Sombras Del Pacto

Capitulo 2

EL DIARIO QUE NUNCA DEBIO ABRIRSE

Helena no planeaba desempacar esa noche.

Pero el silencio de la casa era insoportable.

Demasiado perfecto.

Demasiado atento.

El viento seguía entrando por la ventana del segundo piso, trayendo el olor húmedo del bosque.
Como si quisiera recordarle que estaba ahí.
Siempre ahí.

Helena decidió explorar el ático.

La escalera plegable cayó con un golpe seco cuando la jaló del techo del pasillo.
Subió con cuidado, iluminando con la linterna de su celular.

El ático estaba cubierto de polvo… excepto por una zona.

Un baúl.
Antiguo. De madera oscura. Con el apellido grabado en metal:
MONTENEGRO
Su corazón latió más fuerte.

No sabía por qué, pero sabía que eso era para ella.

Se arrodilló frente al baúl. El candado estaba oxidado, pero no cerrado.

Lo abrió.

Dentro había ropa antigua, cartas atadas con hilo negro… y un cuaderno de tapas de cuero agrietado.

En la primera página, con tinta desvanecida:
Isabel Montenegro.

1894.

Helena tragó saliva.

Isabel. Su bisabuela.

La misma de la que nadie hablaba.
Se sentó en el suelo y comenzó a leer.

"El bosque no es un lugar. Es una voluntad."

Helena frunció el ceño.

Las páginas estaban llenas de escritura apretada, urgente.

"No fue mi intención. Solo quería salvar a mi hijo."

Un escalofrío recorrió su espalda.

"Él me habló desde entre los árboles. No tenía forma, pero tenía voz. Me ofreció protección… a cambio de continuidad."

Helena pasó la página con manos temblorosas.

"Cada generación entregará lo que más teme perder."

El aire del ático se volvió más frío.

"Pensé que podría engañarlo. Pensé que el pacto podía posponerse. Pero el bosque siempre cobra."

El corazón de Helena latía en sus oídos.
Y entonces lo vio.

Un dibujo.

Un símbolo.

Exactamente igual al que comenzó a arder en su muñeca la noche anterior.

Las palabras debajo estaban escritas con tinta más oscura.

Como si hubieran sido añadidas después.
"Cuando la marca despierte sin miedo… el pacto podrá romperse."

Helena dejó caer el diario.

Su muñeca comenzó a arder.

Más fuerte.

Mucho más fuerte.

El ático crujió.

El viento golpeó la casa con violencia.
Y entre el sonido de la madera quejándose…
Lo escuchó.

No venía del bosque.

Venía de la casa.

—Helena…
Su nombre.

Claro.

Cercano.

Susurrado justo detrás de ella.

Helena apagó la linterna.

El ático quedó en oscuridad total.

El viento dejó de golpear la casa.

El silencio fue absoluto.

Pero aun así… podía ver el símbolo en su muñeca brillando.

No iluminaba la habitación.

La iluminaba a ella.

Una luz tenue. Roja. Viva.

Helena bajó la mirada, respirando con dificultad.

El diario seguía abierto a su lado. Las palabras de Isabel parecían observarla desde el papel.

"Cuando la marca despierte sin miedo… el pacto podrá romperse."

Sin miedo.

Helena sintió algo extraño en el pecho.

No era terror.

No era pánico.

Era comprensión.

Lenta. Pesada. Inevitable.

Cerró los ojos.

Y por primera vez entendió algo que nadie en su familia había querido aceptar:

El bosque no la estaba llamando.

La estaba reclamando.




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