Sombras del pasado

?Capítulo trece?

Frida.

Podría intentar noquearlo y escapar.

Correr lejos y así no llevarlo conmigo en todo estoy.

Negué por tercera vez, seguía mirándome directamente, como si estuviera esperando que yo decida el momento exacto para contarle todo. Pero no puedo. No me perdonaría si algo le pasa por mi culpa. Si mi padre lo atrapa, Harold Lee será historia. Ya estaba lo suficientemente involucrado, nada me asegura que mi padre no sepa de él ahora mismo.

—¿Quién te está buscando? ¿Quién te encontró?

—No voy a decirte nada —determino.

Con la ropa ya puesta y el cabello aún húmedo, me armé de valor para pararme de la cama y buscar mis cosas. Solo hay una persona que puedo contactar en momentos como este, y esa es Samantha Knox. Ella había sido la única que pudo sacarme de México en aquel momento, ella puede sacarme de esta ahora. Ese era el trato.

—¿No confías en mí? —me toma de la muñeca, obligándome a darle la cara—. ¿Alguna vez te he fallado en algo?

—No se trata de confianza, Harold.

—¿Entonces de qué? ¿Para qué diablos soy tu amigo si no es para ayudarte cuando lo necesitas?

Me zafo de su agarre, mi mandíbula y cuerpo más tenso que nunca. Podía sentir la sangre correrme con fuerza por las venas, pero el dolor en el pecho por sus palabras es lo que me lastima. Verlo tan preocupado, como si estuviera buscando una manera de mantenernos de pie.

—Me has ayudado lo suficiente —finalizo, un tono frío que ni siquiera yo puedo reconocer en estos momentos—. No te necesito ahora, en realidad, solo quiero que te vayas.

Algo oscuro cruza por sus ojos, pero no puedo reconocerlo, lo que sí sé es que no le temo. Viví años bajo la oscuridad de mi padre, y tener otra detrás de mí debería de aterrarme. No obstante, la oscuridad de Harold es nada comparada con la de mi padre.

Sus secretos y los míos no deberían de estar juntos, pero la atracción entre ellos es innegable. Y me aterra saber que si los llego a descubrir, no correría despavorida como lo esperaba.

—Tengo muchas maneras para sacarte la verdad, Frida. Estoy eligiendo la más amable —alzo el mentón, temblando bajo su mirada, cercanía y palabras. Sus dedos acarician mis mejillas con una suavidad que desconozco pero que me excita—. No me voy de aquí sin saber quién diablos eres.

Suelto una pequeña risa, mi aliento roza su rostro, pero él no parece molesto por esto. En su lugar, inclina su cabeza hacia mí mientras sus dedos recorren mi piel hasta apoderarse de mi nuca y cuello. La sensación es extraña, mi cuerpo reacciona de una manera deliciosa a su piel, pero algo en mi mente sigue un poco exaltada por su cercanía. Como si supiera que no es algo que debería de suceder.

—Estoy segura de que hiciste tu búsqueda en el primer momento que me conociste —murmuro, una sonrisa torcida aparece en sus labios—. No finjas conmigo.

—Nunca lo he hecho —asegura, pero yo no le creo—.

—No has mostrado todas tus partes —lo acuso, cerrando los ojos al sentir sus dedos en mi pelo.

—Son partes de mí que no tienes que conocer —susurra, su aliento chocando mis labios.

Cuando abro los ojos, su rostro está a centímetros del mío. Se había quitado los lentes y de esa forma su cara es diferente, sus rasgos parecían más visibles. Esa nariz recta y esos ojos verdes parecían brillar junto con su pelo arenoso. Era increíble cómo perdía el aliento cada vez que lo veo.

—Lo que sucede ahora es una parte de mí que no tienes que conocer —le digo usando sus propias palabras.

Intento alejarme, poner distancia, pero él sigue aferrándose a mi. Está vez no me sostiene de la muñeca, está vez toma toda mi cintura y pega su cuerpo al mío sin miramientos. Mi respiración choca con mis labios, mis cabellos se pegan a mis hombros y cuello. Quiero no demostrarle todo lo que siento pero sería imposible si cada vez que me toca me derrito como una vela.

—Ni tú ni yo saldremos de esta habitación, пчела.

Quisiera admitir que hice de todo para alejarme, pero la verdad es que estar entre sus brazos es más de lo puedo soñar. Y no lo desaprovecharía. Así que sonreí, sintiendo escalofríos en mi columna y todo mi cuerpo mientras él acariciaba mi cintura. Fui atrevida, porque no me parecía justo que solo yo estuviera a punto de desmayarme, y alcé mi mano a su cuello.

Pareciera que no hace nada en él el hecho de que lo estoy tocando, pero su nuez se mueve hacia abajo y arriba luego de tragar lentamente ante mi toque. Y sus ojos barrieron mis labios de la manera más hambrienta posible. Me acerco a él, dejándome llevar por un maldito impulso y mis ganas de besarlo.

Creía que finalmente lo haría. Finalmente probaría los labios de ese hombre que me ha vuelto loca desde que lo conocí, no obstante, a solo unos centímetros de sus labios se escuchó alguien tocar la puerta y luego el "servicio a la habitación" resonar como un mandato.

Me separé de él como si el aire a su alrededor quemara, Harold me observa profundamente antes de inhalar y caminar hacia la puerta principal. Muerdo mi labio, nerviosa y expectante por el casi beso que le doy y él parecía dispuesto a tomarlo. ¿Será posible que Harold me siga el beso?

Camino hacia allí, saliendo de la habitación del hotel decidida a besar a ese hombre. Empero, me encuentro su cuerpo tirado en el suelo. Sus ojos cerrados, por inercia corro hacia él, tomando su cabeza entre mis manos con cuidado, mis ojos y manos buscaron por la herida y la sangre mientras sentía mi corazón latir con horror. La imagen no es algo que desconozca, un cuerpo tirado en el piso sin vida es algo que ya he pasado. Pero es diferente esta vez siendo Harold.

—Harold —sollozo su nombre.

Dos lágrimas ruedan por mis mejillas al verlo de esa manera, no pensé en nada más. No pensé en si me encontró. Solo lo veía a él.

Él estará bien, solo está desmayado o noqueado.

Alzo la mirada, mis ojos reparan en la chica parada en la puerta. Su mano sosteniendo una pistola mientras su otra mano cerraba la puerta con cautela. Mis ojos no se despegaron de la pistola. Frunzo las cejas, ojeando su uniforme de chica de limpieza. Lucia limpio, pero sus tenis sucios y negros de tanta suciedad no hacen contraste. Inhalo, limpiando mis lágrimas con el torso de mi mano sin dejar de tomar en cuenta la manera en la que me mira con atención. Como si esperara que hiciera algo.




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