Sombras Del Destino

Capítulo58– Investigación del Vínculo Triple

Capítulo58– Investigación del Vínculo Triple
Punto de vista: irina

El traslado de Dasha hasta el pequeño puesto de avanzada fue silencioso, demasiado silencioso.
Nadie hablaba.
Nadie respiraba más de lo necesario.

La marca de Nikolai seguía latiendo bajo su piel.
La mía también.

Pero ahora latían distinto: ya no en advertencia… sino como si esperaran algo.

Kalenko recibió a Dasha sin una sola pregunta, sin perder tiempo en formalidades. Sus manos se movían rápido, instalando sensores improvisados, midiendo la actividad cerebral y revisando sus constantes.

El médico frunció el ceño apenas colocó el tercer electrodo.

—La fluctuación continúa.

Nikolai se cruzó de brazos, apoyándose cerca de la camilla.

—¿Qué significa eso?

Kalenko exhaló.

—Que no está en coma… pero tampoco aquí.

Me quedé rígida.

—¿Quieres decir… que está escuchando algo?

—Exacto —respondió Kalenko—. Pero no tú. No ustedes dos. Algo… más.

La marca en mi brazo pulsó una sola vez, como si respondiera al comentario.

Nikolai lo notó.

—Irina.

—Lo sé —susurré—. Sigue… atenta.

Kalenko se volvió hacia nosotros.

—Necesito descartar algo. Y no les va a gustar.

Abrió la carpeta que había recuperado del Nido-R. Allí, entre manchas de humedad, aparecían símbolos.

Tres.

Uno sobre el otro.

Un círculo.

Una línea fracturada.

Un triángulo invertido.

—Lo encontré en su piel —dijo señalando la zona del esternón de Dasha—. Y lo volví a encontrar aquí.

Nikolai estrechó los ojos.

—¿Símbolos del convento?

—No exactamente —respondió Kalenko—. Son más antiguos.

Pasó la página.

—Custodia Sanguinis.

El nombre hizo que algo se contrajera dentro de mi pecho.

—¿Eso qué es? —pregunté.

Kalenko me observó con esa mirada quirúrgica suya.

—El proyecto donde tú naciste. O más bien… donde tu destino fue moldeado.

Mi garganta se cerró.

Nikolai dio un paso hacia mí de forma automática, como si pudiera interponerse entre mí y mis propios recuerdos.

—Dime lo que quieres decir —dijo él con una calma peligrosa.

Kalenko señaló a Dasha.

—Ella no tiene una marca.

Asentí, respirando más rápido.

—Claro que no. Las marcas solo aparecen cuando encuentras a tu otra mitad. Nunca la ha tenido.

—Correcto —dijo el médico—. Pero eso no la hace ajena.
Su cuerpo… reconoce lo que sus mentes no.

Nikolai apretó la mandíbula.

—Habla claro.

Kalenko lo hizo.

—Dasha fue condicionada desde niña para sentir lo que Irina siente.
No es un vínculo.
No es destino.
Es reflejo condicionado.

—¿Un eco? —susurré.

—Exactamente —respondió él—. Una sombra de lo que no puede tener.

Nikolai tragó saliva.
Vi algo nuevo en su mirada.

Miedo.

—¿Quieres decir que… siente nuestra marca?

—No —lo corrigió Kalenko—.
Ella siente la onda que producen ustedes cuando su marca reacciona al entorno.
Las marcas dobles —miró a Nikolai con un interés que me incomodó— son extremadamente raras. Cuando aparecen, el ambiente alrededor cambia.

—Y Dasha lo detecta —completé.

—Porque nació —rectificó Kalenko sin suavizarlo— en el mismo infierno que tú.

Me dolió.
No físicamente.
De una forma más profunda.

Nikolai desvió la mirada, tensando los puños.

—¿Puede sentirlo… incluso cuando Kai—?

Kalenko levantó una mano.

—No digan ese nombre.
Ella podría escucharlo.
Él podría escucharlo.

El silencio cayó con un peso que aplastaba el aire.

Las máquinas emitieron un pitido irregular.

Dasha arqueó ligeramente la espalda.

Un hilo de luz —muy tenue— pareció cruzar bajo su piel, como si reaccionara a algo que no estaba en la habitación.

Kalenko revisó las pantallas.

—Ahí está —dijo con una declaración casi científica—. El eco.

—¿Eco de qué? —pregunté.

—De ustedes dos —respondió—. De las marcas.

Nikolai frunció el ceño.

—Las marcas solo deberían reaccionar entre nosotros.

—Y así es —replicó Kalenko—.
Pero su reacción… proyecta algo.
Una onda.
Una llamada de baja frecuencia.

Mi piel se erizó.

—¿A quién? —pregunté.

El médico sostuvo mi mirada.

—A quien las creó.

Sentí un vacío en el estómago.

Nikolai apretó el borde de la mesa hasta que sus nudillos se pusieron blancos.

—Dime que no estás diciendo lo que creo que estás diciendo.

Kalenko inclinó la cabeza.

—Sí. Lo digo.
El creador del mecanismo de las marcas —miró mi brazo, luego el suyo— está activo.
Y los está escuchando.

Un escalofrío recorrió mi columna como una mano fría y familiar.

Kalenko continuó.

—Dasha no tiene marca, Irina.
Pero fue expuesta al Umbral cuando tú eras niña.
Por eso reacciona.
Por eso escucha lo que ustedes sienten.

—Entonces… —susurré— ¿podría estar conectada a él?

—No conectada —respondió Kalenko—.
Pero sí expuesta.

Nikolai maldijo bajo.

—Esto complica todo.

Kalenko respiró hondo.

—Lo que complica todo es que lo que reaccionó en el…
no fue Dasha.
Fueron ustedes dos.

Tragué saliva con dificultad.

—¿Qué significa eso?

—Que su marca doble —dijo en voz baja— está despertando.

Nikolai se congeló.

Yo también.

Kalenko sonrió ligeramente.

—Y cuando una marca doble se despierta… el creador siempre responde.

Un pitido brusco salió de la máquina de Dasha.

Sus constantes se alteraron por un segundo.

Un susurro escapó de sus labios.

—No… lo llamen…

Nikolai tensó la espalda.

Yo me quedé petrificada.

Kalenko exhaló por la nariz.

—Bien.
Confirmado.
La marca no fue un accidente.
No fue azar.

—¿Entonces qué fue? —preguntó Nikolai, su voz ronca.




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