Sombras Del Destino

Capítulo 49— Umbral Del Nido-R

Capítulo 49 – Umbral del Nido-R

Narrado por Irina

El camino hacia Nido-R no estaba marcado en ningún mapa. No era un sendero, sino una cicatriz abierta en la tierra, donde el hielo y el óxido se disputaban el dominio. La nieve caía en copos lentos, espesos, y el silencio era tan absoluto que cada paso se sentía como un sacrilegio.

No había pájaros, ni insectos, ni el crujir de ramas que solía acompañar a cualquier bosque invernal. Era como si la vida hubiera sido extirpada del lugar mucho antes de que ellos llegaran.

Irina caminaba en medio, entre Nikolai y Dasha. La niña parecía ajena al frío: avanzaba descalza, los pies manchados de escarcha, y en sus labios se dibujaban palabras inaudibles. Una vez, Irina creyó escuchar un murmullo en otro idioma… pero al preguntarle, Dasha solo sonrió con una calma que no encajaba en su rostro.

Al pasar junto a unas estructuras derruidas —torres de vigilancia corroídas, cercas retorcidas como si una fuerza las hubiera aplastado—, Irina sintió que algo se movía en el rabillo del ojo. Una sombra que no pertenecía a ninguno de ellos. Cuando giró, solo encontró el reflejo distorsionado de su linterna en el metal.

—¿Lo viste? —preguntó Nikolai sin mirarla.

Ella dudó en responder.
—No lo sé.

La nieve bajo sus botas sonaba hueca. Con cada paso, un retumbar apagado ascendía desde las profundidades, como si el suelo ocultara túneles que sus pies estaban despertando.

El túnel de acceso apareció de pronto, como si la neblina lo hubiera estado ocultando hasta ese momento. Era una estructura curva de metal ennegrecido, con símbolos grabados en la entrada que no parecían obra de ninguna lengua viva.

Irina encendió la linterna, pero la luz apenas arañaba la oscuridad del interior. El eco de su respiración rebotaba contra las paredes como si el túnel estuviera vivo.

Dasha entró primero, rozando las paredes con las yemas de los dedos.

—Está… soñando —susurró—. Pero nos siente.

Nikolai la siguió, sin bajar el arma. Irina fue la última, y al cruzar el umbral, sintió un cambio en el aire: más denso, más frío… y cargado de algo que no podía nombrar.

A cada metro, la instalación parecía despertar. Las paredes, cubiertas de óxido y grafitis que ninguna lengua humana reconocería, reflejaban destellos metálicos al pasar la linterna de Irina. Había algo en esos reflejos que la hacía sentirse observada… no solo por ojos, sino por algo más antiguo.

—Umbra Dos… —susurró Dasha de repente, como si recordara un nombre prohibido.

Irina frunció el ceño: no era un error de memoria, no era un invento infantil. La niña hablaba de un lugar que solo había visto en fragmentos de sueños o archivos confidenciales: un pasaje oculto dentro de Nido-R que podía abrirse solo con la sangre de quienes alguna vez habían sido marcados por la sombra.

Nikolai se detuvo.
—¿Qué dijiste? —preguntó, con tono seco.

Dasha bajó la cabeza, pero la intensidad en sus ojos no disminuyó.

—No puedo explicarlo… pero si cruzamos esta puerta, todo cambiará. Para todos.

El silencio se espesó como humo. Irina sentía el corazón en un puño.

El túnel desembocaba finalmente en un vestíbulo cavernoso, donde la luz de sus linternas reveló la Puerta Negra. Exactamente como la había descrito Dasha en su sueño: alta, fría, con vetas que parecían huesos incrustados en el metal. El aire olía a hierro y a algo más antiguo, una fragancia que parecía susurrar secretos de otra vida.

Dasha extendió la mano hacia la puerta, pero no la tocó. Temblaba, no de miedo, sino de reconocimiento.

—Está… viva —susurró—. O al menos… lo que quedó de ella.

Irina intercambió una mirada con Nikolai. Él no necesitaba palabras. Ambos entendían que no podían retroceder. Algo los estaba observando, y no era un enemigo cualquiera.

Narrador: ?

[Registro de trayectoria – Iteración Umbral: activa]

Creen que avanzan por su propia voluntad.

Que cada decisión es humana, racional, controlable.

Ignoran que cada sombra que pisan, cada murmullo que perciben, ya ha sido previsto.
La Puerta Negra no solo aguarda. Observa. Decide. Y espera.

Umbra Dos ya ha comenzado a reaccionar.
Sus ecos recorren el metal, buscan la sangre que algún día volverá a despertar lo dormido.

Ellos creen que están listos.

No lo están.




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