Sombras del Destino

Capítulo Tres: Realidad

Poco a poco, recobro mis sentidos. A lo lejos, escucho a los pájaros entonar sus melodías únicas, anunciando un día soleado y lleno de color. Cuando la nubosidad que me impedía ver se disipa, me encuentro con un joven pálido de cabello azabache, facciones un tanto duras y una sonrisa, no mayor de 18 años, observándome con curiosidad, demasiado cerca para mi gusto.

En ese momento, recuerdo por lo que he pasado. Lo que todavía no sé es cómo llegué aquí y quién demonios es este joven. Frunciendo el ceño, me levanto de una especie de cama improvisada en el suelo. Pero, al parecer, mi cuerpo no está listo, pues, al hacerlo, me traiciona y caigo nuevamente sobre lo que parece paja y algodón.

- ¿Dónde estoy? - logro murmurar, llevando mi mano a la cabeza porque todo comienza a dar vueltas.

- En el valle, debajo de las montañas heladas - me responde él, sonriente, con un tono divertido, como si se burlara de mi estado tan deplorable.

Estaba a punto de preguntar quién es, pero sus ojos azules y cristalinos me detienen. No puede ser un cambiaformas, su especie se extinguió hace siglos.

-Oye, tranquila. Si sigues pensando así, te saldrá humo por las orejas – me dice con un toque de burla. Lo miro como si fuera un bicho raro porque no me parece normal que me trate como si me conociera de toda la vida.

-Soy Leo- interrumpe de nuevo, tratando de romper el silencio que estuvo presente desde que desperté. -Tal vez no me reconozcas en esta forma, solo no te asustes, por favor- añade, rascándose la cabeza nerviosamente.

Y entonces, en un parpadeo de ojos, dejé de ver a "Leo" y, frente a mí, está ese pequeño tigre del lago, con ropa desgarrada bajo sus patas. En contradicción a lo que me dijo que no hiciera, me asusté y abrí los ojos como platos.

- ¡Maldición! Si era un cambiaformas- pienso en voz alta, poniéndome una mano en la boca en un intento patético de ocultar mi sorpresa.

Vuelvo a escuchar sus huesos crujir y lo veo regresar a su forma humana, con alas en su espalda. Me quedo unos segundos admirándolas y, en respuesta, él dice, en un tono egocéntrico: -Son hermosas, ¿no? -. Es entonces cuando salgo de mi estupor y me doy cuenta de que esta completamente desnudo y, aun así, no siente una pizca de vergüenza o pudor.

-Sabes, deberías taparte. No creo estar acostumbrada a ver mucha gente desnuda caminando tan normal- al decir eso, asiente con la cabeza y sale de la choza en busca de ropa.

Mientras tanto, decido que no debería quedarme mucho tiempo aquí, así que me levanto con más cuidado esta vez y veo mi reflejo en el agua de un cuenco. - ¡Por todos los dioses! - Parece que hubiera muerto. - ¿Cuánto tiempo pasé bajo el agua? –

Aunque era una pregunta más para mí, obtengo la respuesta de una voz femenina a mis espaldas: -Una década-. Me giro y veo a una mujer corpulenta, con las mismas características que Leo, agachándose para dejar una cesta con ropa. -Pasaste toda una década bajo ese lago congelado – ¡Diablos! se siente como si solo hubieran sido días-

Es entonces cuando recuerdo. - ¡Mi madre! Por los dioses, ¿qué pasó con mi madre? -

-Los lobos la mataron- responde con una expresión neutral. Como si me estuviera contando su día a día, dejo que continue con su relato, pues comencé a sentir un nudo en mi garganta y los ojos se me nublaron por las lágrimas que amenazaban con caer sin medida.

Tuve que sentarme en la cama improvisada, para no caer de rodillas al suelo y verme tan débil ante lo ocurrido con la mujer que me cuido y amó más que a ella misma, siempre mostrándome una sonrisa a pesar de las circunstancias

-Después de la invasión a Greendferd, rastrearon los pasos de los brujos que buscaron refugio en lo profundo del bosque-.

-En mi pueblo- la interrumpo y ella asiente con la cabeza, continuando el relato -Así es, cuando cruzaron la frontera del bosque, todos lo supimos, sabíamos que pasaría; lo sentíamos en el aire. Algunos quisieron ayudar, pero a pesar de que el bosque se defendió y mató a algunos de los suyos, seguían siendo demasiados...

Todos en Urok se prepararon lo mejor que pudieron, pero los lobos eran muy rápidos y llegaron antes de lo esperado. Tu madre logró correr contigo mientras otros intentaban distraer a los lobos para que no las siguieran. Ella te llevaba en brazos mientras estabas desmayada, sabiendo que no la dejarías ir si estaba en tus cinco sentidos. Al llegar al lago, te encomendó a la tierra y al mar, dejando que te hundieras en sus aguas cristalinas. En respuesta, el lago comenzó a congelarse, dejándote bajo su protección.

Cuando tu madre volvió a Urok, todo era llamas y desesperación, así que lo único que pudo hacer fue dejar su alma en el bosque para protegerte y a todos allí. Yo y mi cachorro huimos lo más lejos posible y, por la deuda que tenía con tu madre, juré salvarte y protegerte cuando el momento llegara- hizo una exhalación como si se sintiera melancólica por algo, de hecho no la culpaba por huir y no ayudar al resto, pues de cierto modo comprendía la situación en la que estuvo.

-Bueno, niña – dice estirándose y limpiándose las manos en el mantel de su cintura-, te traje algo que tal vez pueda servirte. No creo que quieras seguir con esa ropa mojada y en mal estado. – Pone el cesto en la cama y se encamina hacia la salida de la choza para que me cambie. Antes de salir, agrega -Ah, y por cierto, si deseas darte una ducha, afuera hay una tinaja con agua tibia- y sale por completo del pequeño espacio en el que me encuentro.

❄️

Debo admitir que, aunque la tinaja es un tanto incómoda, estoy agradecida de volver a sentir la calidez del agua y de las maravillas que hace para relajar mis músculos, que gimotearon de placer al tener contacto con el agua caliente.

Mientras froto mi cuerpo y enjabono mi cabello, reflexiono sobre lo que haré a continuación. Tal vez sea una locura, pero eso dejó de importarme en el momento en que me quedé sin nada que me ate a este mundo, por culpa de esos perros.




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