Sombras del inframundo

Capítulo 44

El resplandor del cielo carmesí comenzaba a apagarse mientras Egan y Nalia permanecían de pie frente a Hades. La fortaleza oscura parecía respirar, como si el mismo Inframundo estuviera vinculado al dios. En medio del campo de batalla, la energía fluctuaba entre los tres: Hades irradiaba un poder avasallador, pero la unión de Egan y Nalia comenzaba a desestabilizarlo.

La batalla se había trasladado a un lugar más profundo, un espacio que parecía no tener paredes ni techo. La Sala del Abismo era un vacío inmenso y oscuro, salpicado por ríos de lava que serpenteaban como venas ardientes en un cuerpo muerto. Fragmentos de suelo flotaban como islas suspendidas en el aire, conectadas por arcos de energía oscura.

En el centro, un altar monumental de piedra negra se erigía como una jaula para el poder. Las runas grabadas en su superficie brillaban y parpadeaban para alimentarse de la energía de la batalla. Desde este lugar, el dios parecía absorber fuerza constantemente, y convertía a la sala en una extensión de su voluntad.

La pareja, rodeados de esta energía caótica, intercambiaron una mirada. Ambos estaban agotados, con heridas visibles en sus cuerpos, pero una chispa de esperanza brillaba en sus ojos. La unión de sus poderes era lo único que había logrado contrarrestar a Hades hasta ahora.

—No tenemos otra opción —dijo ella, con su voz temblando por el esfuerzo de mantenerse en pie—. Si combinamos nuestras energías, podemos igualarlo... al menos por un momento.

—Si lo hacemos, será todo o nada —respondió él mientras apretaba la empuñadura de su espada.

Nalia asintió y extendió una mano hacia él. Al tocarse, una oleada de energía los envolvió, entrelazando luz y oscuridad en un torbellino que iluminó la sala como un faro en medio de la oscuridad.

El dios observó el espectáculo con una mezcla de furia y curiosidad. Su figura parecía tambalearse momentáneamente, como si la unión de sus poderes fuera una amenaza que no había previsto.

—¿Creéis que esto será suficiente? —rugió al extender sus brazos para invocar más energía del altar—. ¡Yo soy eterno! ¡Este reino es mi creación!

Con un movimiento de su mano, una tormenta de energía oscura se desató hacia ellos. Sin embargo, el campo que rodeaba a la pareja la repelió, haciendo que las sombras se disolvieran como humo al viento.

El suelo bajo ellos comenzó a temblar mientras las islas flotantes se desmoronaban una a una. La joven, canalizando su poder oscuro, lanzó un rayo directo hacia Hades, mientras el chico cargaba con su espada cubierta de luz. El impacto del ataque combinado sacudió la sala, arrancando un rugido de dolor al dios.

—¡Eso es todo lo que tienes! —gritó Egan, esquivando un contraataque de Hades que hizo estallar una de las plataformas cercanas.

Nalia, sudando por el esfuerzo, creó una serie de lanzas oscuras que giraron a su alrededor antes de lanzarlas hacia Hades. Aunque logró desviar la mayoría, una de ellas impactó directamente en su brazo para debilitarlo momentáneamente.

Ambos se dieron cuenta de que este era el momento de atacar con todo lo que tenían.

—Egan, necesitas distraerlo mientras preparo algo más grande —dijo ella, con sus manos temblando mientras acumulaba energía.

—¿Más grande? —preguntó, pero al ver la mirada determinada de ella, no dijo más y corrió hacia el dios.

El joven, con movimientos rápidos y precisos, atacó al dios con toda su fuerza. Cada golpe de su espada resonaba como un trueno en la sala, forzando a Hades a retroceder. Por primera vez, el dios parecía estar perdiendo terreno.

Mientras tanto, Nalia cerró los ojos para concentrarse en invocar un poder que ni siquiera sabía si podía controlar. La energía oscura a su alrededor comenzó a solidificarse, formando una esfera pulsante que parecía absorber todo a su alrededor.

Hades, al ver lo que la chica estaba haciendo, desató un grito de furia que hizo que la sala entera se estremeciera. Con un movimiento, lanzó una ola de energía hacia ella, pero el muchacho, anticipando el ataque, se interpuso en el camino, usando su espada para bloquearlo.

—¡No mientras yo esté aquí! —gritó Egan, con sus pies hundidos en el suelo por la fuerza del impacto.

Nalia, protegida por él, continuó acumulando poder. Su cuerpo comenzaba a mostrar signos de agotamiento extremo, con grietas de luz oscura que aparecían en su piel.

Por fin, la chica abrió los ojos, que ahora brillaban con un resplandor oscuro e infinito, y gritó con una voz que parecía provenir de un lugar más allá de ella misma:

—¡Egan, apártate!

El aludido saltó hacia atrás justo cuando ella lanzó su ataque. La esfera de energía oscura se expandió con rapidez, formando una onda de choque que impactó directamente a Hades y lo arrancó de su conexión con el altar. El dios cayó al suelo, con su cuerpo destellando como si estuviera a punto de desmoronarse.

Por primera vez, parecía vulnerable.

La sala comenzó a derrumbarse, las islas flotantes caían una a una hacia los ríos de lava. Egan corrió hacia Nalia, quien estaba de rodillas, jadeando por el esfuerzo.

—¿Estás bien? —le preguntó mientras la ayudaba a levantarse.




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