Capítulo 47 – La otra voz
Narrado por Nikolai
𝑭𝒍𝒂𝒔𝒉𝒃𝒂𝒄𝒌:
Después de verla sentada junto a esa cama durante horas, sin dormir, sin comer, con la mirada fija en esa niña rota, Nikolai supo que ya no podía seguir al margen.
Habían pasado casi cuarenta y ocho horas desde que Irina salió de la sala médica sin decir palabra.
Desde entonces, el ambiente en la base había cambiado, como si el aire se espesara con cada nuevo dato, cada mirada desviada, cada frase de Dasha que no encajaba con su rostro ni su edad.
La primera noche después del despertar completo de la chica fue inquietante. Su conducta oscilaba entre lo infantil y lo clínicamente frío.
Nikolai observaba en silencio, desde la sala contigua, cómo la "niña" hablaba con alguien que no estaba presente. A veces, usaba un lenguaje demasiado técnico.
Otras, simplemente se acurrucaba y repetía números o frases en voz baja.
El interrogatorio no tardó en ser aprobado. Nikolai exigió hacerlo con un agente de perfil psicológico presente.
No porque creyera en la diplomacia, sino porque necesitaba testigos.
Necesitaba estar seguro de que no era solo él quien notaba el cambio en su tono, en su postura. En su mirada.
—¿Estás segura de que quieres que diga esto, Nikolai? —preguntó Dasha en medio de la sesión. Su voz ya no tenía esa inocencia ni fragilidad habitual.
Era seca, casi burlona, con un matiz peligroso. Sus ojos parecían observar a través del cristal, no a Nikolai, sino a algo detrás de él.
Nikolai apretó los puños, tratando de controlar el fastidio que le provocaba esa actitud desafiante.
No estaba acostumbrado a que alguien le hablara así, menos una niña atrapada en un cuerpo que no terminaba de entender.
—¿Quién eres? —dijo, con voz áspera, cargada de una ira contenida que apenas podía disimular.
Dasha ladeó la cabeza y esbozó una sonrisa torcida, como si hubiera disfrutado el desafío.
—¿Importa? —respondió, casi susurrando—. Lo importante es quién recuerda. Quién sabe lo que realmente pasó.
Nikolai se levantó, recorrió el pequeño cuarto con pasos firmes y pesados, como queriendo romper el silencio tenso que se había formado.
—¿Sabes que esto no es un juego? —su voz bajó, pero la amenaza era clara—. Si estás mintiendo, si juegas con nosotros, no habrá segunda oportunidad.
Ella lo miró fijamente, como si evaluara cada palabra, cada músculo de su rostro.
—No miento. —Y en ese instante, su voz cambió, se tornó más profunda, más firme—. Hay cosas que no quieres oír.
Cosas que no están en tus mapas ni en tus archivos. Pero yo las sé. Porque no soy solo yo.
Nikolai sintió un escalofrío que no pudo explicar. Dio un paso hacia ella y preguntó, apenas audible:
—¿A qué te refieres con “no eres solo tú”?
Dasha se encogió de hombros, casi como si la pregunta fuera absurda.
—No puedo decirlo. No aquí. No así. Pero pronto lo entenderás. O lo harán.
La sesión continuó con un agente de perfil psicológico tomando notas silenciosas, pero Nikolai apenas escuchaba.
Solo veía esos cambios, esa lucha interna que parecía partir a Dasha en dos. Una batalla que él aún no lograba comprender.
Más tarde, esa misma noche, Nikolai subió solo a la sala de servidores del ala este. Quería verificar los registros del Nodo por sí mismo.
Algo lo inquietaba desde que Irina le contó sobre las frases que Dasha repetía en sueños, las coordenadas, los nombres olvidados. Pero había algo más: una sensación molesta, como una piedra invisible en el zapato.
Activó el terminal central con su acceso biométrico y comenzó a filtrar las grabaciones.
Las cámaras del Nodo estaban selladas tras protocolos de seguridad que sólo él, y dos personas más, podían romper. Pero alguien ya lo había hecho.
Los archivos estaban ahí.
Grabaciones del momento en que Irina y el equipo extrajeron a Dasha de la celda principal.
Y luego, otra grabación. Mismo día. Otra ala. Otra Dasha.
La imagen la mostraba caminando sola por el pasillo contrario.
Su postura no era la misma. No parecía confundida. No tropezaba ni miraba alrededor como alguien recién liberado. Caminaba con propósito. Como si conociera cada esquina.
Nikolai se quedó inmóvil.
—No puede ser…
Ajustó el ángulo. Amplió la imagen. Misma cara. Mismo cuerpo. Mismo cabello.
Pero en los ojos había algo distinto. Firmeza. Determinación. Frialdad.
Retrocedió en la reproducción. Se fijó en los tiempos. Las dos grabaciones eran simultáneas. Imposible. A menos que...
—¿Hay dos? —susurró.
El silencio de la sala fue su única respuesta. El monitor emitía un leve zumbido. Nada más.
Decidió correr un escaneo completo de trazas. Una frase de Dasha resonó en su memoria: "Ella no quiere que lo digas..."
Usó esa frase como clave de entrada. Era absurdo. Pero algo respondió.
Un sector oculto del sistema se desbloqueó. Allí, en una interfaz rudimentaria y llena de ruido digital, un solo archivo se iluminó.
Era un mapa.
Instalación: NIDO-R
Ubicación: Clasificada. Pero parcialmente visible gracias al eco digital de las coordenadas mencionadas por Dasha.
Nikolai apretó los dientes. Bajó la cabeza. Respiró hondo. Dudó un momento.
Levantó la mano hacia la consola de comunicaciones internas.
—Irina —murmuró, como si aún probara el peso de la palabra—. Necesito hablar contigo. Es urgente.
—¿Ahora? —respondió su voz al instante, firme pero cargada de tensión.
—Sí. Sala de servidores. Ven sola.
Minutos después, Irina entraba sin anunciarse. Tenía el rostro pálido, ojeras marcadas, pero la mirada tan aguda como siempre.
—¿Qué encontraste?
Nikolai la miró. Dudó. El dedo flotó sobre la imagen pausada en la pantalla: dos Dashas. La verdadera y… otra.
—Esto no es fácil de explicar —comenzó—. Hay algo que no cuadra. Algo que deberías ver por ti misma.
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Editado: 12.01.2026