos brillaban con furia. —¡Este lugar está lleno de magia maldita!
Lord Wyrmwood no respondió de inmediato. En su lugar, un reflejo distorsionado de él mismo comenzó a materializarse a su lado. Una sombra oscura, como un fantasma, comenzó a tomar forma, reflejando su misma imagen pero con una sonrisa maliciosa y dientes afilados.
—No te hagas ilusiones, Lilianne. —dijo el reflejo de Wyrmwood, su voz un eco distorsionado que resonaba en las paredes. —Este es el Laberinto de las Sombras, un lugar donde ni el más grande de los magos puede escapar una vez que entra.
Lilianne apretó los puños, sintiendo cómo su magia pulsaba en su interior. No podía permitir que ese lugar la derrotara. Eldric observaba desde la entrada, viendo cómo Lilianne luchaba por mantener el control. La magia oscura se retorcía a su alrededor, como si estuviera a punto de estallar en una explosión destructiva.
—Espera... —dijo Eldric, pero antes de que pudiera intervenir, una figura más apareció a su lado, bloqueando su paso: una figura alta, vestida con ropas oscuras, cuya magia oscura resonaba de manera siniestra.
—No lo dejes escapar, Eldric. No confíes en él. —dijo la figura, revelando una máscara metálica que ocultaba su rostro.
Eldric retrocedió, sus ojos brillando con desconfianza.
—¿Quién eres? —preguntó, su tono desconfiado.
La figura enmascarada no respondió, pero alzó su mano hacia Eldric, desatando un golpe de magia oscura que lo empujó contra la pared.
Lilianne gritó, su magia oscura explotando en un destello brillante de energía, disolviendo la niebla de sombras que se desvaneció rápidamente. Sus ojos brillaban con intensidad, sus pensamientos centrados en romper la trampa y vengar a la mujer que había sido.
—¡Salgan de mi camino! —gritó Lilianne, liberando una explosión de energía pura que desintegró a las sombras a su alrededor. La magia oscura ya no solo respondía a sus órdenes, sino que parecía ser parte de su alma misma.
Un sonido metálico resonó, como si una puerta invisible se abriera ante ella. El Laberinto de las Sombras estaba comenzando a ceder.
—¡Esto no ha hecho más que comenzar! —La voz de Wyrmwood retumbó en sus oídos, mientras se desvanecía en la neblina.
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Editado: 05.08.2025