Sombras Del Pacto

Capitulo 1

El REGESO DE LOS MONTENEGRO

El día que Helena Montenegro regresó a Valle Oscuro, el cielo estaba demasiado gris para ser casualidad.

El autobús se detuvo con un suspiro metálico frente a la única calle principal del pueblo. Las casas parecían más viejas de lo que recordaba en las fotos familiares: madera oscura, techos inclinados, ventanas que reflejaban un cielo pesado.

Helena bajó con una sola maleta.

Y todos la miraron.

No fue descarado.

Fue peor.

Las miradas eran rápidas. Silenciosas.
Reconocedoras.

Una mujer frente a la tienda murmuró algo. Un hombre mayor bajó la cabeza. Un niño señaló… hasta que su madre le tomó la mano y lo metió dentro de casa.

Helena sintió el peso del apellido antes incluso de llegar a su nueva dirección.

La casa Montenegro estaba al final del camino de tierra, casi tocando el bosque.
Siempre tan cerca del bosque.

La puerta estaba cerrada, pero el candado era nuevo. Alguien había entrado recientemente. O alguien nunca se fue.

Empujó la puerta.

El interior olía a madera húmeda y tiempo detenido.

El suelo crujió bajo sus pasos.

Las paredes estaban cubiertas con cuadros antiguos de su familia. Hombres y mujeres con miradas serias, vestidos de otra época.

Todos Montenegro.
Todos con algo en común.
En cada retrato, en la muñeca izquierda… un detalle casi invisible: una sombra oscura bajo la piel.

Helena dio un paso atrás.

—Es imaginación —susurró para sí misma.

Subió las escaleras.

La habitación del segundo piso estaba intacta, como si alguien la hubiera estado esperando. Las sábanas limpias. La ventana entreabierta.

El bosque se extendía justo detrás de la casa.

Demasiado cerca.

Un viento frío cruzó la habitación.

Y entonces lo escuchó.

No era fuerte.

No era claro.

Pero venía del bosque.

Un susurro que parecía arrastrarse entre los árboles.

—Montenegro…

Helena se quedó inmóvil.

El aire se volvió pesado.

Su muñeca izquierda ardió por primera vez.

Un dolor leve.

Como si algo bajo su piel estuviera despertando.

Ella no sabía aún del pacto.

No sabía del hermano muerto.

No sabía que el bosque nunca olvida.

Pero el bosque sí sabía de ella.

Y había estado esperando.

Helena se acercó a la ventana del segundo piso.

El bosque se extendía oscuro, inmóvil… demasiado inmóvil.

Ni un pájaro.

Ni un insecto.

Nada.

Como si la naturaleza estuviera conteniendo la respiración.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

Se llevó la mano a la muñeca izquierda, sin saber por qué.

Sintió calor.

Un calor leve… pero constante.

Bajó la mirada.

La piel estaba intacta.

Pero debajo… algo latía.

Helena retrocedió un paso.

En el límite del bosque, entre los árboles más densos, creyó ver movimiento.

No una persona.

No un animal.

Algo más oscuro que la sombra.

Parpadeó.

Ya no estaba.

El viento sopló de repente, fuerte, frío.

Y entre el sonido de las hojas agitándose… una palabra se deslizó hasta la casa.

—Montenegro.

Helena no sabía qué era peor:
Que el bosque supiera su nombre.

O que ella sintiera que siempre lo había sabido también.




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